miércoles, 3 de abril de 2019

¿REALIDAD, OBJETIVA O SUBJETIVA?




Sujeto y objeto son evidentemente los dos extremos de una relación en la consciencia, la cual se identifica con el sujeto pero se da cuenta del objeto y lo exterioriza. El sujeto es el conocedor; y la mente con la que acopiamos y usamos el material de nuestro conocimiento (de lo que llamamos conocimiento), ha sido considerada siempre en India como un instrumento y, por tanto, un aspecto del conocedor y no el conocedor mismo. Cualquier clase de reacción a un objeto externo es parte de nuestra relación con él, y puesto que la vida incluye todas las reacciones, ninguna de ellas puede aislarse de las demás. De ahí que se entendiera que el conocimiento en cualquier sentido no puede separarse de todos los demás procesos cubiertos por el vivir y la manera de vivir.
            
La mente es en realidad un intérprete y no un conocedor. Al interpretar y presentar las cosas, puede, en su ignorancia, impedir el conocimiento de la verdadera índole y valor de las cosas, así como puede, cuando está iluminada, hacer resaltar y expresar esos valores. Pero a pesar de esta realización, en India misma la corriente del pensamiento filosófico no ha dejado de ramificarse y regarse por estériles arenales de movedizas construcciones y reconstrucciones mentales.
            
La Ciencia Occidental admite que ha tomado como de su incumbencia únicamente lo objetivo y lo material, limitando esta descripción a fenómenos físicos, tales como los que el sujeto consciente, en su nivel más bajo, puede observar. La cuestión de si la Realidad es subjetiva u objetiva se discute sin tener suficiente información acerca de las envolturas o cubiertas del sujeto y la posible profundidad de ellas, y también acerca de las extensiones internas del objeto con relación a esas envolturas.
            
El materialista, empleando ese término en un sentido literal, tiende a pensar que todo lo que no sea una experiencia común tiene necesariamente que ser irreal, una mera fantasía o alucinación individual. Puesto que el mundo objetivo de los sentidos es el mundo común a toda consciencia individual, es para él la única realidad. Por tanto, cualquier experiencia individual, tal como las de los místicos de todas las épocas, que trascienda esa realidad objetiva, o la eclipse, tiene que ser una ilusión, debida a al desorden del cerebro o del cuerpo. Sin embargo, debe notarse que el conocimiento de todo fenómeno natural, como lo analiza el moderno físico material, es un acto de interpretación puramente subjetiva, aunque el mismo fenómeno -por ejemplo, los movimiento de ciertas longitudes de onda y frecuencias- parezca producir los mismos, o aparentemente los mismos efectos sobre todas las consciencias que lo perciben.
            
El sentido de lo que es real es subjetivo para cada individuo, puesto que es su propia conciencia la que clasifica la experiencia al afirmar: “Esto es real para mí.” Cuando un objeto no está presente ante él, aunque continúe teniendo existencia objetiva, es menos real para él, pues su consciencia es incapaz de experimentar plenamente la naturaleza del objeto por el mero recuerdo de él. El recuerdo es una sombra pálida, comparado con la luz de la presencia tangible.
            
Puede decirse, entonces, que la realidad es psicológica, que es una cualidad perteneciente a una experiencia de la consciencia. Seguramente depende sólo de cierto estado de consciencia; pero no de cualquier estado. El sentido de realidad nace de la integridad de un estado en particular, así como de la profundidad y extensión de su conexión con todo cuanto ocupe o llene este estado. Por lo tanto, tiene que ser un estado armonioso e integrado, pues la Realidad más alta está en la más elevada forma de integración o armonía, la cual puede existir solamente en una comprensión total. Una experiencia así es vívida y convincente, pues trae consigo una calidad más profunda que la de las meras impresiones superficiales.

La cuestión íntegra de la Realidad se ha tratado como si no consistiera sino en determinar hasta qué punto la experiencia de un individuo se justifica por una causa excitante que existe objetivamente fuera de él. ¿Puede haber una experiencia interna válida, no provocada por una causa así? Cuando presentamos la cuestión de la justificación por una causa externa, se supone que todos los individuos tienen que reaccionar de igual o parecida manera a los objetos que consideramos como la causa; y no se deja margen para diferencias individuales en cuanto a sensibilidad y capacidad de percibir, y menos aún para peculiaridades individuales. Se les confina a todos dentro del mismo espectro de experiencia, siendo así que en realidad la tendencia total en el crecimiento de la consciencia es a introducir en su expansión más y más tintes intermedios, junto con colores que están por debajo y por encima de la gama común de la experiencia. De manera similar, en el caso de una experiencia interna, lo que uno percibe dentro de cierta esfera de sensibilidad o de sensaciones, no es perceptible dentro de otra.

            
Una frase de Beethoven, o de cualquier otro compositor de su categoría en Oriente o en Occidente, producirá en una imaginación musicalmente sensitiva una sensación de belleza exaltada, pero para otros sonará meramente como una ordenación de notas. ¿Es la experiencia de tal belleza, de la categoría de la Realidad, o es simplemente una cosa incidental? La sensación de la música, o el placer en ella, depende de una experiencia subjetiva de proporción y orden, que puede tener como medio el color o cualquiera otra sensación variable. La proporción y el orden crean la disposición de ánimo u otro efecto psicológico producido por la música. La experiencia consiste en cierta clase de respuesta, que tiene más de sentimiento que de cualquiera otra cosa; un movimiento de espíritu que casa con la relación en las notas y el orden y proporción en las frases musicales. Suponiendo que en un momento dado no hay sino una sola persona en todo el mundo con la capacidad de experimentar esa belleza musical, ¿quedaría esa experiencia invalidada por el hecho de estar él en una minoría de uno?
            
