viernes, 29 de marzo de 2019

INTEGRIDAD EN PENSAMIENTO Y REALIDAD



Es una verdad extraña, no sin profundo significado, que toda categoría en que podemos pensar implica un complemento que tiene la índole de un opuesto.
            
Estamos bien familiarizados con el gozo y el sufrimiento, el saber y la ignorancia, el día y la noche, la vida y la muerte, y muchos otros pares de opuestos dentro de nuestra experiencia. Tenemos también el par básico, vida y forma, al cual lo generalizamos y lo refinamos convirtiéndolo en Espíritu y Materia, como las dos cosas fundamentales de la existencia. Lo inmediato va desvaneciéndose, por etapas de proximidad y distancia, hasta convertirse en lo último. 
No podemos postular intelectualmente ninguna condición o principio, sin implicar una condición o principio opuesto que se necesita para la integridad. (Opuesto, no en el sentido de conflicto, sino de antinomia)
            
Es tal la naturaleza de la mente, que piensa sobre la base de diferenciaciones. No conocemos mentalmente una cosa a menos que la coloquemos sobre el fondo de lo que ella no es. Cada forma de percepción nuestra ha de tener un contorno, y ese contorno ha de excluir a la vez que incluir. 
Si no hubiera sino un solo color en el universo, no existiría ningún sentido del color. Conocemos o sentimos un color, sólo diferenciándolo de otros.
            
Estando acostumbrados a las categorías, percibimos en el fondo de nuestras mentes, en el proceso de nuestro pensar, ciertas categorías que no vemos en el primer plano de los fenómenos observados. Vemos en el primer plano, en el frente (frente tan extenso como lo hagan nuestras observaciones sensorias y nuestras deducciones), una interminable diversidad. El concepto de diversidad implica tácitamente una unidad. La unidad se necesita en la lógica del pensamiento para equilibrar y completar el concepto de diversidad; y cuanto más profundamente sondeamos las bases filosóficas de nuestro pensamiento con respecto a la  naturaleza de la existencia, más nos damos cuenta de la necesidad de ese principio de unidad en el universo, si ese universo es recapitulable filosóficamente y no es apenas un universo de desatinos.
            
Cuando llegamos a realizar que nuestra existencia tiene el signo natal de la relatividad; que toda manifestación, lo mismo que todo pensamiento, depende de la creación de relaciones, proyectamos automáticamente dentro de la existencia la polaridad de un Absoluto. De nuevo tropezamos aquí, por un paso del pensamiento, con un par primordial de complementarios, a saber, lo Absoluto y lo relativo, en el que lo relativo es lo manifestado, y lo Absoluto lo inmanifestado. En forma similar, esa actividad constituida por el saber o el darse cuenta, implica la dualidad de un objeto del Conocimiento y un conocedor. Todo hecho objetivo implica una condición subjetiva de conocer.
            
¿Proponemos, entonces, estos conceptos de una Unidad, de un Absoluto, de una Realidad subjetiva, que pertenecen a la especie de un Más allá, meramente como una definición de deducciones, y para alcanzar una sensación de integridad con una mente que sólo puede formular en términos de dualidades?
            
¿O es que nosotros, o más bien la mente, en tal formulación no hace otra cosa que reflejar desde su ángulo una realidad del universo, una realidad que puede captarse de otro modo por una consciencia que, a diferencia de la mente, puede percibir por un proceso de identidad en el que no hay la separación de la dualidad?
            
Quienes han podido hablar con autoridad, sinónima de experiencia auténtica, están de parte de esta última suposición, la cual nos lleva a suponer que buscamos integridad y filosofía porque hay una integridad y una filosofía en la naturaleza misma de las cosas de las que nosotros somos parte integrante.
            
El hombre interpreta el universo de acuerdo con sus conceptos; pero sus conceptos se inspiran en una viviente relación con ese universo del cual él es carne y hueso, como el microcosmo y el macrocosmo; y esta relación hace que gradualmente refleje en él mismo la naturaleza del universo, y lo perciba por medio del conocimiento de sí mismo. Así también proyecta a Dios con su mente que es una parte de él mismo; pero la idea de Dios en lo abstracto, aparte de toda figura de Deidad con que pueda estar investida, existe perpetuamente, rondando oscura y vagamente, por que en esa idea está el punto focal de una Realidad. (Esa oscuridad y vaguedad se va esculpiendo en toda forma concebible, por atisbos de fantasía conformes a su propia índole y calidad.) El hombre busca un Más Allá, porque hay un Más Allá que ejerce sobre él una insistente presión, y cuando él llega al punto de una sensibilidad suficientemente fina, ese Más Allá ejerce sobre él una atracción que influye en su pensamiento.
            
Una hipótesis no está necesariamente en desacuerdo con la realidad, ni siquiera si envuelve, como en el caso de la Relatividad de Einstein, conceptos que tienen más de símbolo que de experiencia. Suponer una realidad que contiene categorías de concepto, que son una necesidad lógica para nuestras mentes, mucho menos puede considerarse como un acto de pura fantasía.

N. SRI RAM

jueves, 28 de marzo de 2019

APARIENCIA Y REALIDAD




Este es un tema que se ha discutido casi hasta agotarlo, tanto en la antigua India como entre los filósofos occidentales. Pero en estos días nuestros pensamientos al respecto tienen una base diferente a la de aquellos tiempos. El tono distintivo de la mente moderna, a pesar de sus extravagancias, es más bien científico que metafísico; tiende a basarse en observaciones sensorias y en el análisis a que ahora estamos en condición de someterlas. No estamos viviendo en un mundo tradicional edificado sobre ciertas suposiciones metafísicas, por muy verdaderas que esas suposiciones sean como postulados para un sistema coherente y satisfactorio, o hasta como axiomas para quienes puedan probar mentalmente su validez evidente. Vivimos en una era de empirismo, aunque el campo del conocimiento empírico se ha ampliado y se ha definido tan minuciosamente que los intelectos más adelantados del día pueden construir sobre él una estructura de ilaciones o conocimientos, que se mantiene junta, coherentemente, como un sistema deductivo basado en ciertos principios fundamentales.
            
Nada puede ser más deductivo y más integrado en el campo científico que las matemáticas; sin embargo, según Sir James Jeans, bien conocido astrónomo inglés y exponente del pensamiento científico moderno, las últimas revelaciones de la ciencia llevan, a la conclusión de que “el universo (del científico) puede describirse mejor, aunque todavía muy imperfecta e inadecuadamente, como consistente de pensamiento puro, del pensamiento de quien, por falta de un término más amplio, hemos de designar como un pensador matemático”. Puesto que todo conocimiento tiende así a integrarse no podremos en adelante aislar un solo punto de mira, tal como el religioso o el filosófico, del científico, y contentarnos con dejar que cada uno desarrolle sus tesis sin la influencia de los otros, si bien cada punto de mira distintivo tendrá interés para sus partidarios.
            
Podría preguntarse: ¿Hay necesidad de discutir esta cuestión de la apariencia y la realidad, en el moderno mundo práctico? La respuesta es clara en el momento en que nos damos cuenta del imperio tan completo que la apariencia tiene en nuestra vida ordinaria. Por ejemplo, en lo referente al movimiento de la Tierra en torno de su propio eje y alrededor del sol, sólo en fecha comparativamente reciente, por lo menos en Occidente, se descubrió y se aceptó que la realidad es exactamente contraria a la apariencia.
            
No vemos las estrellas en el cielo, tal como aparecen de día. Sin embargos ahí están las estrellas, y si poseyéramos una vista que pudiéramos proyectar en el espacio como los rayos luminosos, las veríamos como soles resplandecientes de diversas magnitudes, orbe tras orbe, en ruedas cada vez más gigantescas.
            
Otro caso, todavía relacionado con la materia, pero que toca más intrincadamente con las percepciones de nuestra consciencia normal, es el de la aparente solidez de tantos objetos que nos rodean, tales como mesas, casas, árboles y metales. Las investigaciones científicas, tanto sobre las diminutas partículas que componen todas las cosas, como sobre las infinitas regiones de las estrellas, han establecido ahora que existe un vacío de materia tal como la conocemos, en el universo. 
Sir James Jeans explica de esta manera ese vacío: “Escójase al azar un punto en el espacio, y las probabilidades en contra de que esté ocupado por una estrella son enormes... Escójase al azar un lugar dentro del sistema solar, y todavía habrá inmensas probabilidades en contra de que esté ocupado por un planeta o siquiera por un cometa, un meteorito o un cuerpo menor. 

Aún si dentro de un átomo escogemos un punto al azar, las probabilidades en contra de que esté ocupado son inmensas... Al pasar revista a toda la estructura del universo, desde la gigantesca nebulosa y los inmensos espacios interestelares e internebulares, hasta la diminuta estructura del átomo, pocas cosas fuera de espacios vacíos pasan ante nuestra visión mental. Vivimos en un universo sutil; modelo, plano y diseño abundan, pero la substancia sólida es rara.” 
La sustancialidad de todos los objetos que vemos o tocamos es meramente una impresión de nuestra consciencia. Así nos vemos obligados a contemplar el hecho de que el mundo familiar a nuestros sentidos no es sino una interpretación de las cosas por los sentidos que poseemos. ¿Quién puede decir lo que esas cosas son en realidad, o qué impresión nos causarán en una etapa futura de nuestra evolución?
            
La ciencia ha hecho muchas revelaciones dramáticas en el último siglo, lo cual nos prueba que existe un velo, o quizá muchos velos, creado por las limitaciones de nuestra consciencia y de nuestras percepciones. ¿Qué puede haber más contradictorio del mundo material, tal como nos lo presentan nuestros sentidos, que las energías y sistemas de energías en que la Ciencia lo ha convertido?
            
Si a esto queda reducido el mundo de la materia, ¿qué decir de la naturaleza de nuestra consciencia? La Ciencia moderna comenzó considerando a la materia como la única realidad, y a la mente como producto de ella, pero se ha ido alejando mucho de esa posición. Ha llegado ahora a un punto en sus análisis, en el que la materia no es sino una cortina que parece ocultar algo que es de la naturaleza de la mente o del pensamiento. Materia y mente están más mezcladas que antes en nuestra visión actual, en continuo desarrollo, pero con creciente predominio del elemento mental.
            