Si la Realidad es subjetiva, ¿cómo se relaciona lo subjetivo con lo objetivo? Seguramente esto depende del eslabón conectante, el cual debe ser objetivo-subjetivo; no simplemente una consciencia que esté objetivamente consciente, pues en ese caso nos daríamos cuenta solamente de vibraciones. Lo que llamamos Realidad debe incluir respuestas a vibraciones que están más allá de la escala de nuestros sentidos actuales, respuestas que pueden ser sentimientos sutiles; como también lo que la consciencia afectada es capaz de extraer de esas respuestas.
            
Si la Realidad es subjetiva, ¿cómo se relaciona lo subjetivo con lo objetivo? Seguramente esto depende del eslabón conectante, el cual debe ser objetivo-subjetivo; no simplemente una consciencia que esté objetivamente consciente, pues en ese caso nos daríamos cuenta solamente de vibraciones. Lo que llamamos Realidad debe incluir respuestas a vibraciones que están más allá de la escala de nuestros sentidos actuales, respuestas que pueden ser sentimientos sutiles; como también lo que la consciencia afectada es capaz de extraer de esas respuestas.
            
Puede haber una infinidad de sensaciones posibles, dependiendo en parte de las vibraciones y en parte de la naturaleza del órgano interno. ¿El secreto de la sensación depende de la continuidad, resultado de frecuencia y sucesión, o depende solamente del ritmo establecido por la onda simple?
            
Es un pensamiento fascinador, que no puede descartarse como simple fantasía, el de que un tipo diferente de órgano podría dar una traducción en un lenguaje diferente; es decir, en sensaciones diferentes que podríamos creer que no existen dentro del presente esquema de cosas. Puede uno imaginarse una ejecución de fragancias, comparable a una melodía o armonía. Se nos dice que en un plano más elevado la consciencia ve, oye, toca y siente, todo a la vez. Filosóficamente podemos ver que tiene que haber una síntesis de lo diferenciado. Así,  pues, puede haber una impresión total, en forma de un orden instantáneo de armonía que debe ser, hablando en términos físicos, una multiplicidad de sentidos, sonido, color, etc., todo al mismo tiempo, y que posiblemente incluya también sensaciones desconocidas aquí abajo.
            
Toda esta cuestión de si la Realidad es objetiva o subjetiva se mira con el telescopio al revés cuando se la discute sobre el supuesto de que lo objetivo es la única realidad, y lo subjetivo no es sino efímeras nubes formadas en el cerebro.
            
La mayoría de la gente del mundo considera que una sustancia material sólida es más real que un pensamiento, una emoción o un sentimiento, porque esa sustancia es permanente, mientras que las otras experiencias son transitorias, y la sustancia ofrece cierta resistencia que da la impresión de realidad. Pero aún así, la experiencia de esa sustancia, tal como es, es un fenómeno subjetivo; es una modificación de la consciencia. No es cosa inconcebible que pueda haber un fenómeno puramente subjetivo, proveniente de una iniciativa interna, que tenga la misma cualidad convincente que un objeto material.
            
En la sensación de realidad que la consciencia receptora otorga a las posibles experiencias infinitamente diversas, ¿no existirán grados algunos de ellos capaces de eclipsar y casi desalojar a otros? Es obvio que estos grados dependen de la vivacidad o intensidad de las experiencias, de la medida en que afectan toda nuestra naturaleza y ser. La palabra misma “real” implica un sentimiento subjetivo o un juicio. Puede que en la balanza de la consciencia ocurra un juicio de realidad que pese más que un sentimiento particular. Entre dos cosas podemos decidir: “Esta es más real”, ya sea porque respondamos más intensa y vívidamente a ella, o por que sea más permanente y respondamos a ella más continuamente. En todo caso, nuestra consciencia es el juez (un juez de ánimo muy variable), y su juicio lo da de acuerdo con la experiencia y la comparación de experiencias, cada una de las cuales es real en su lugar y dentro de sus límites. Si esto es así, entonces existen grados de realidad, aunque estos grados varíen teóricamente entre los límites de lo infinito y del cero o la nada.
            
Concedido que puede haber grados de realidad en las experiencias, ¿cuál es el grado más elevado que podemos concebir? Aparte de los testimonios que tenemos sobre esta cuestión, podemos ver que si existe en alguna parte de nuestra consciencia una experiencia de un Principio del cual se deriva la índole interna de todas y cada una de las cosas (índole que corresponderá en cierto grado con su aspecto externo), esa experiencia incluirá no solamente la índole subjetiva de todas las cosas, sino también posiblemente una unidad dentro de ellas perteneciente al conjunto, e irrealizable en las partes. Sería una experiencia que no podría compararse con ninguna otra, y sólo sería posible esta experiencia si hay algo en nosotros, en nuestra consciencia o alma, capaz de tocar o ser afectado en algún grado por ese Principio universal. Puesto que este último le imparte a cada cosa su calidad interna, la calidad de la vida que mora en él, o de su conciencia latente o parcialmente despierta, cada uno de nosotros también obtiene del mismo Principio la calidad de su individualidad.
            
La experiencia de ese Principio universal (podemos llamarlo Ser, pues toda existencia se deriva de él) puede llegarle a cada uno solamente en aquel punto al que se haya elevado su desarrollo subjetivo o su consciencia interna. Puede, quizá, llegar solamente en ciertos aspectos a los cuales él sea individualmente receptivo. Puede ser sólo fugaz y parcial, el toque más leve posible. Pero sea cual sea la forma de esta experiencia, toque o encuentro, llevará consigo su propia autenticidad, y aunque el mundo entero rechace con desdén su realidad, será realidad para el individuo mismo. Una experiencia así sería completamente subjetiva, en el sentido de que no puede compartirla con nadie más; pero objetiva también, porque abarcaría tanto la consciencia interna como la naturaleza externa, o sea lo que podríamos llamar el sujeto y el objeto del conjunto, que son los lados inseparables de toda manifestación singular.

            

El abismo que parece haber entre lo subjetivo y lo objetivo es semejante al que hay entre uno mismo y los demás. Pues en nuestras constituciones externas estamos separados y somos diferentes, y la unidad sólo se encuentra remotamente adentro. Pero la sensación de esa unidad va definiéndose más, a medida que nos retiramos dentro de nosotros mismos, es decir, dentro de la esfera de una percepción más refinada, alejándonos de la identificación con las cosas externas. Nuestro sentido de la realidad depende de la medida de nuestra consciencia de la unidad, pues la realidad es la unidad que penetra el corazón de todas las cosas diversas.

            
Nadie puede decir cuál es la naturaleza de la experiencia que es la realidad, excepto los que la conocen, y ellos no pueden comunicarla a otros. Sólo tenemos palabras para las cosas que hemos experimentado en común con otros. Aun para los que conocen una realidad que trasciende mucho a nuestras experiencias más elevadas, puede ser que en gran parte la Realidad sea lo Desconocido. Pero desde el punto de vista de la metafísica que busca resumir todo lo que sabemos del universo en términos de la vida y la consciencia en cada cosa, la experiencia de la unidad debe ser también la experiencia de la totalidad de las cosas, en aquel aspecto en que tal resumen es posible, o sea en el aspecto que está abierto a la Unidad, aunque esté interpretada en diferentes maneras. Ese aspecto es un aspecto de consciencia o percepción cabal que hay en todas las cosas, en el cual (como lo vemos en nosotros mismos) existen a la vez unidad y diferencia, vida y limitación, dando lugar a lo que llamamos lo subjetivo y lo objetivo en nuestra experiencia.
            
Si la unidad es un resumen de todas las cosas, su experiencia debe incluir la experiencia de toda suma parcial; todos los subtotales inclusos en el gran total. Para una consciencia libertada de la servidumbre del tiempo tal como lo experimentamos en nuestro cerebro, todos los sucesos o experiencias ocurrirían simultáneamente. La totalidad de su comprensión debe incluir todo cuanto puede extraer de sus experiencias con su innato sentido de orden y belleza y su genio para la composición. Si un millón de notas diferentes pueden estar simultáneamente presentes en una consciencia, toda la música que se pueda componer con esas notas, y toda la música que pueda estar presente en esas notas -esperando sólo la batuta mágica que le dé nacimiento- sería para esa consciencia la realidad más gloriosa. La experiencia de todos los objetos posibles subjetivamente, es decir, desde adentro, y desde adentro hacia afuera hasta el límite de su objetividad o manifestación; más la realización de los valores en toda construcción que pueda levantarse sobre ella; y la naturaleza de todo orden o ilación que pueda crearse con ella, todo esto constituiría la totalidad subjetiva-objetiva para la entidad que tuviera tal experiencia.
            
La Ciencia subjetiva, o la Ciencia del Ser, como se la ha llamado en India, ve en el sujeto o en el ser que experimenta, -que está aprisionado como entidad imperecedera y evolucionante en su marco perecedero- la posibilidad de una extensión por nodos ascendentes, desde cada uno de los cuales contempla objetos externos en un campo más amplio, con extensiones semejantes, que resplandecen con luces diferentes, y que provocan en el sujeto una multitud de nuevos significados.
            
Hasta que podamos responder con la extensión total de nuestro ser, con la escala íntegra de nuestro ser, a todo cuanto ese ser pueda abarcar dentro del campo de su acción y de su conocimiento directo, no poseeremos la experiencia y los datos necesarios para formarnos un concepto de qué es lo Real, fuera de los lugares comunes conocidos. Hasta que podamos responder así, la Realidad no puede ser para nosotros sino un término, con ciertas asociaciones derivadas de nuestras limitadas experiencias, pero un término que cubre abismos de significados desconocidos e insospechados.
            
Resumiendo nuestro actual conocimiento de lo que puede ser la Realidad -no de lo que la Realidad es-, la Realidad debe estar en una experiencia más convincente que cual quiera otra. Esa experiencia debe ser un conocimiento de las cosas como son; de uno mismo y de los demás. Pero esta última distinción no existe en realidad puesto que el Ser más íntimo de uno mismo y el de los de más es una sola y misma cosa. El conocimiento real no se limita a la forma externa, sino que incluye sus extensiones internas y la vida inmanente en ella.