Es evidente que el proceso de la evolución está incompleto, y tenemos que admitir que la mente, con el desarrollo que ha alcanzado hasta ahora en nosotros, no es capaz de traspasar el velo de sombras constituido por los fenómenos que estudiamos. Las antiguas escuelas filosóficas de India apreciaban este hecho. Pero tenían la opinión de que hay un orden más elevado de percepción, latente en nosotros, por desarrollarse en el curso del tiempo, y cuyo desarrollo puede anticiparse ahora mediante métodos adecuados.
            
El Señor Buddha describió la Realidad alcanzada por El, como Nirvana, que literalmente significa apagar o extinguir el yo personal, el cual se ve entonces como una mera apariencia o ilusión, aunque nos parezca tan real, como reales le parecen sus sueños al soñador. En vista del grado tan alto en que nuestra mente está condicionada por las experiencias pasadas, hay que libertarla de sus continuos impulsos, de la subconsciente involución a que ha sido sometida, antes de que pueda descubrir y expresar su propia y verdadera naturaleza. En las antiguas escuelas de India se entendía muy bien que esta realización es posible mediante el cuidadoso adiestramiento de nuestras facultades mentales y espirituales (estas últimas de un orden de percepción más elevado que el mental), y con la adaptación del cuerpo y el cerebro a ese propósito. Los seis Darsanas se relacionaban en su aspecto práctico con el punto de vista y los métodos de tal realización.
            
Nosotros no podemos sino especular acerca de la naturaleza de cualquier realidad que trascienda la esfera de nuestro conocimiento y su relación con las apariencias producidas dentro de esa esfera. Los intelectos más elevados de India han tratado estos problemas con una intrepidez que no ha sido superada. Los conceptos metafísicos de India que, como hoy podemos ver, tienen, por extraño que parezca, el poder de aglutinar nuestras opiniones fragmentarias y desarticuladas -logradas no desde una altura dominante, si no desde un nivel más cercano al del suelo- sostienen que la Realidad es indescriptible, pero única y completa e inmutable, y que todos los cambios en el campo de la diversidad, que abarca tanto la consciencia como la forma, no son sino un ejemplar de su composición. Desde el sitio que ocupamos en el cuadro no podemos obtener sino una vista parcial del conjunto, que, sin embargo, es suficiente para indicarnos las probables direcciones de nuestro sucesivo progreso.
            
Para el hombre religioso, Dios es la única realidad; el concepto que dé a este término dependerá de la manera como se ha desarrollado él mismo, y de la forma que proporcione más satisfacción a sus necesidades mentales y especialmente emocionales. Busca un Dios en quien espera hallar reposo y felicidad perdurable, como un refugio del mundo de desorden, injusticia y sufrimiento que lo atormenta. ¿Que estas cosas no son sino fenómenos, tras de los cuales hay un plan que incorpora los atributos de justicia, orden y amor que instintivamente buscamos, a la manera como un feo andamio puede ocultar un edificio perfectamente bello? Pero aún así tenemos que reconocerle realidad al andamio mientras dure, aunque no sea permanente.
            
Por mucho que se incline la actitud de la religión en dirección a un Ser absoluto o trascendente, con quien el individuo sometido a un orden relativo tiene alguna especie de relación, esa actitud está fundamentalmente basada en la necesidad de llenar un vacío y de suplir una necesidad de la existencia individual. No es la necesidad de una fría investigación intelectual sobre la diferencia entre realidad y apariencia. Debido al peso de la indigencia personal, nace la tendencia a la superstición, a apelar al extremo certero de una satisfacción temporal. No obstante, puede ser que las emociones más puras asociadas con la religión, con el compañerismo humano y con el arte, sean tan pertinentes para una posible apreciación de la realidad -sea ésta la que sea- como una percepción puramente matemática. Un conjunto de ondas sonoras puede constituir la música más gloriosa, o puede ser considerado como meras vibraciones del aire en ciertas relaciones, ¿Cuál de las dos es la realidad, y cuál la apariencia? Si consideramos el hecho de que hay en la Naturaleza una infinidad de vibraciones para las cuales no tenemos órganos sensorios adecuados, podemos muy bien imaginar cuánto más grande puede ser la realidad, que lo que podemos concebir con base en nuestra comprensión actual.

N. SRI RAM

¿QUE ES TEOSOFÍA?




La teosofía es una sabiduría que incluye todas las cosas y cuyo sentido es la unidad que subyace en todas ellas.
 Pero esta unidad no es sólo de forma sino una unidad que pertenece a la Vida Una que todo lo penetra.

Para comprender su naturaleza, uno debe acercarse a esta Sabiduría tanto objetiva como subjetivamente. Pues, en un aspecto, muestra un plan definido; y, en otro, es el descubrimiento del significado espiritual de la vida expresado a través de ese plan.

Este incluye muchos esquemas y diseños subsidiarios, cada uno de los cuales tiene una individualidad que le es propia.

En lo más grande, como en lo más pequeño; en el universo astronómico, como en el átomo; en un árbol, en una planta o en cualquier otra cosa, hay un diseño adoptado para la expresión de la vida que fluye a su través; un diseño que está desenvolviéndose constantemente.

Entender esto como un todo requiere una comprensión que no excluya nada; que, a la vez que perciba el plan y su diversidad y todas sus relaciones, esté al mismo tiempo abierta a la expresión de la vida, expresión que abarca hasta lo más sutil. La función de cada uno de los diseños, y de todos ellos juntos, es permitir la expresión de la infinita belleza, y significado de la vida.

De modo, que por un lado, existe un plan que puede ser fijado en un diagrama o por medio de ecuaciones; al mismo tiempo, hay algo que elude toda definición pero que aparece a través de cada forma viviente, en cada movimiento del proceso evolutivo. Necesitamos, por lo tanto, el tipo de inteligencia que pueda aprehender lo indefinible, es decir, la verdad y la belleza en el proceso total.

Nuestra concepción del universo como un todo puede incluir un cierto numero de secciones diferentes, relacionadas la una a la otra.

H.P.B. describe a la evolución como la objetivación de lo que, en un comienzo, es totalmente subjetivo.

O sea que hay una verdad que sólo puede sentirse, experimentarse, conocerse muy en lo profundo de nosotros mismos, y existe esa naturaleza de la que, por gradaciones, se desenvuelve el vasto universo objetivo.

No hay absolutamente ninguna brecha entre la verdad de la consciencia o vida y la materia. 
Solo en lo objetivo uno puede descubrir los valores reales o ultérrimos de la vida.

Toda la existencia se halla en cuatro niveles: uno de ellos es la materia, la substancia, y todas las formas construidas de esa substancia. Luego está la vida que habita las formas; según la interpretación teosófica esta vida es universal y encuentra expresión individual en todas las cosas.

Vida significa experimentar, responder a estímulos, y también acción de diferentes clases.

En tercer lugar, inseparable de la vida esta la consciencia que encuentra su expresión más profunda y más completa en el ser humano. La consciencia en el hombre da lugar al pensamiento que es múltiple y que se expresa en diferentes clases de actividades.

Finalmente, más allá de todo esto -de la materia, de la vida o consciencia y del pensamiento del hombre-, está aquello que surge en la consciencia cuando se encuentra libre de toda reacción, de todo apego.

El pensamiento es tan sólo una proyección desde cierto trasfondo que se forma en el individuo. Cuando nos ponemos en contacto con la gente, las cosas, y las situaciones, reaccionamos hacia ellas.

Estas reacciones no se diluyen inmediatamente, sino que a través de ellas, se forma un cierto esquema en cada persona, de acuerdo al cual imagina y piensa.

Pero, lo que surge en la consciencia cuando se encuentra absolutamente libre de todo apego, de toda reacción, es completamente diferente.

En ese estado se manifiestan los verdaderos valores de la vida. Estos valores no consisten simplemente en experimentar las cosas sino en el modo en que actúa la consciencia humana, porque la mente- o la consciencia- experimenta el modo de su propio funcionamiento.

Cuando funciona de cierto modo, experimenta felicidad; de otro modo, belleza. De manera similar, puede haber una experiencia de amor y de verdad, entendiendo por verdad, aquella de su propia naturaleza.

La experiencia de los modos de su propia acción da lugar a los verdaderos valores de la vida.

Hay valores verdaderos y falsos; permanentes y transitorios, etc. Pero los valores reales y últimos son aquéllas experimentadas por la consciencia en el modo mismo de su accionar; en su verdadera, inafectada e inmodificada naturaleza.

Podemos decir, (y esta es una verdad expresada desde hace tiempo), que todo lo que tiene lugar, es realmente el desenvolvimiento del misterio escondido en la individualidad de cada cosa, y que surge a través del proceso de sus contactos y relaciones con los demás.

También podemos decir que todos los valores están incluidos en la belleza, que es la verdad de la naturaleza del alma. Cada cosa viviente está formada por diferentes capas. Para la interna, podríamos usar la palabra alma, y la verdad de su naturaleza es idéntica a la belleza expresada en su funcionamiento. Hay una visión de esta naturaleza- alma en cada cosa que existe en la Naturaleza, en cada árbol, hoja, en un diamante, en cada substancia. Cada una tiene una belleza escondida que trae a la superficie el proceso evolutivo, y todo lo que tiene lugar en el universo tiene el propósito de hacer surgir da cada individualidad aquello que está escondido al principio dentro de ella, el misterio interior.

Lo único que realmente puede satisfacer al hombre es una visión de la naturaleza-alma de las cosas.

Un hombre puede lograr lo que él quiere, satisfacer todos sus deseos, puede adquirir conocimiento, llegar a ser muy inteligente, importante a los ojos de los demás; pero nada le producirá un verdadero contento a menos que algo de esta naturaleza de sí mismo, profunda y escondida, pueda hallar salida y expresión. Debido a que en las condiciones actuales, ese aspecto de la naturaleza del hombre se halla muy en el trasfondo hay tanto descontento en las mentes de los pobres y de los ricos, de los simples y de los ignorantes.

Sólo a la luz de los valores del alma, diferenciándolos de los valores que la mente ignorante pueda asignar a las cosas, todo lo demás puede volverse realmente interesante.

Uno puede devorar enciclopedias, almacenado en la mente gran cantidad de conocimiento, y, sin embargo no encontrar ese toque de felicidad necesario para el verdadero crecimiento; pues si no resplandece la luz de los valores que brillan desde el alma (la verdadera naturaleza) todo lo demás carece de sentido.