            
Cada forma distinta está destinada a expresar su propia y específica cualidad de vida. Para que el conocimiento de una cosa sea perfecto y completo, debe incluir, o mejor, debe consistir primordialmente en un conocimiento de esa cualidad, la cual está en la naturaleza de la entidad síquica que esa cosa es internamente. Por consiguiente, el conocimiento no es meramente intelectual, si no que debe tener la cualidad de captación que pertenece a la psique, es decir, la cualidad de sentimiento o apreciación. En el verdadero conocimiento se entrefunden impersonalmente el pensamiento y el sentimiento. Puesto que la naturaleza interna de una cosa debe ocupar su forma externa, el conocimiento de esa naturaleza interna debe incluir el conocimiento de esa forma, así como también el conocimiento de todas las manifestaciones de la vida dentro de la forma. Si el ser más íntimo de cualquier cosa es una sección del Ser universal, el conocimiento de este último, o de la Unidad, debe traer consigo el conocimiento de la multiplicidad, o sea, de todas las particularidades, y la relación entre lo universal y las particularidades. Tal conocimiento múltiple se presta a innumerables formas de síntesis, cada una con su expresión natural en la evolución.
            
Una síntesis es una unidad, y la unidad inviste a las partes con un significado que no estaba presente en ellas. De este modo, en el proceso de la evolución, que visto de otra manera es un desenvolvimiento, nace a la luz una multitud de significados ocultos -ocultos pero existentes desde el principio-. Nada significativo aparece en la evolución, que no estuviera ya allí desde el principio mismo. De este modo toda la poesía, la, belleza, la maravilla y el significado que sucesivamente y en grado creciente se va desenvolviendo en cualquier proceso o esquema de evolución, está presente en los elementos de ese esquema -su tattva y tanmatra- y en la unidad que desempeña su papel por medio de esos elementos.
            
La Realidad, aunque única, se manifiesta por grados; pero en cada grado como un todo, suficiente para sí. Desde este punto de vista, la experiencia de la realidad es una experiencia del todo -un todo en significación-, y no meramente como una composición de partes. La realidad que está en el todo se expresa en cada parte completa, la cual es también un todo en si misma. Imaginar que la realidad está a un lado y lo irreal en el otro, separados por un abismo infranqueable, tal como podemos concebir que existe entre el Absoluto y lo relativo, puede representar cierta verdad en una aguda distinción entre las dos, pero no es la verdad completa de la experiencia práctica.
            
Si bien la realidad yace en un orden que es una armonía y que tiene significado, ese orden está rodeado de caos, el cual está en proceso de reducirse o de incorporarse en ese orden. En el grado en que una sección del orden total esté completa, y la idea oculta en ella esté manifestada, ya sea en un individuo o en un grupo natural, la realidad está representada allí y puede ser experimentada en la plenitud y belleza de esa sección.
            
La existencia de un infinito número de secciones en una serie ascendente, haría de la búsqueda de la Realidad una empresa interminable. Si Dios es la Realidad, tocamos la Realidad cuando tocamos la Naturaleza Divina. Pero podemos navegar en El -es decir, en esa Naturaleza- infinitamente, sin alcanzar jamás la otra orilla. El es el océano sin orillas, de pensamiento y sabiduría, que jamás puede ser sondeado, El es lo inconmensurable, cada una de cuyas diversas medidas tiene que ser justa y perfecta; y hay una medida de Su Ser en cada simple unidad de la creación.


 N. SRI RAM


martes, 2 de abril de 2019

CRISTIANISMO ESOTÉRICO - EL CRISTO HISTÓRICO




En el primer capítulo hablamos ya de la identidad de todas las religiones del mundo, y vimos que el estudio de esta identidad, por lo que se refiere a creencias, simbolismo, ritos, ceremonias, historias y fiestas conmemorativas, ha producido una escuela moderna que asigna a todo ello un origen común: la ignorancia humana, y la explicación primitiva de los fenómenos naturales. De esta identidad se han sacado armas para herir de muerte a cada religión en particular; y los ataques más rudos contra el Cristianismo y contra la existencia histórica de su fundador han partido de este campo. Así es que para hacer el estudio de la vida de Cristo y de los ritos del Cristianismo, de sus sacramentos y de sus doctrinas, resultaría fatal la ignorancia de los hechos tal cual se presentan ordenados por los autores de Mitología Comparada. Bien comprendidos, pueden ser de provecho más bien que dañosos.

Hemos visto que los Apóstoles y sus sucesores interpretaban el Antiguo Testamento con la mayor libertad, atribuyéndole un sentido alegórico y místico, mucho más importante que el histórico, aunque no negasen éste en modo alguno; y no hacían escrúpulos de enseñar al creyente instruido que algunas de sus narraciones, históricas al parecer, eran en realidad puramente alegóricas. En ningún otro caso, quizá, es más necesario hacerse de esta inteligencia, que cuando se trata del estudio de la historia de Jesús, llamado el Cristo; pues si no desenredamos los enmarañados hilos, y no vemos dónde han sido tomados los símbolos como sucesos y las alegorías como historias, perderemos la mayor parte de la instrucción encerrada en el relato y mucho de su rarísima belleza. 

Nunca insistiremos lo bastante en afirmar que el Cristianismo tiene que ganar y nada que perder, añadiendo a la fe y a la virtud el conocimiento, conforme lo ordenaron los Apóstoles (1). Temen los hombres que el Cristianismo se debilite si se le mira a la luz de la razón, y consideran "peligroso" el admitir que los sucesos que se han considerado históricos, tienen el alcance más profundo de un significado mítico o místico. Pero es al contrario, pues se fortalece; y el que así lo estudia, ve con alegría que la perla de gran valor brilla con una luz más clara y más pura, cuando se la despoja de la cubierta de ignorancia, y saltan a la vista sus múltiples matices.

Hay al presente dos escuelas, diametralmente opuestas, que sostienen una contienda acerca de la historia del gran Maestro hebreo. Según una, los relatos de su vida sólo contienen mitos y leyendas creados para explicar fenómenos naturales: restos de un método pintoresco de enseñanza de ciertos hechos de la Naturaleza, encaminado a imprimir en las mentes incultas determinadas clasificaciones de acontecimientos naturales, importantes en sí mismos, y que se prestaban a la educación moral. Forman los que así opinan; una escuela bien definida, en la que figuran hombres de gran erudición y elevado entendimiento, en derredor de los cuales se amontona una turba menos instruida, que se pronuncia con cruda vehemencia, aportando las teorías más destructoras.

A esta escuela se opone la de los cristianos ortodoxos, que sostienen que la vida entera de Jesús es histórica, sin mezcla de leyendas ni de mitos. Afirman que se trata de la historia de un hombre que nació hace diecinueve siglos en Palestina, y que pasó por todas las vicisitudes y acontecimientos expresados en los Evangelios, sin que la narración tenga otro significado que el de una vida divina y humana.

Están, pues, las dos escuelas en completo antagonismo, asegurando la una que todo es leyenda, y declarando la otra que todo es historia. Median entre ellas pensadores de muchos y diversos matices, que en general son llamados "librepensadores", los cuales consideran la narración de aquella vida, legendaria en parte, y en parte histórica, pero no ofrecen método alguno definido y racional de interpretación, ni alguna explicación adecuada del complicado conjunto. Y asimismo encontramos dentro de la comunión cristiana un número considerable y siempre creciente de fieles y devotos creyentes, cuya inteligencia es refinada, su fe ardiente y sus aspiraciones sinceramente religiosas, y que ven en la narración de los Evangelios algo más que la historia de un solo y particular Hombre divino. 

Al defender su posición, en lo que se refiere a las escrituras recibidas, declaran que la historia de Cristo tiene un sentido más profundo y trascendental que el que aparece en la superficie, y aún sosteniendo el carácter histórico de Jesús, afirman que EL CRISTO es más que el hombre Jesús, y que tiene un significado místico. En su apoyo mencionan frases tales como la de San Pablo, donde dice: "Hijitos míos que vuelvo otra vez a estar de parto de vosotros hasta que Cristo sea formado en vosotros" (2); y es notorio, en verdad, que en este pasaje no pudo referirse San Pablo a un Jesús histórico, sino a cierta florescencia del alma humana, que para él constituía la formación de Cristo en ella. Este mismo maestro declara también que, aunque había conocido a Cristo según la carne, en adelante no volvería a conocerle más así (3); con lo que sin duda daba a entender que, si bien reconocía al Cristo de carne -a Jesús-, había alcanzado, sin embargo, un punto de vista más alto, desde el cual el Cristo histórico le aparecía en la penumbra.

Este es el punto de vista tras el que andan muchos en estos nuestros tiempos; suspensos frente a los hechos puestos en claro por la Mitología Comparada, perplejos a la vista de las contradicciones contenidas en los Evangelios y confundidos al reconocer su incapacidad para resolver tales problemas, mientras permanezcan ligados al mero superficial sentido de las Sagradas Escrituras, gritan desesperadamente proclamando que la letra mata y que sólo el espíritu vivifica; y, entretanto, ponen todo su esfuerzo en rastrear algún significado amplio y profundo en una narración tan antigua como las religiones del mundo, y centro y vida de cada una de ellas, conforme han ido apareciendo. Estos asendereados pensadores, demasiadamente indefinidos y desligados entre sí para que pueda considerárseles formando escuela, tienden una mano a los que juzgan que todo es leyenda, sugiriéndoles la aceptación de una base histórica; la otra tienden a sus compañeros cristianos, avisándoles del peligro que corren, y que aumenta por días, de que se pierda por completo el sentido espiritual, si continúan apegados a la mera significación literal, indefendible ya frente a los conocimientos invasores de la edad en que vivimos. 

Hay peligro de que se pierda "la historia del Cristo", juntamente con la idea del Cristo, que ha sido la inspiradora y ha servido de arrimo, así en Oriente como en Occidente, a millones de almas nobles, sean cuales fueren los nombres con que al Cristo se conozca y las formas en que se le adore. Sí, se corre el riesgo de que la perla de gran precio se escape de nuestras manos, y quede el hombre por siempre más pobre.