Se necesita un cierto sentido de estos verdaderos valores para comprender la Teosofía, el Plan, los Ciclos, las rondas aún ese aspecto de la Teosofía que se expresa en diseños de varias clases. Debemos conocer el todo y la vida que pertenece al todo y une todas las parte, a fin de evaluar esta partes y su funcionamiento. Para que el significado de las diferentes partes se haga evidente se debe conocer todo el drama. Este drama es la evolución, que es un proceso más profundo y significativo de lo que podemos entender nosotros, o los científicos comunes, mirando sólo los hechos superficiales.

El significado total del proceso evolutivo debe ser entendido en los productos acabados de la evolución es decir, en la consciencia que encarna los valores últimos.

Si uno puede sentir simpatía de mil maneras diferentes, entonces, cada modo en que se siente esa simpatía constituye un valor. Estos valores se pueden manifestar también en formas externas, tales como la arquitectura, la música, la literatura o las instituciones sociales. Aun en los modales, en la calidad del comportamiento hay un enfoque que posee belleza; por ello puede haber valores en los movimientos de todo tipo. No hay ningún movimiento en la vida que no pueda expresar estos valores escondidos que pertenecen a la verdadera naturaleza del hombre y constituyen, en su totalidad la belleza del alma.

La concentración de todos los valores expresables se halla en el individuo, al igual que la gota que es de la misma naturaleza del océano.

Desde un punto de vista, la evolución, es un proceso de individualización, ya se trate de un pájaro, un árbol, un hombre, una piedra o cualquier otra cosa en la Naturaleza. Todo está siendo moldeado cada vez más de acuerdo a cierto modelo que existe desde el principio en la Mente Arquetípica.

Pero junto con esto va aparejada la cualidad profundamente espiritual de la belleza, de la armonía, es decir, el modo en que las cosas se relacionan unas con las otras.

N. Sri Ram



EL LADO OCULTO DEL CRISTIANISMO



(a) EL TESTIMONIO DE LAS ESCRITURAS

Después de haber visto que las religiones del pasado proclaman a una tener un lado oculto o ser guardianes de "Misterios", y que tal afirmación aparece certificada por los más grandes hombres, al buscar la iniciación, procede investigar ahora si el Cristianismo se halla fuera de este concepto de religiones, y si es la única que no tiene una Gnosis, ofreciendo al mundo sólo una creencia sencilla y no un conocimiento profundo. Si así fuese, sería, a la verdad, un hecho triste y lamentable, que probaría que el Cristianismo estaba destinado únicamente para una clase y no para todos los tipos de seres humanos. Pero que esto no es así, lo podemos demostrar fuera de toda posibilidad de duda racional.

De esta prueba tiene el Cristianismo grandísima necesidad en estos tiempos, porque la flor misma de la Cristiandad está pereciendo por falta de conocimiento. Si la enseñanza esotérica pudiera restablecerse y conquistar estudiantes pacientes y ardorosos, no tardaría mucho sin que lo oculto fuese también restaurado, Los discípulos de los Misterios Menores se convertirían en candidatos a los Mayores, y con la reaparición del conocimiento, se lograría otra vez la autoridad de la enseñanza.
Y, verdaderamente, la necesidad es muy grande, pues contemplando el mundo que nos rodea, vemos que la religión en Occidente está sufriendo por la dificultad misma que teóricamente debía esperarse encontrar. Habiendo perdido el Cristianismo su enseñanza mística y esotérica, va viendo desaparecer su influencia sobre gran número de las personas más altamente educadas, coincidiendo la vivificación parcial de los últimos años con la restauración de algunas enseñanzas místicas. Es cosa evidente para todo el que haya estudiado los últimos cuarenta años del siglo que ha terminado, que mucha gente moral y pensadora ha abandonado las iglesias porque las enseñanzas que en ellas recibían, eran un ultraje para su inteligencia y pugnaban con su sentido moral. Es inútil suponer que el muy extendido agnosticismo de esta época tuviese sus raíces en la falta de moralidad o en una deliberada perversión de la mente.

Todo el que estudie con atención los fenómenos indicados, convendrá en que personas de gran inteligencia se han alejado del Cristianismo por la rudeza de las ideas religiosas que les eran expuestas, por las contradicciones entre las autoridades de la enseñanza, por los puntos de vista acerca de Dios, del hombre y del universo, que ningún entendimiento educado podía admitir. Ni es posible tampoco sostener que una degradación, de cualquier clase que se suponga, fuese la causa fundamental de la rebelión contra los dogmas de la Iglesia. Los rebeldes no eran demasiado malos para su religión; al contrario, la religión era la que resultaba demasiado mala para ellos. La rebelión contra el Cristianismo popular era debida al despertar y al desarrollo de la conciencia; la conciencia era la que se revolvía, así como la inteligencia, contra enseñanzas que deshonran a Dios y al hombre igualmente; que presentan a Dios como un tirano y al hombre como esencialmente malo, obteniendo la salvación por medio de una sumisión servil.

La razón de esta rebeldía se halla escondida en el gradual rebajamiento de las enseñanzas cristianas para llegar a la llamada sencillez, con objeto de que los más ignorantes pudieran comprenderlas. Los protestantes afirmaban muy alto que no debía predicarse más que aquello que pudiesen comprender todos; que la gloria del Evangelio estaba en su sencillez, y que el niño y el ignorante debían ser capaces de comprenderlo y aplicarlo a la vida.
Muy verdad, si con esto quería decirse que ciertas enseñanzas religiosas deben estar al alcance de todos, y que una religión fracasa si deja fuera de la esfera de su ennoblecedora influencia a los seres ínfimos, a los más ignorantes, a los más pobres.

Pero falso, completamente falso, si con esto se quiere significar que la religión no tiene verdades inaccesibles a la ignorancia, que es tan pobre y limitada que no tiene nada que enseñar que no esté por encima de las mentes rudas o de la estrechez de miras de la moralidad degradada. Falso, fatalmente falso, si tal es el sentido; pues a medida que esta opinión se extiende, ocupando los púlpitos y resonando en las iglesias, muchos seres nobles, cuyos corazones se han desgarrado al romper los lazos que les unían a su creencia primera, se retiran de los templos y dejan que su sitio sea ocupado por los hipócritas y los ignorantes. Pasan a un estado de agnosticismo pasivo, o, si son jóvenes y entusiastas, de agresión activa, no creyendo que pueda ser lo más elevado lo que así ofende al entendimiento y la conciencia, y prefiriendo la honradez de un descreimiento manifiesto, a la mistificación de la inteligencia bajo la férula de una autoridad en que no reconocen nada de divino.

Al estudiar así el modo de pensar del tiempo presente, comprenderemos que la cuestión de una enseñanza oculta relacionada con el Cristianismo, es de vital importancia. ¿Ha de sobrevivir el Cristianismo como la religión de Occidente? ¿Deberá existir en los siglos futuros y continuar desempeñando su papel en la formación del pensamiento de las razas occidentales en evolución? Si es así, tiene que recobrar el conocimiento que ha perdido y poseer de nuevo sus enseñanzas místicas y ocultas; debe presentarse otra vez como un instructor competente de verdades espirituales, investido de la única autoridad que vale algo: la autoridad del conocimiento.

Sí estas enseñanzas vuelven a obtenerse, su influencia se verá pronto en manifestaciones más amplias y profundas de la verdad; los dogmas que ahora aparecen como cascarones vacíos, sirviendo sólo de grillos, volverán a ser presentaciones parciales de realidades fundamentales. En primer término, el Cristianismo Esotérico será restaurado en el "Lugar Santo" del Templo, en forma que todo el que sea capaz de recibirlo, pueda seguir la dirección de su pensamiento público; y en segundo término, el Cristianismo Oculto descenderá de nuevo al Adytum, residiendo detrás del Velo que encubre el "Santuario de los Santuarios", donde sólo el Iniciado puede penetrar. Entonces volverá a estar la enseñanza oculta al alcance de los que sean calificados para recibirla conforme a las antiguas reglas, de los que en estos tiempos estén dispuestos a someterse, a las exigencias impuestas a los que deseaban conocer la realidad y verdad de las cosas espirituales.

Volvamos a la historia una vez más para ver si el Cristianismo era la única religión que no tenía enseñanza interna, o si era igual a las demás por la posesión de este tesoro oculto.
Esta es una cuestión de prueba, no de teoría, y debe decidirse por la autoridad de los documentos existentes, y no por el mero ipse dixit de los cristianos modernos.
Como hecho positivo tenemos que tanto el "Nuevo Testamento" como los escritos de la Iglesia primitiva, hacen idénticas declaraciones respecto a la posesión de tales enseñanzas, mostrándonos la realidad de la existencia de los Misterios -llamados los Misterios de Jesús o los Misterios del Reino-, las condiciones que se imponían a los candidatos, algo acerca de la naturaleza general de las enseñanzas que se daban, y otros detalles. Ciertos pasajes del "Nuevo Testamento" permanecerían por completo obscuros, si no fuese por la luz que sobre ellos arrojan las declaraciones definidas de los Padres y Obispos de la Iglesia; pero ¿con esa luz se hacen claros e inteligibles?

A la verdad, hubiera sido extraño que fuera de otro modo, si consideramos la estructura del pensamiento religioso que influyó sobre el Cristianismo primitivo. Emparentada con los hebreos, los persas y los griegos, matizada por las creencias aún más antiguas de la India, profundamente dotada de color por el pensamiento sirio y egipcio, esta última rama del gran brote religioso no podía menos que volver a afirmar las antiguas tradiciones, y poner al alcance de las razas occidentales todo el tesoro de las enseñanzas arcaicas. "La fe, un tiempo dada a los santos", hubiese sido ciertamente privada de su principal valor, si al ser transmitida al Occidente, se hubiera reservado la perla de la enseñanza esotérica.

El primer testimonio que debe examinarse es el del "Nuevo Testamento". Para nuestro objeto podemos prescindir de las enfadosas cuestiones sobre interpretaciones y autores, que corresponden de lleno a los eruditos. La crítica docta tiene mucho que decir respecto de la edad de los manuscritos, la autenticidad de los documentos y otros puntos; pero nosotros no tenemos para qué ocuparnos de esto. Podemos aceptar las Escrituras canónicas, por lo que respecta a las creencias de la Iglesia primitiva sobre las enseñanzas de Cristo y de sus discípulos inmediatos y ver lo que dicen acerca de la existencia de una enseñanza secreta comunicada tan sólo a los pocos.