Para desvanecer el peligro, es necesario desenredar los diferentes hilos de la historia del Cristo y colocarlos uno al lado de otro con la debida separación: el hilo de la historia, el hilo de la leyenda, el hilo del misticismo. Los tres fueron torcidos en una sola cuerda, para confusión de los hombres pensadores; mas, al desenredarlos, nos encontramos con que la narración se hace más valiosa con el conocimiento que se le añade; y mientras más clara sea la luz que se arroje sobre ella, tanto mayor será su belleza, como pasa con todo lo que tiene la verdad por fundamento.

Estudiaremos primero el Cristo histórico, después el Cristo mítico. Y en tercer lugar el Cristo místico, y veremos que al Jesucristo de las Iglesias lo forman elementos sacados de todos ellos. Todos entran en la composición de la grandiosa y patética figura que domina los pensamientos y emociones de la Cristiandad: el hombre de las amarguras, el Salvador del mundo, el amoroso Señor del género humano.

EL CRISTO HISTÓRICO O JESÚS EL SANAOOR y EL MAESTRO


El hilo de la narración histórica de la vida de Jesús puede desenredarse sin gran dificultad de los demás con que se halla entretejido. Para este estudio debemos utilizar la ayuda que pueden prestarnos esos anales del pasado que son capaces de comprobar las personas experimentadas en su averiguación, anales de los que se han extraído y publicado ciertos detalles relativos al Maestro hebreo, por H. P. Blavatsky y por otros peritos en la investigación oculta. Ahora bien; esta palabra "perito", con relación al Ocultismo, es a propósito para suscitar una recusación en el ánimo de muchos. Sin embargo, sólo indica una persona que por sus estudios especiales y por su especial educación, ha acumulado conocimientos especiales también y ha desarrollado facultades o poderes que le permiten emitir una opinión, fundada en su propio conocimiento individual sobre el asunto de que se trata. 

Así como calificamos a Huxley de perito en biología, al Mayor Wrangler de perito en matemáticas, y a Lyell de perito en geología, de igual modo podremos muy bien llamar perito en Ocultismo al individuo que, por haber primero dominado intelectualmente ciertas teorías fundamentales de la constitución del hombre y del universo, y por haber después desarrollado en sí mismo ciertos poderes que están latentes en todos los hombres -y que pueden desenvolverse por los que se dedican a estudios apropiados-, adquiere facultades que le ponen de manifiesto los procesos más obscuros de la Naturaleza. Así como un hombre puede nacer con disposiciones para las matemáticas, y, ejercitándolas año tras año, puede aumentar enormemente su aptitud, asimismo puede nacer un hombre con ciertas facultades que corresponden al Alma, las cuales le es dado desarrollar por medio de la educación y de la disciplina. 

Si después de desarrolladas, las aplica al estudio del mundo invisible, este individuo llega a ser perito en la Ciencia Oculta, y puede, a voluntad, pasar revista a los anales a que antes me he referido. Semejante revista se halla tan fuera del alcance del hombre vulgar, como lo está un libro escrito con los símbolos de las altas matemáticas, respecto a los profanos en tales ciencias. Nada hay exclusivo en el conocimiento, salvo en lo que toda ciencia es exclusiva; los que nacen con una facultad y la educan, pueden dominar la ciencia que le sea apropiada, al paso que los que vienen a la vida sin facultad alguna o los que, poseyéndola, no la desarrollan, tienen que contentarse con permanecer ignorantes. Estas son las reglas para obtener el conocimiento en todo: lo mismo en Ocultismo que en cualquiera otra ciencia.

Los anales ocultos, en parte confirman la narración de los Evangelios y en parte no; nos muestran la vida de Jesús, y de este modo nos facilitan el separarla de los mitos que con ella están entrelazados.
El niño, cuyo nombre judío se ha transformado en el de Jesús, nació en Palestina 105 años antes de nuestra Era, siendo cónsules Publio Rutilio Rufo y Gnae Mallio Máximo.

Sus padres, de linaje distinguido, aunque pobres, le educaron en el conocimiento de las Escrituras hebreas. Mas su ferviente devoción y su gravedad, que no emparejaba con sus años, resolvieron a aquéllos a dedicarle a la vida religiosa y ascética; y como poco después, en una visita que hizo a Jerusalén, mostrase su extraordinaria inteligencia y su afán de saber, yendo en busca de los doctores del templo, le enviaron a adquirir la enseñanza de una comunidad de esenios que habitaba el desierto meridional de Judea. A la edad de diecinueve años entró en el monasterio esenio situado en las proximidades del Monte Serbal, instituto muy visitado por los sabios que desde Persia y la India iban a Egipto, y donde existía una magnífica biblioteca de obras ocultas, indas muchas de ellas, de las regiones más allá del Himalaya. Desde este lugar de místico saber, pasó más tarde a Egipto. 

Había sido plenamente instruido en las doctrinas secretas que constituían entre los esenios la verdadera fuente de vida; y en Egipto fue iniciado como discípulo de esa sublime Logia de donde salen los Fundadores de todas las grandes religiones, pues Egipto ha seguido siendo uno de los grandes centros que hay en el mundo, para la guardia de los Misterios verdaderos de los cuales sólo son débiles y lejanos ref1ejos todos los Misterios semi-públicos. 