Una vez examinadas las palabras que se ponen en boca del mismo Jesús, consideradas por la Iglesia de autoridad suprema, estudiaremos los escritos del gran apóstol San Pablo; luego nos ocuparemos en las declaraciones hechas por los herederos de la tradición apostólica, que guiaron la Iglesia durante los primeros siglos. A lo largo de esta línea no interrumpida de tradiciones y de testimonios escritos, puede hacerse la afirmación de que el Cristianismo tenía un lado oculto. Veremos, además, que puede seguirse el rastro de los Misterios Menores de interpretación mística a través de los siglos sucesivos, hasta llegar a los comienzos del XIX, y que, aun cuando no quedaron Escuelas de Misticismo, preparatorias de la Iniciación, después de la desaparición de los Misterios, sin embargo, de tiempo en tiempo hubo grandes místicos que alcanzaron los estados inferiores del éxtasis, por medio de sus propios esfuerzos sostenidos, ayudados indudablemente por Instructores invisibles.

Las palabras del Maestro mismo son claras y definidas, y fueron, según veremos, citadas por Orígenes, haciendo referencia a la enseñanza secreta conservada en la Iglesia. "Y cuando estuvo solo, los que estaban cerca de El con los doce, le preguntaron sobre la parábola y El les dijo: “A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, todas las cosas se les comunican por parábolas." y más adelante: "Con muchas de estas parábolas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír. Y sin parábola no les hablaba; y cuando estaban solos, El explicaba todas las cosas a sus discípulos" (1). Nótense las significativas palabras "cuando estaban solos" y la frase "aquellos que están fuera." Lo mismo sucede en la versión de San Mateo: "Jesús despidió a la multitud y entró en la casa, y sus discípulos con El." Estas enseñanzas dadas "en la casa", el significado más íntimo de sus instrucciones, se decía que eran transmitidas de maestro a maestro. El evangelio da, según puede observarse, las explicaciones místicas alegóricas, lo cual hemos llamado nosotros los Misterios Menores, pero el sentido más profundo se decía que sólo se daba a los Iniciados.

Además, aun a Sus mismos apóstoles dice Jesús: "Tengo todavía muchas cosas que deciros; mas ahora no las podéis llevar" (2).

Algunas de ellas las dijo probablemente después de Su muerte, cuando fue visto por Sus discípulos, "al hablar de cosas pertenecientes al reino de Dios" (3). Ninguna de ellas fue consignada en documento público, pero, ¿quién habrá que crea que se descuidaron u olvidaron y que no fueron transmitidas como tesoro inapreciable? En la Iglesia existía la tradición de que El visitó a Sus apóstoles durante un tiempo considerable después de Su muerte, a fin de instruirlos -hecho a que nos referimos más adelante-; y en el famoso tratado gnóstico el Pistis Sophia, leemos: "Sucedió que cuando Jesús se levantó de entre los muertos, pasó once años hablando con Sus discípulos e instruyéndolos" (4) . Hay también la frase que muchos desean suavizar dándole otro sentido: "No déis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas a los puercos" (5). Precepto que verdaderamente es de aplicación general, pero que era considerado por la Iglesia primitiva como referente a las enseñanzas secretas. Debe tenerse presente que las palabras no sonaban en los antiguos tiempos tan duras como ahora; pues la palabra "perros" -como "el vulgo", “los profanos”- era aplicada a los de fuera por los que se hallaban dentro de determinado círculo, ya se tratase de una sociedad, o de una nación, como lo hacían los judíos respecto de todos los gentiles (6) . Algunas veces se usaba para designar a los que estaban fuera del círculo de Iniciados, y en este sentido la vemos empleada en la Iglesia primitiva; a aquellos que, por no haber sido iniciados en los Misterios, se consideraba como fuera del "reino de Dios" o del "Israel espiritual", se les aplicaba este nombre.

Había diversos nombres asignados exclusivamente al término "El Misterio" o "Los Misterios", los cuales se empleaban para designar el círculo sagrado de los Iniciados o de los relacionados con la Iniciación: "El Reino", "El Reino de Dios", "El Reino de los Cielos", "El Sendero Estrecho", "La Puerta Estrecha", "Los Perfectos", "Los Salvados", "Vida Eterna", "Vida", "El Segundo Nacimiento", "El Pequeño", "Un Niño pequeño". El sentido está aclarado por el uso de estas palabras en escritos cristianos primitivos, y en algunos casos hasta fuera de la comunión cristiana. Así el término “Los Perfectos” se usaba por los esenios, quienes tenían tres órdenes en sus comunidades: los Neófitos, los Hermanos y los Perfectos -estos últimos eran Iniciados, y en tal sentido es empleado generalmente este vocablo en los antiguos escritos.

"El Niño Pequeño" era el nombre usual para un candidato acabado de iniciar, esto es, que había logrado su “segundo nacimiento”.
Después de conocido este uso, muchos pasajes oscuros, y de otro modo discordantes, se hacen inteligibles. Entonces uno le dijo: "Señor, ¿son pocos los que se salvan?" y El les dijo: ' 'Porfiad a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar y no podrán" (7). Si esto se aplica en la forma ordinaria de los protestantes a la salvación del fuego eterno del infierno, la declaración se hace increíble, repulsiva. No se puede suponer a ningún Salvador del mundo, haciendo la afirmación de que muchos de los que tratan de evitar el infierno y entrar en el cielo, no podrán verificarlo. Pero aplicado el concepto a la estrecha puerta de la Iniciación ya la liberación del renacimiento, es perfectamente verdadero y natural. Así también: "Entrad por la puerta estrecha, pues ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan" (8) . El aviso que sigue inmediatamente contra los falsos profetas, los instructores de los Misterios tenebrosos, es de gran aplicación en el asunto.

A ningún estudiante podrá pasar inadvertido el sonido familiar de estas palabras, empleadas en el mismo sentido en otros escritos. El "Antiguo camino estrecho" es familiar a todos; el sendero "difícil de andar como el agudo filo de una navaja" (9) que ya se ha mencionado; el pasar "de una muerte a otra" de aquellos que siguen el camino sembrado de flores de los deseos, los cuales no conocen a Dios; pues sólo se pacen inmortales y escapan de la ancha boca de la muerte, de la destrucción siempre repetida, aquellos hombres que han abandonado todo deseo (10). La alusión a la muerte se refiere, por supuesto, a los nacimientos repetidos del alma, a la existencia material grosera, considerada siempre como "muerte" comparada con la "vida" de los mundos sutiles superiores.

La "Puerta Estrecha" era el ingreso en la Iniciación, y por ella el candidato entraba en "El Reino", y siempre ha sido y será verdad que sólo pocos pueden atravesar esa puerta, aunque miles de millones -"una inmensa multitud que nadie 'podría contar" (11) , no unos pocos-, entran en la dicha del mundo celeste. Así también habló otro gran Maestro, cerca de tres mil años antes: "Entre millares de hombres, escasamente uno se afana por la perfección; de los que se afanan y la logran, apenas uno me conoce en esencia" (12). Pues los Iniciados son pocos en cada generación: la flor de la humanidad; pero ninguna sentencia siniestra de desdicha eterna se pronuncia en esta declaración contra la gran mayoría de la raza humana. Los salvados son, como Proclo enseñaba (13), los que escapan del círculo de la generación dentro del cual se halla sujeta la humanidad.

A este propósito recordaremos la historia del joven que se acercó a Jesús, y dirigiéndose a El como "Buen Maestro", le preguntó cómo podía ganar la vida eterna -la bien conocida liberación del renacimiento por el conocimiento de Dios (14). “Su primera contestación fue el precepto regular esotérico: "Guarda los mandamientos". Pero cuando el mancebo contestó: "Todas esas cosas las he guardado desde mi juventud"; entonces a aquella conciencia libre de todo conocimiento de trasgresión, vino la respuesta del verdadero Maestro: "'Si quieres ser perfecto, vende lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoros en el cielo; y ven y sígueme." "Si quieres ser perfecto, conviértete en un individuo del Reino; debes abrazar la pobreza y la obediencia." y luego Jesús explica a Sus propios discípulos que un hombre rico difícilmente puede entrar en el Reino de los Cielos; que tal entrada es más difícil que para un camello pasar por el ojo de una aguja; para los hombres esto es imposible; para Dios todas las cosas son posibles (15). Sólo el Dios en el hombre puede pasar esa barrera.

Este texto ha sido diversamente explicado, siendo a todas luces imposible tomarlo en su sentido superficial, de que un hombre rico no puede entrar en un estado post mortem de dicha. El hombre rico puede alcanzar ese estado lo mismo que el pobre, y la práctica universal de los cristianos demuestra que no creen ni por un momento que la riqueza ponga en peligro su dicha después de la muerte. Pero si nos fijamos en el verdadero significado del Reino de los Cielos, tendremos la expresión de un hecho directo y sencillo. Porque ese conocimiento de Dios que es Vida Eterna (16) , no puede obtenerse hasta que se haya abandonado todo lo terrestre, no puede aprenderse hasta que se haya hecho sacrificio de todo. El hombre tiene que renunciar, no sólo a la riqueza terrena, que en lo sucesivo ha de pasar por sus manos como si fuese administrador de ella, sino que debe, además, abandonar su riqueza interna en cuanto la considere como suya propia frente al mundo; mientras no se haya despojado hasta la desnudez, no puede pasar por la angosta entrada. Tal ha sido siempre la condición exigida para la Iniciación; los candidatos a ella deben hacer voto de "pobreza, de obediencia y de castidad."

El "segundo nacimiento" es otro nombre, muy conocido, de la Iniciación; aun hoy en la India los individuos de las castas superiores son llamados "dos veces nacidos", y la ceremonia que los hace dos veces nacidos, es una ceremonia de la Iniciación -la mera. corteza, a la verdad, en estos tiempos, pero "la muestra de las cosas del Cielo" (17). Cuando Jesús habla de Nicodemo, declara que "a menos que un hombre nazca otra vez, no puede ver el reino de Dios", y menciona este nacimiento como el "del agua y, del Espíritu" (18) ; esta es la primera Iniciación; otra posterior es la del Espíritu Santo y el fuego (19) , el bautismo del Iniciado en su virilidad, así como el primero es el del nacimiento, que le da la bienvenida como "el Niño Pequeño" que entra en el Reino (20) Cuán bien conocidas eran estas imágenes en la mística de los judíos, se demuestra por la sorpresa que manifestó Jesús cuando dijo a Nicodemo, confundido con su fraseología mística: "¿Eres tú maestro en Israel y no conoces estas cosas?" (21). Otro precepto de Jesús que subsiste como "un dicho difícil de entender", dirigido a sus discípulos, es el de: "Sed, pues, Vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los Cielos es perfecto" (22). 