Los Misterios historicamente calificados de egipcios eran sombras de los asuntos de que realmente se trataba "en la Montaña", y allí fue consagrado el joven hebreo de un modo solemne que le preparó para el Sacerdocio Regio, a que llegó más tarde. Era su pureza tan sobrehumana y tan grande su devoción, que en su edad viril, llena de gracia, aventajaba con mucho a los severos y algún tanto fanáticos ascetas con quienes se había educado, derramando entre los adustos judíos que le rodeaban, la fragancia de una sabiduría suave y tierna, corno rosal que plantado por modo extraño en un desierto, esparciera sus perfumes sobre la estéril llanura. La majestuosa gracia y hermosura de su nítida pureza formaban en torno suyo radiante aureola, y sus cortas palabras, dulces y amorosas, despertaban aún en los más duros temporal gentileza, y en los más rígidos pasajera ternura. Así vivió veintinueve años de vida mortal, creciendo de gracia en gracia.

Con pureza y devoción tan sobrehumanas, estaba en condiciones para servir de templo a un Poder más elevado, para ser la morada de una Presencia poderosa. Había sonado la hora de que se realizase una de las Manifestaciones Divinas que de tiempo en tiempo vienen en auxilio de la humanidad, cuando -para apresurar la evolución espiritual se necesita un nuevo impulso, cuando la Aurora de una nueva civilización va a despuntar. Estaba entonces el mundo occidental en la matriz del tiempo, a punto de nacer, y estaba la superraza teutónica dispuesta a empuñar el cetro del imperio que se caía de las manos trémulas de Roma; pero antes que emprendiese su jornada, debía aparecer un Salvador del Mundo y colocarse junto a la cuna del Hércules niño y bendecirlo.

Un poderoso "Hijo de Dios" debía encarnar en la tierra, un Instructor supremo, "lleno de gracia y de verdad" (4), que poseía la Sabiduría Divina en su más plena medida, que era en realidad "el Verbo" encarnado, Luz y Vida desbordadas, Fuente positiva de Aguas vivas. Señor de Compasión y de Sabiduría -éste era Su nombre-, que desde Sus estancias en los Lugares Ocultos bajó al mundo de los hombres.

Mas necesitaba un tabernáculo terrestre, una forma humana, el cuerpo de un hombre. ¿Quién más a propósito para ceder su cuerpo con voluntad y alegría, en servicio de Uno ante el cual ángeles y hombres se humillaban con la más profunda reverencia, que este hebreo, el más noble y puro entre "los Perfectos", cuyo cuerpo y alma inmaculados eran lo mejor que la humanidad podía ofrecer? 
El hombre Jesús se entregó voluntario al sacrificio, "se ofreció sin mancha" al amante Señor, que tomó para sí aquella forma pura como tabernáculo, y vivió en ella tres años de vida mortal.

En las tradiciones contenidos en los Evangelios se encuentra esta época señalada por el Bautismo de Jesús, cuando se vio al Espíritu "que descendió del cielo como paloma y reposó sobre El" (5), y una voz celestial le proclamó el Hijo muy amado a quien los hombres debían prestar oído. Y era él, en verdad, el Hijo amado en quien el Padre tiene su complacencia (6) ; y desde entonces "comenzó Jesús a predicar" (7), y fue aquel grande misterio: "Dios se ha manifestado en la carne" (8). Mas no fue único en ser Dios, porque: "¿No está escrito en vuestra ley; Yo dije, Dioses sois? Si dijo Dioses a aquellos a quienes fue dada la palabra de Dios, y la escritura no puede ser quebrantada, ¿a mí, a quien el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?" (9). De cierto, todos los hombres son Dioses por el Espíritu que llevan dentro; pero no en todos está manifestado el Dios supremo como lo estaba en aquel su muy amado Hijo.

Esta Presencia manifestada puede llamarse correctamente "el Cristo," Ella fue quien vivió y anduvo por las colinas y llanuras de Palestina, bajo la forma del hombre Jesús, enseñando, curando enfermos y reuniendo en torno suyo como discípulos algunas almas más desarrolladas. El encanto extraordinario de Su Amor Real, que irradiaba de Sí como el Sol sus rayos, atraía a Su lado a los que sufrían, a los fatigados, a los oprimidos; y la magia tierna y penetrante de Su gentil sabiduría purificaba, dulcificaba y ennoblecía aquellas vidas que se ponían en contacto con la Suya. 

Enseñaba con parábolas y luminosas imágenes a las ignorantes multitudes que alrededor de El se apiñaban, y, haciendo uso de las facultades del Espíritu en libertad, sanaba muchos enfermos con la palabra y el tacto, multiplicando las energías magnéticas de Su cuerpo puro con la fuerza impulsiva de Su vida interna. Rechazáronle Sus hermanos esenios, entre los cuales trabajó al principio, porque comunicaba a las gentes la sabiduría espiritual -en la historia de la tentación están sintetizados los argumentos empleados en contra de Su vida dedicada a una obra de amor-, la sabiduría espiritual que ellos guardaban con orgullo como su secreto tesoro, y porque su amor anchísimo, dirigido siempre al Yo Divino, presente así en los elevados como en los humildes, atraía dentro de su esfera a los degradados ya los proscriptos. 

Por esto vio muy pronto cómo se condensaban sobre Su cabeza las negras nubes de la sospecha y del odio. Los instructores y gobernantes de Su nación vinieron presto a mirarle con celos y rabia; Su espiritualidad era la constante censura de su materialismo; Su poder, la continua, aunque muda, prueba de su impotencia. Tres años habían transcurrido apenas de Su bautismo, cuando estalló la tempestad que venía formándose, y el cuerpo humano de Jesús sufrió castigo por llevar en sí la gloriosa Presencia de un Instructor sobrehumano.