El cristiano ordinario sabe muy bien que no le es posible obedecer este mandato; lleno de fragilidades ordinarias humanas, ¿cómo podrá hacerse tan perfecto como Dios? Vista la imposibilidad de la empresa que le presentan, la pone tranquilamente a un lado y no piensa más en ella. Pero considerada como el esfuerzo final de muchas vidas de constante progreso, como el triunfo del Dios que está dentro de nosotros, sobre la naturaleza inferior, se coloca a una distancia calculable, haciéndonos recordar las palabras de Porfirio, de cómo el hombre que lleva a cabo “las virtudes paradigmáticas, es el Padre de los Dioses” (23), y que en los Misterios estas virtudes eran adquiridas.
San Pablo sigue los pasos de su Maestro, y habla exactamente en el mismo sentido, pero más explícito y con mayor claridad, como era de esperar de su obra organizadora de la Iglesia. El estudiante debe leer con atención los capítulos II y III y el versículo I del capítulo IV de la Primera Epístola a los Corintios, teniendo presente que las palabras iban dirigidas a individuos bautizados que formaban parte de la Iglesia, y que eran miembros completos de ella, desde el punto de vista moderno, aunque considerados como niños y como carnales por el Apóstol. No eran catecúmenos o neófitos, sino hombres y mujeres que estaban en plena posesión de todos los privilegios y responsabilidades de la comunidad cristiana, reconocidos por el Apóstol como apartados del mundo, y tenidos en la confianza de que no habrían de proceder como los hombres del mundo. Estaban, en una palabra, en posesión de todo lo que la Iglesia moderna da a sus miembros.
Resumamos las palabras del Apóstol: "Vine a vosotros trayendo el testimonio divino, no para halagaros con la sabiduría humana, sino con el poder del Espíritu. En verdad, hablamos de sabiduría entre aquellos que son perfectos, pero no es sabiduría alguna humana. Hablamos la sabiduría de Dios en un misterio, hasta la sabiduría oculta, que Dios ordenó antes que el mundo empezara, y que ni aún  príncipe, alguno del mundo conoce. Las cosas de esta sabiduría están fuera del alcance del pensamiento de los hombres, pero Dios nos las ha revelado por medio de su Espíritu. . . las cosas profundas de Dios, que el Espíritu Santo enseña (24). Estas son cosas espirituales que sólo puede entender el hombre espiritual, en quien está la mente de Cristo y yo, hermanos, no podía hablaros como a espirituales, sino como a carnales, y aun como a niños de Cristo... Vosotros erais incapaces de llevarlo, y aun lo sois ahora. Porque todavía sois carnales. Como sabio maestro masón (25) he echado los cimientos, y vosotros sois el templo de Dios, y el Espíritu de Dios mora en vosotros. Haced que se os considere como ministros de Cristo, y mayordomos de los misterios de Dios."

¿Puede leer alguien este pasaje -en cuyo resumen sólo se ha puesto de manifiesto los puntos salientes- sin reconocer el hecho de que el Apóstol poseía una sabiduría divina, que enseñaba en los Misterios, la cual no podían aún recibir sus discípulos corintios? y obsérvese los términos empleados: la "sabiduría", la "sabiduría de Dios es un misterio", la "sabiduría oculta", sólo conocida del "hombre espiritual", hablada sólo entre los "perfectos", sabiduría de la que eran excluidos los no "espirituales", los "niños en Cristo", los "carnales", conocida del "sabio maestro masón"; el "mayordomo de los Misterios de Dios."

Una y otra vez vuelve a referirse a estos Misterios. Al escribir a los efesios cristianos dice: "por revelación (levantando el velo) me fue declarado el Misterio" ; de aquí su conocimiento del Misterio de Cristo; y le era dado aclarar a todos cuál sea la "dispensación del Misterio" (26) . "De este Misterio, repitió a los colosenses, había sido hecho ministro", "el Misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, mas ahora ha sido manifestado a Sus Santos"; no al mundo, ni aun siquiera a los cristianos, sino sólo a los Santos. Para ellos fue alzado el velo "de la gloria de este Misterio"; ¿y qué era éste? "Cristo en vosotros" -frase significativa que, como pronto veremos, pertenecía a la vida del Iniciado; así cada hombre debe al fin aprender la sabiduría y llegar a ser "perfecto en Cristo Jesús" (27). A estos colosenses les pide que rueguen a "Dios que nos abra la puerta de la palabra para hablar el misterio de Cristo" (28), pasaje a que se refiere San Clemente, por ser uno en que el Apóstol "revela con claridad que el conocimiento no pertenece a todos" (29). Del mismo modo escribe a su amado Timoteo, recomendándole que escoja los diáconos entre aquellos que mantienen el "Misterio de la fe con una conciencia pura", ese gran "Misterio de la Piedad" que él había aprendido (30), cuyo conocimiento era necesario para los maestros de la Iglesia.

Ahora bien; la importancia de San Timoteo como representante de la siguiente generación de instructores cristianos, es indudable. Fue discípulo de San Pablo y designado por él para guiar y gobernar una parte de la Iglesia. Por lo visto, había sido iniciado en los Misterios por el mismo San Pablo, a lo cual se hace referencia, según resulta de las frases técnicas empleadas otra vez como clave. "Este cargo te doy, hijo Timoteo, con arreglo a las profecías que de ti se dijeron " (31): la solemne bendición del Iniciador que admitía al candidato; pero el Iniciador no estaba sólo presente: "No descuides el don que está en ti, el cual te fue dado por profecía, con la imposición de manos del Presbiterio" (32), de los Hermanos Mayores. y le recuerda que se atenga firmemente a esa "eterna vida, a la que también estás llamado, habiendo hecho una buena profesión delante de muchos testigos" (33) -los votos del nuevo Iniciado, hechos en presencia de los Hermanos Mayores y de la asamblea de Iniciados. El conocimiento que entonces se comunicaba, era el cargo sagrado que hace exclamar con tanta vehemencia a San Pablo: "¡Oh, Timoteo, guarda bien lo que te ha sido confiado!" (34): no el conocimiento que en común poseían los cristianos, respecto del cual ninguna obligación especial había contraído Timoteo, sino el sagrado depósito que se le había transferido como Iniciado, esencial a la prosperidad de la Iglesia. San Pablo, posteriormente, vuelve sobre lo mismo, poniendo particular empeño en asunto de tan suprema importancia, de un modo que resultaría exagerado, si tal conocimiento hubiese sido propiedad común de los cristianos: “Retén la forma de las sanas palabras que de mi oíste. . . Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que habita en nosotros” (35) - la más seria invocación que labios humanos pueden formular.

Además, era obligación suya el proveer a la debida transmisión de este sagrado depósito, para que fuese pasando de mano en mano a las futuras generaciones, y así la Iglesia no careciese jamás de verdaderos instructores: "Las cosas que has oído de mí ante muchos testigos" -las sagradas enseñanzas orales, en la asamblea de Iniciados, que atestiguan la exactitud de la transmisión- "esto encarga a hombres fieles, que sean idóneos para enseñar también a otros" (36).

El conocimiento, o si se prefiere otra palabra, la suposición de que la Iglesia poseía estas enseñanzas ocultas, arroja una gran luz sobre las diseminadas indicaciones que San Pablo hizo respecto a sí mismo, y cuando se las reúne, nos encontramos con un bosquejo de la evolución del Iniciado. San Pablo declara que, aun cuando se hallaba ya entre los perfectos, los iniciados -pues dice: " Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos", él no había aún "alcanzado", ni era, a la verdad, del todo "perfecto", porque no había aún ganado a Cristo, no había alcanzado todavía "la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús", "la virtud de Su resurrección, y la participación de Sus padecimientos, en conformidad a Su muerte" ; y procuraba "si en alguna manera llegase a la resurrección de los muertos" (37) . 

Porque esta era la Iniciación que libraba, la que hacía al iniciado Maestro Perfecto, el Cristo Resucitado, libertándole finalmente de los muertos”, de la humanidad que se halla dentro del círculo de la generación, de los lazos que sujetan el alma a la materia grosera. Aquí se presentan de nuevo numerosos términos técnicos; y aún el lector más superficial encontrará patente que la “resurrección de los muertos” de que aquí se trata, no puede ser la común resurrección que profesa el Cristianismo moderno; pues considerándose ésta inevitable para todos los hombres, es evidente que no requiere ningún esfuerzo especial por parte de nadie para alcanzarla. A la verdad, la palabra misma "alcanzar" estaría fuera de lugar aplicada a un acontecimiento universal e ineludible. San Pablo no podía evitar esta resurrección, conforme al punto de vista del Cristianismo moderno. 

¿Cuál era, pues, la resurrección para cuyo logro estaba haciendo tan vehementes esfuerzos? Una vez más la única respuesta procede de los Misterios. En ellos, cuando el Iniciado se aproximaba a la especial Iniciación que libraba del ciclo de las reencarnaciones, del círculo de la generación, era llamado "el Cristo que sufre"; entonces tomaba parte en los padecimientos del Salvador del mundo, era crucificado místicamente, "obraba en conformidad a su muerte", y así alcanzaba la resurrección, la intimidad con el Cristo glorificado, después de lo cual la muerte no tenía ningún poder sobre él (38).

Este era "el premio" por el cual acentuaba sus esfuerzos el gran Apóstol, impulsando "a todos los perfectos", y no a los creyentes ordinarios, a seguir el mismo empeño. Que no se contentasen con lo que habían conseguido, sino que pugnasen por avanzar.
Esta semejanza del Iniciado con Cristo es, ciertamente, el verdadero fondo de los Misterios Mayores, como veremos más particularmente cuando estudiemos "El Cristo Místico."
El Iniciado no debía ya considerar fuera de sí al Cristo: "Aun si a Cristo conocimos, según la carne, empero ahora ya no le conocemos" (39).

El creyente ordinario estaba "vestido de Cristo"; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis vestidos" (40). Entonces ellos eran los "niños en Cristo", a quienes ya se ha hecho referencia, y Cristo era el Salvador a quien acudían en demanda de socorro, teniendo conocimiento de El, "según la carne." Mas cuando ellos habían dominado la naturaleza inferior y dejaban de ser "carnales", entonces estaban a punto de entrar en un sendero más elevado, y de convertirse a sí mismos en Cristo. Esto, que el Apóstol había ya alcanzado, era lo que ansiaba para sus discípulos: "Hijitos míos, que vuelvo otra vez a estar de parto de vosotros, hasta que Cristo sea formado en vosotros (41). El era ya su padre espiritual, "que yo os engendré por el evangelio" (42), dice. Pero ahora quería darlos de nuevo a luz, conducirlos como madre a un segundo nacimiento. 

Entonces el niño Cristo, el Niño Santo, nacía en el alma, "el hombre del corazón que está encubierto" (43); así el Iniciado se convertía en este "Niño Pequeño"; en lo sucesivo debía vivir en su propia persona la vida del Cristo, hasta llegar a ser el "varón perfecto a la medida de la edad de la plenitud de Cristo" (44).

Entonces él, como lo estaba haciendo San Pablo, cumplía en su carne las aflicciones de Cristo (45), "llevando siempre por todas partes la muerte de Jesús en el cuerpo" (46), de suerte que podía decir en verdad: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo; no ya yo, mas vive Cristo en mí" (47).
Así sufría el Apóstol mismo; de ese modo se describía, y cuando ha terminado la lucha, cuán diferente es el reposado acento del triunfo del violento esfuerzo de los primeros años: "Yo ya estoy para ser ofrecido, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia" (48). Esta corona se daba "al que vencía", de quien decía el Cristo ascendido: "yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá fuera" (49) Porque después de la "Resurrección" el Iniciado se ha convertido en el Hombre Perfecto, en el Maestro, y no vuelve ya a salir del Templo, sino que desde él sirve a los mundos y los guía.

Conviene indicar, antes de terminar este capítulo, que el mismo San Pablo autoriza el empleo de las enseñanzas místicas teóricas, para explicar los sucesos históricos consignados en las Escrituras. No considera la historia trazada en ellas como meros anales de acontecimientos ocurridos en el plano físico. Siendo un verdadero místico, veía en los sucesos físicos las sombras de las verdades universales desarrollándose constantemente en mundos más íntimos y elevados, y sabía que los sucesos escogidos para ser conservados en los escritos ocultos eran típicos, debiendo servir su explicación para instruir a los hombres. Así emplea la historia de Abraham, Sara, Agar, Ismael e Isaac, y afirmando que "estas cosas son dichas por alegoría" procede a dar la interpretación mística (50).

Refiriéndose a la huída de los israelitas de Egipto, habla del Mar Rojo como de un bautismo, del maná y del agua, como vianda y bebida espiritual, de la roca de donde fluía el agua, como Cristo (51). Ve el gran misterio de la unión de Cristo con Su Iglesia en la relación humana del marido y la mujer, y habla de los cristianos como la carne y los huesos del cuerpo de Cristo (52). El autor de la Epístola a los hebreos interpreta alegóricamente todo el culto judío. En el templo ve una copia del templo celestial; en el Sumo Sacerdote ve a Cristo; en los sacrificios, la ofrenda del Hijo sin mancha; los sacerdotes del templo no son sino "sombra y bosquejo de las cosas celestiales", del sacerdocio celestial que sirve en "el verdadero tabernáculo." Desde los capítulos tercero al décimo, ambos inclusive, se desarrolla una muy trabajada alegoría, dando a entender el autor que el Espíritu Santo quería significar así el sentido más profundo; todo era “figura de aquel tiempo presente”.
Este concepto de los escritos sagrados no implica que los acontecimientos que se consignan, no hubiesen sucedido, sino que su realización física era cuestión de menor importancia.

Tal explicación equivale a levantar el velo de los Misterios Menores, que es la enseñanza mística que se permite dar al mundo.
No es esto como muchos creen, un mero juego imaginativo, sino el resultado de una verdadera intuición que ve los modelos en el plano celeste, y no ya sólo las sombras que aquellos proyectan sobre el bastidor del tiempo terrestre.
           


Notas del capítulo 2

(1) San Marcos IV, 10, 11, 33, 34. Véase también San Mateo XIII, 11, 34, 36 y San Lucas VIII, 10.
(2) San Juan XVI, 12.
(3) Hechos I, 3.
(4) Loc. cit. Trad. por G. R. S. Mead. III.
(5) San Mateo VII, 6.
(6) Como con la mujer griega: “No es bueno tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos”. San Marcos VII, 27.
(7) San Lucas XIII, 23, 24.
(8) San Mateo VII, 13, 14.
(9) Kathopanishat II, IV, 10, 11.
(10) Brihaddranyacopanishat IV, IV, 7 ,
(11) Apoc. VII, 9.
(12) Bhagavad Cita VII, 3.
(13) Ante, pág. 26.
(14) Debe tenerse presente que los judíos creían que todas las almas imperfectas volvían a vivir otra vez en la tierra.
(15) San Mateo XIX, 16, 26.
(16) San Juan XVII, 3.
(17) Heb. IX. 23.
(18) San Juan III. 3, 5.
(19) San Mateo, lll, 11.
(20) San Mateo XVIII, 3.
(21) San Juan III, 10.
(22) San Mateo V, 48.
(23) Ante, pág. 28.
(24) Obsérvese cómo esto se relaciona con la promesa de Jesús en San Juan XVI, 12-14: "Tengo todavía muchas cosas que deciros, mas ahora no las podéis llevar. Pero cuando viniere aquel Espíritu de Verdad. El os guiará en toda verdad. "El os hará saber las cosas que han de venir. . . El tomará de lo mío y os lo hará saber."
(25) Otro nombre técnico de los Misterios.
(26) Efes., III, 3, 4, 9.
(27) Col. I. 23, 25-28. Pero San Clemente en su Stromata traduce "cada hombre" como "todo el hombre". Véase lib. V, cap. X.
(28) Col. IV, 3.
(29) Biblioteca antenicena, vol. XII. Clemente de Alejandría. Stromata, lib. V, cap. X. Algunos dichos más de los Apóstoles pueden verse en las citas de San Clemente, demostrando, que significado tenían para los que sucedieron a aquellos, y vivían en la misma atmósfera de pensamiento.
(30) I, Tim., III, 9, 16.
(31) Ibid, I, 18.
(32) Ibid, IV, 14.
(33) Ibid, VI, 12.
(34) I. Tim. 20.
(35) II, Ibid. I. 13, 14.
(36) Ibid, II, 2.
(37) Filip. III, 8, 10-12, 14, 15.
(38) Apoc. I, 18. "Yo soy El que vivo y he sido muerto; y he aquí que vivo por siglos de siglos. Amén."
(39) II. Cor., VI. 16.
(40) Ga1. III, 27.
(41) Gal.. IV, 19.
(42) I, Cor., IV, 15.
(43) I, San Ped., III, 4.
(44) Ef., IV, 13.
(45) Col., I, 24.
(46) II, Cor., IV, 10.
(47) Gal., II, 20.
(48) II, Tim., IV, 6-8.
(49) Apoc., III, 12.
(50) Gal., IV, 22-31.
(51) I, Cor., X, 1-4.
(52) Ef., V, 23-32.

martes, 26 de marzo de 2019

LA INICIACIÓN





Conferencia dada en la Escuela de la Sabiduría de Adyar, el 5 de Diciembre de 1957

The Theosophist, septiembre 1995
 Hay un artículo de T.Subba Row, a quien HPB tenía en gran estima como ocultista, titulado "El Ocultismo de la India del Sur". De hecho habla de los dos Senderos, uno de los cuales es el sendero natural y constante del progreso, en el que el crecimiento es total y seguro. El otro es a través de una serie de iniciaciones y sólo unas cuantas naturalezas, especialmente organizadas y peculiares son adecuadas para ello. La gente que avanza por el sendero natural y más fácil, no sufre en absoluto con ello, ni tampoco lo que alcanzan al final es menos importante, pero el Sendero de la Iniciación está hecho sólo para ciertas personas, porque se trata realmente de un proceso forzado.

En lugar de desarrollarse muy gradualmente y de una manera relativamente fácil, el chela recibe ayuda para acelerar su propio crecimiento y para alcanzar prematuramente, por así decirlo, un conocimiento de su naturaleza espiritual.

Se establece una relación entre el discípulo o chela y el Adepto, que dirige a través del chela varias fuerzas ocultas que fuerzan su crecimiento.

Subba Row dice más adelante que Sri Sankaracharya, de quien HPB. habla en La Doctrina Secreta como del mayor iniciado de toda la historia, recomendaba el sendero natural, fácil y constante, a aquellos que le seguían y a sus sucesores en su labor en particular.

No hemos de imaginar que el Adeptado y la Iniciación sean acontecimientos fortuitos; son estrictamente un producto de la Naturaleza.

La Jerarquía de Adeptos tiene su función importante, que consiste en mantener abierto el Sendero hacia arriba por el que descienden las fuerzas necesarias para el crecimiento de la humanidad.

El proceso forzoso puede resultar fácilmente peligroso para los que no están preparados y a veces ocurre que uno de aquellos a los que se les ha hecho seguir el sendero de la Iniciación se aparta de él y sufre temporalmente.

Subba Row señala que "es eminentemente peligroso para quienes no poseen el talismán de una devoción totalmente altruista, generosa y auto-aniquiladora, hacia el bien religioso de la humanidad, una auto-abnegación que no tiene nunca fin.".

La iniciación no es el cumplimiento de una ambición personal espiritual ni la consecución de un estado de grandeza o la posesión de poderes extraordinarios que pensamos manejar en beneficio de la humanidad cuando en realidad puede ser el placer de manejar tales fuerzas la verdadera motivación.

La ambición espiritual es una contradicción en términos, y resulta extremadamente peligrosa para aquel que quiera hollar el Sendero.

Lo que se requiere, vamos a repetirlo, es "el talismán de una devoción perfectamente altruista, generosa y auto-aniquiladora, hacia el bien religioso (podríamos decir espiritual) de la humanidad".

Esta abnegación significa una auto-abnegación en acción, así como en motivo, y no consiste en decir " estoy dispuesto a practicar la auto-abnegación para poder conseguir algo". No poseéis auto-abnegación, si tenéis en cuenta hasta que punto experimentaréis contratiempo, sufriréis humillaciones, os colocaréis detrás de todo para poderlo conseguir todo.

No, tiene que ser "una auto-abnegación que no tiene nunca fin."

Son unas palabras muy hermosas que haríamos bien en llevar al corazón.

Subba Row sigue diciendo que sin este talismán el progreso del chela sea tal vez muy rápido durante cierto tiempo, pero llegará el momento en que su progreso hacia arriba quedará paralizado. Y por eso dice que es más sabio no buscar el sendero del discipulado, porque cuando uno busca siempre hay un motivo de egocentrismo en el yo.

Si vosotros, el yo, no existís en absoluto, ¿cómo podéis querer nada?

El chela no necesita buscar nada, porque el sendero no dejará de encontrar a la persona adecuada. Tal vez parezca descorazonador, pero es de hecho algo muy excitante: Uno no busca nada, ni siquiera el Sendero, ni la eminencia, ni la consecución, sino solamente dar de lo que uno tiene y si el Sendero os encuentra, pues muy bien, ya lo seguiréis. Y si no, ya os iréis desarrollando en el curso natural de las cosas. Es muy importante insistir en esto porque hay mucha gente que busca un guru, que quiere el adeptado y la Iniciación y que intentan ir avanzando de distintas maneras. Finalmente encontrarán que esta búsqueda no acaba con el éxito. Tal vez obtengan un cierto éxito, pero no en el sentido real.

El símil que se ha utilizado para describir el Sendero es el de un camino que va subiendo en sentido circular ascendente por una montaña hasta la cima. La gran mayoría de la humanidad están programados para irlo siguiendo, - la Cuarta Ronda, la quinta Ronda, etc., - y, finalmente, todos llegarán a la cima. Pero existe también la posibilidad de ascender directamente por la ladera escarpada, no por el sendero conocido, tomando un atajo que conduce a la cima.

Naturalmente es difícil. Si seguimos con este símil, el atajo directo se irá cruzando con el sendero que da las vueltas en varios puntos y cada uno de esos puntos de intersección puede considerarse como la señal de una de la Iniciaciones.

La Iniciación no está dirigida a la personalidad sino al Ego que está detrás de la personalidad y que presenta una nueva personalidad en cada encarnación. Es una apertura de la conciencia del Ego, que tiene varias posibilidades en el plano espiritual, pero que permanece dormido durante largo tiempo.
Naturalmente, todas esas posiciones acabarán por florecer y dar su fruto, y es posible, mediante ciertas fuerzas de las cuales podemos tener un concepto muy limitado, despertar esos poderes latentes.

El Ego es el individuo tal y como existe en el plano mental "superior", el plano de la mente que no está influenciado por distintas asociaciones y deseos materiales y que es la inteligencia pura. Puesto que esta es nuestra naturaleza espiritual a un cierto nivel, hemos de comprender esa naturaleza para averiguar cómo podemos forzarla a entrar en actividad.

La literatura teosófica nos da una cierta concepción de la constitución humana a distintos niveles: más allá del Ego a un nivel más profundo está la Monada, que es la esencia espiritual del individuo. Cuando tiene lugar la Iniciación, se dice que la Monada desciende hasta el Ego y se hacer una con él por el momento.

Estos dos niveles del ser se convierten en uno solo. Eso es lo que significa decir que la Mónada desciende al Ego. Aunque el Ego sea espiritual e incorruptible, la naturaleza más profunda que normalmente permanece quieta y apartada se pone en acción a través del Ego en el momento de la Iniciación cuando se ve sometida a ciertas fuerzas.

La idea superficial sobre la Iniciación es la de que una persona va a una sala especial, alguien viene y le dice varias cosas, después le dicen que se ponga una túnica diferente, se le da un talismán etc. Eso sería una visión muy pobre.

La Iniciación significa que el aspecto más profundo de uno mismo se acerca a la superficie, y la Mónada toma el voto a través del Ego.

Es en realidad un voto de auto-rendición, una resolución para darse completamente al servicio de la humanidad y de todo cuanto vive. No se administra desde fuera y es aceptada por varias razones; esa sería una manera mental de considerar todo el tema. En realidad el voto es una evolución del propósito más interno del mismo Ego. No se acepta simplemente diciendo que lo desarrollaréis según vuestra capacidad máxima, sino que significa un descubrimiento de vuestro propósito más interno, de vuestra naturaleza más interna. Es realmente un traslado de esa naturaleza a términos del intelecto o de la mente. Y hemos de considerar todo esto en los términos más naturales posibles; cuanto más natural parece una cosa más probabilidades tiene de ser cierta.

Pero mientras la Monada desciende al Ego, o podríamos decir que el Ego se unifica con la Monada, al mismo tiempo el Ego desciende a la personalidad. Hay un movimiento dual. No puede ser de otra manera, porque todos estos planos están relacionados entre sí, y si el Ego recibe ciertas fuerzas de una potencia tremenda, hasta cierto punto tienen que filtrarse hasta la personalidad.

No podemos comprender demasiado bien la relación que existe entre el Ego y la Monada; podemos pensar más fácilmente en la relación que hay entre el Ego y la personalidad. Cuando el primero desciende a la personalidad lo hace en su mejor expresión, más noble y más dignificado que normalmente.

Tiene una mayor profundidad, y expresa algo que no hace normalmente. Pero hemos de entender estas cosas en términos de nuestra experiencia real y no simplemente como un diagrama. El Ego puede describirse como un triángulo y la personalidad como un cuadrado y se establece una línea de conexión entre ellos; pero con ello no entendemos el significado que hay detrás del diagrama. Todos los símbolos y diagramas tienen como objetivo solamente servir de ayuda, y por esto hemos de intentar penetrar el significado interno de todo ello.

Cada uno puede solamente hacerlo por sí mismo y no se trata simplemente de tomar notas o de escuchar las palabras de otra persona.

Cuando se forma una conexión entre el Ego y la personalidad, hemos de recordar que ésta puede caer en desuso y bloquearse después, porque ésa es la naturaleza de todo cuanto pertenece a los tres mundo mortales.

Lo espiritual permanece incorrupto como canal y todo lo que fluye a través de ello sigue fluyendo. Pero en la naturaleza intelectual o psíquica el canal puede hacerse más grande y continuar funcionando o puede obstruirse. Siempre hay estas dos posibilidades respecto a nuestra naturaleza intermedia, la intelectual o psíquica y la naturaleza inferior, la material y física. Todo depende del individuo.

La palabra "iniciación" significa, "un principio". Conseguimos un contacto definido con nuestra naturaleza espiritual en la Primera Iniciación, primero con budhi después con atman.

Este principio es realmente como plantar una semilla. Después de conseguir un pequeño contacto, uno empieza a ser más consciente de esa naturaleza. La semilla crecerá y se convertirá en el Árbol de la Sabiduría. Ese es el significado de la palabra sánscrita vidya, nacido dos veces, una manera simbólica de referirse al nacimiento del cuerpo de una madre al mundo físico y al segundo nacimiento en espíritu.

¿ Qué nace en espíritu? Es la conciencia humana, o mente; también se denomina a esto el nacimiento de Cristo o la naturaleza crística en el corazón del hombre. Hay dos maneras de considerarlo: como el nacimiento de la conciencia en el reino del Espíritu o Verdad, o el nacimiento del Espíritu en la conciencia humana. Ambos son correctos.

La conexión establecida entre manas y lo que está más allá de manas, es decir atma-budhi, es el nacimiento de la conciencia en el reino del Espíritu, y también el nacimiento del Espíritu en el campo de la conciencia humana.

El nacimiento del Cristo, atma.budhi o el principio divino, significa que la naturaleza del amor-sabiduría nace en el corazón del hombre; la conciencia queda inundada con la cualidad de esa naturaleza espiritual. La misma palabra "nacimiento" implica un crecimiento por etapas hasta un punto que ha sido descrito como la totalidad de la talla del Hombre Perfecto.

Esto no significa en absoluto que el desarrollo se detenga después de ese punto. Sigue adelante, pero ésa es una etapa diferente, la del Hombre Perfecto o el Adepto.

La constitución del hombre representa siete principios compuestos.

El Perfecto Iniciado, el Adepto, es uno en el que la totalidad de los seis principios se funde en el séptimo. Así es como HPB. describe la realización en La Doctrina Secreta.

En la gente corriente los diferentes principios están desarrollados desigualmente y no están coordinados; y aunque están relacionados entre sí, la relación está lejos de ser perfecta. Pero el hombre Perfecto es uno en el que la totalidad de su naturaleza ha llegado a estar perfectamente integrada, unificada. Es, esencialmente, el séptimo principio manifestándose a diferentes niveles. cada uno de los seis principios se convierte en uno con el séptimo, y la naturaleza de atman es expresada por él a los distintos niveles de la mente, las emociones etc.

Cuando todos los principios inferiores quedan fundidos, no dejan de existir, pero quedan inundados con la cualidad del séptimo. Incluso a nivel del sexto, la naturaleza del séptimo queda expresada. Debido a que un Adepto se convierte en una expresión de su séptimo principio, el Espíritu en su naturaleza pura y universal, se convierte en uno de los agentes de la Naturaleza y en un miembro de lo que se llama la Jerarquía de los Adeptos. Cada Adepto es una expresión distinta a las demás del principio uno universal, pero hay una base común : están todos inspirados, informados y animados por el mismo Espíritu. La Jerarquía de los Adeptos es una comunión natural de Espíritus semejantes. Por esto en la iglesia cristiana usan la frase " la comunión de los Santos".

Esta Jerarquía de Adeptos es descrita por HPB "como un Árbol Baniano humano y siempre vivo", con una única raíz y ramas que se extienden cada vez más, pero perteneciendo siempre al mismo Árbol y de la misma raíz. Y al Jefe de la Jerarquía lo llama ella, "la Raíz -Base". También se le conoce como el Iniciador único.

En nuestro esquema de evolución, representa el séptimo principio, el más elevado y el más profundo de la naturaleza de esa Fuente muy profunda de donde fluyen las fuerzas que entran en la naturaleza del Ego, y producen ese resultado que se llama la Iniciación.

Por consiguiente, convertirse en un Iniciado es forjar un lazo con la Jerarquía, con todos los Adeptos, convertirse en parte de la Fraternidad que les incluye a todos ellos. Es sólo un principio, una entrada en un reino nuevo, pero incluso eso proporciona una cierta sensación de parentesco no sólo con todos los demás individuos que se ha hecho igualmente conscientes de la unidad, sino también con todas esas vidas que son todavía, en gran parte, inconscientes. Un Iniciado no sólo reconoce su fraternidad con otros Iniciados sino que se siente como un hermano con todas las cosas vivientes.

Si pensamos en la Iniciación como en un acontecimiento peculiar es difícil entenderla, pero si pensamos en un Iniciado como en alguien que está lleno del espíritu fraternal con todo cuanto vive, entonces logramos un verdadero entendimiento.

El Iniciado entra en el reino de la Vida donde ninguna vida es extraña a él, es un hermano de todo cuanto vive.

Naturalmente, esta Fraternidad existe principalmente al nivel en que los Hermanos son conscientes de su unidad.

Los iniciados en el plano físico, aunque pueden haber pasado por una experiencia que les ha asegurado la unidad de todo cuanto vive, sin embargo están dispuestos a olvidar esa unidad y actúan como individuos separados de los demás.

El Iniciado no es un hombre perfecto; es solamente un principiante en la vida espiritual. Pero a nivel búdhico, átmico, la unidad es un hecho vivo siempre presente; por consiguiente , la Fraternidad existe principalmente a esos niveles.

Cada Iniciación, y hay unas cuantas, es una entrada en un nuevo reino.

Hay una expansión de la conciencia que se hace más sensible y capaz de funcionar de varias maneras distintas. Esto también significa un conocimiento más profundo, una conciencia más amplia o realización de nuestra naturaleza espiritual.

Por consiguiente, esto requiere dejar a un lado las dudas, las ilusiones y las limitaciones, que no son más que trabas. Una limitación es la incertidumbre. Cuando alguien no sabe con certeza cuáles son las cosas importantes de la vida, no sabe como actuar.

Si una persona sufre de desilusiones, de ideas equivocadas, de prejuicios y fantasías, eso es también una traba, igual que lo son las diferentes reacciones equivocadas que no dejan de ser condicionantes. Hay que recordar que no tienen que suprimirse, ni las dudas, ni ninguna otra cosa.

Aunque una de las trabas sea la incertidumbre o las dudas y otra sea la superstición, el apartarlas no significa que cada vez que exista una duda tengáis que tratar de suprimirla, a menos de cometer un pecado. Al final, no se consigue nada suprimiéndola, lo cual no significa que tengáis que complaceros en ella. Todo cuanto se suprima volverá con nueva fuerza redoblada. Controlar algo con comprensión es muy diferente a suprimirlo, un acto que se hace a ciegas.

Lo que hace falta es liberarse de esas perturbaciones y trascender las limitaciones. Eso solo se consigue comprendiéndolas. Supongamos que un hombre sufra de avaricia, de lujuria, o de lo que sea, pero cuando comprende lo que significa, cómo aparece y actúa, y qué consecuencias tiene en su propia vida y en la vida de los demás, verá que es capaz de trascender la limitación particular.

El Señor Buddha habló de las cuatro Nobles Verdades, la última de las cuales se llamó " El Noble Sendero Octuple", que indica unos pasos para practicar o requisitos que cumplir.

El primero es la Visión correcta, ver las cosas adecuadamente y no según cómo a uno le gustaría que fueran o según nuestras fantasías o ilusiones.

Cuando veis las cosas adecuadamente, cuando comprendéis que no hay final para la ambición de ningún tipo, que la ambición se alimenta con cada indulgencia, que es una limitación, cuando comprendías su acción, y cómo aparece, esa misma comprensión os liberará de la ambición.

En cierto modo, la primera traba, llamada la ilusión del yo, lo incluye todo, y es lo más importante. Lo que queremos decir con el yo es una cuestión a considerar por cada uno.

En una de las Cartas de los Maestros, están las palabras, "sólo un invitado temporal cuyas preocupaciones son todas como un espejismo del gran desierto". Un espejismo existe durante cierto tiempo y después desaparece. El yo es igual.

Como hemos dicho, citando a HPB: el Adepto o el Iniciado Perfecto es aquel en quien todos los principios están fundidos en el séptimo, es decir, en el Espíritu uno y universal.

Si todo queda fundido allí, entonces, ¿a dónde está el yo?. No existe. Porque sólo existe el Espíritu uno y cada individuo es una manifestación única de ese Principio único y universal. Es en el entretiempo, a la espera de esa fusión o realización, que existe lo que llamamos el yo.

En el ocultismo se hace una distinción entre el yo y el Espíritu. El Espíritu es uno y universal, pero el yo es diferente. El espíritu es indestructible, perenne; ni nace ni muere; no reencarna, porque no es el principio reencarnante.

También se hace una distinción entre el Espíritu y el alma, si entendemos por alma el Ego que reencarna. El yo se identifica con uno u otro de ellos: a veces se usa como equivalente del Espíritu Uno y a veces del alma. Cada vez que se utiliza la palabra "yo", hemos de pensar en el contexto; de otro modo simplemente estaremos haciendo disquisiciones sobre las palabras.

La traba llamada superstición se interpreta, generalmente, como una creencia en los ritos y las ceremonias, pero esa es una visión muy superficial.

Todas las formas de dependencia de algo externo a uno mismo llevan a la superstición  Además de estas tres, hay dos trabas más de las que hay que librarse antes de llegar a la Cuarta Iniciación, la del Arhat, que son el apego y la ira.

Si estamos pensando en hollar el Sendero en estos términos, el tema se convierte en algo real para nosotros. Hollarlo significa que hemos de librarnos de todas estas trabas. Esto se explica por sí mismo e inmediatamente vemos la lógica de todo ello.

Después de las cuatro Iniciaciones, está la Quinta, la del Adepto, anterior a la cual hay algunas trabas de naturaleza más sutil que hay que abandonar, pero no necesitamos hablar de ellas aquí. Hemos de librarnos de estas trabas más burdas antes siquiera de empezar a comprender lo que son las otras más sutiles. Sabemos qué es la ira, o las antipatías, porque las hemos experimentado.

Pero ¿estamos seguros de que son una traba? Tal vez si estoy enfadado me siento mejor, y resulta estimulante estar enfadado, pero tengo que darme cuenta de que es una limitación, de que me lleva por el mal camino, de que produce malas relaciones con los demás, me ciega ante ciertas condiciones y abre el camino a una acción mecánica influenciada por el strees de la ira.

Hemos de darnos cuenta de todo esto nosotros mismos, absolutamente, silenciosamente, y entonces seremos capaces de acabar con esa traba.

Insisto, una y otra vez, en esta necesidad de darnos cuenta, porque creemos que cuando conocemos los nombres de unas cuantas cosas ya hemos alcanzado el conocimiento necesario. Creemos que si podemos repetir el Bhagavad Gita de memoria, ya somos santos, ¡ aunque los demás tal vez no se den cuenta!. Existe esta superstición de que simplemente sabiendo las palabras se pueden conseguir las cosas.

Las Cuatro Iniciaciones también están comentadas en el simbolismo cristiano, donde se las denomina : el Nacimiento de Cristo; el Bautismo; la Transfiguración; y la Cuarta, que es la Crucifixión y la Resurrección, combinadas.

Una maravillosa explicación aparece en Cristianismo Esotérico de Annie Besant sobre el simbolismo de los supuestos acontecimientos de la vida de Cristo. El nacimiento de Cristo es la apertura de la conciencia espiritual. El Bautismo es el descenso de las fuerzas a través de la apertura que se ha hecho, y que aporta la posibilidad de intercomunicación entre lo interno y lo externo.

Cuando estas fuerzas descienden, dan lugar a la Transfiguración de lo inferior por lo superior, un cambio completo en la naturaleza de la individualidad. La cuarta etapa de la muerte de todo cuanto queda, la misma esencia del yo, que es la causa de la continuidad y de los renacimientos repetidos.

El sentido de la yoidad, la esencia del yo, es realmente la causa del renacimiento. Cuando eso se disuelve, ¿ donde está el individuo?. Se ha convertido en nada, es decir en nada que se le pueda ocurrir, nada en términos de experiencia personal, "yo soy la persona que acepta o no, que actúa de una o de otra manera, que recuerda esto, siente aquello".

Están todos estos recuerdos de sí mismo, mediante los cuales me identifico. Pero esa identificación desaparece con aquella Muerte.

Al final de cada encarnación tenemos la muerte de los cuerpos físicos, astral y mental , pero eso no es una muerte total. Algo queda que produce la nueva personalidad, el karma pasado, los recuerdos y las tendencias pasadas.

La Cruxificación, la Muerte en la cuarta Iniciación es una muerte total, cuando el individuo queda por así decir, disuelto. Lo que resta es puramente espiritual. Esta muerte total es la contrapartida de una completa renovación, el resurgir de ave fénix o el ave del de sus cenizas. La individualidad es la misma pero renovada, algo que resulta, en parte, difícil de comprender.

La Iniciación es, como hemos mencionado, un proceso forzado; a veces un individuo puede desarrollarse de esa manera a la fuerza, para poder servir de ayuda. Es el único motivo que cuenta para los Maestros, los Adeptos. No les interesa glorificar a una persona por encima de las demás. Son uno con todas. Sería absurdo imaginar que porque una persona les prodiga un gran amor o reverencia la pusieran en un pedestal. Pero si esa persona puede estar preparada para ayudar a los demás, entonces tal vez valga la pena, con su consentimiento, desde luego.

El Maestro no llega y dice "Voy a desarrollarte". Pero si una persona ofrece forzar su propio desarrollo, entonces el Maestro puede actuar como un instrumento para dar la forma; puede ayudar y ser un accesorio. Parece algo permisible según las leyes del Karma.

Se dice que el Señor Buddha forzó Su propio desarrollo hasta un punto increíble. Estaba tan lleno de amor y de compasión, anhelando hacer lo posible por ayudar a los demás, que emprendió esta tarea extraordinaria difícil. Debe ser el único motivo para intentar un proceso de fuerza como este, pero el crecimiento para todos tiene lugar igualmente en el curso de la Naturaleza y todos finalmente llegaremos al mismo nivel , el mismo objetivo.

En Los Siete Principios del Hombre, de Annie Besant, leemos:

Mientras estemos situados en el vórtice de la personalidad, mientras las tormentas de los deseos y de los apetitos rujan a nuestro alrededor, mientras el oleaje de las emociones, nos vapulee de acá para allá, mientras la voz de los Manas superiores no lleguen hasta nuestro oídos; ni el fuego de los torbellinos, ni en los truenos de las tormentas, aparecen los mandatos del Ego; solamente cuando aparece la quietud de un silencio que puede sentirse, sólo cuando el hombre envuelve su rostro con un manto que cierra sus oídos incluso al silencio de la tierra, solamente entonces resonará la voz que es más silenciosa que el silencio, la voz de su verdadero Yo.

                                                                      N. Sri Ram