El pequeño círculo de discípulos escogidos que había elegido como guardadores de 'Su enseñanza, fue privado así de la presencia física de su Maestro, antes que le fuese dado asimilarse Sus instrucciones; pero eran ellos almas avanzadas de elevado tipo, aparejados para el aprendizaje de la Sabiduría, y aptos para transmitirla a hombres de menores vuelos. Entre todos, el más abierto a la enseñanza fue aquel "discípulo que Jesús amaba", joven, entusiasta, ferviente, profundamente devoto de su Maestro y coparticipe de Su espíritu de amor amplísimo. En la centuria que siguió a la desaparición de Cristo del mundo físico, fue el representante de la devoción mística que va tras el éxtasis, tras la visión divina, tras la unión con lo Supremo; mientras que el último gran Apóstol, San Pablo, representó el aspecto de la Sabiduría de los Misterios.

El Maestro no olvidó la promesa que les hizo de venir a ellos después que el mundo hubiese dejado de verle (10), y por más de cincuenta años les estuvo visitando con Su cuerpo sutil espiritual, prosiguiendo las enseñanzas que había comenzado cuando entre ellos vivía, y adoctrinándolos en el conocimiento de las verdades ocultas. Ellos vivieron bastante tiempo reunidos en un lugar apartado de los confines de Judea, sin llamar la atención entre las muchas comunidades aparentemente similares de aquel entonces. Estudiaban las profundas verdades que El les enseñaba, y adquirían "los dones del Espíritu”.

Estas instrucciones íntimas, comenzadas en su vida física y continuadas después de abandonado el cuerpo constituyeron el fundamento de los "Misterios de Jesús", que hemos visto en la historia de la Iglesia primitiva, y que formaron su vida interna: núcleo a que se fueron adhiriendo los materiales heterogéneos que al cabo formaron al Cristianismo eclesiástico.

En el notable fragmento, llamado Pistis Sophia, figura un documento del mayor interés, el cual se refiere a la enseñanza oculta, y está escrito por el famoso Valentino. En él se dice que las lecciones de Jesús a sus discípulos llegaron en los once años que siguieron a Su muerte, tan sólo a "las regiones de los primeros estatutos, al primer misterio dentro del velo (11).

Hasta entonces no habían aprendido la distribución de los órdenes angélicos, de lo cual habla en parte Ignacio (12). Después Jesús, estando "en la Montaña" con Sus discípulos, que recibieron Su Vestidura mística, el conocimiento de todas las regiones y las Palabras de Poder para entrar en ellas, les enseñó más aún, prometiéndoles: “Yo os perfeccionaré en toda la perfección, desde los misterios del interior a los misterios del exterior; yo os colmaré de Espíritu de suerte que seáis llamados espirituales, perfectos en todas las perfecciones" (13) y los instruyó acerca de lo que era Sophia, la Sabiduría, y de su caída en la materia, en su intento de elevarse a lo más Alto, y de sus clamores a la Luz en quien había puesto su confianza. y del envío de Jesús para redimirla del caos, y de su coronación con la luz de Aquél, y de su liberación de la servidumbre. Y aún siguió más adelante, hablándoles del más elevado Misterio, el inefable, el más sencillo y claro de todos, aunque el más alto, el que sólo debía ser conocido de aquel que renunciare el mundo de un modo completo (14); por este conocimiento los hombres ,se convertían en Cristos, pues tales "hombres son yo mismo, y yo soy esos hombres", pues Cristo es ese Misterio más elevado (15). 

Conocimiento de que los hombres son transformados en pura luz y llevados dentro de la luz” (16). Y celebró para ellos la gran ceremonia de la Iniciación, el bautismo, "que conduce a la región de la verdad ya la región de la luz", y les mandó celebrarlo para otros que fuesen dignos: "Pero ocultad este misterio, no lo comuniquéis a todos, sino a aquellos solamente que hagan todas las cosas que os he señalado en mis prescripciones" (17).
Después de esto, los apóstoles, instruidos por completo, salieron a predicar, ayudados siempre de su Maestro.

Además, tanto ellos mismos como sus primitivos compañeros, trasladaron de su memoria a la escritura todos los discursos públicos y las parábolas que a su Maestro habían oído, y de igual modo, reuniendo con gran cuidado todas las noticias que pudieron recoger, las pusieron por escrito y las hicieron circular entre los que se iban adhiriendo a su pequeña comunidad. Formáronse varias colecciones, escribiendo cada cual lo que recordaba, y añadiendo lo más selecto de los relatos de los demás. Las enseñanzas íntimas dadas por Cristo a Sus elegidos, no se escribieron, sino que fueron transmitidas oralmente a los dignos de recibirlas, a discípulos constituidos en pequeñas comunidades para hacer vida retirada, aunque siempre en contacto con el cuerpo central.

Es, pues, el Cristo histórico un Ser glorioso que forma parte de la gran jerarquía cuyo cometido es guiar la evolución espiritual de la humanidad; el cual ocupó por espacio de tres años enseñando públicamente por toda la Jadea y Samaria, curó enfermos, llevó a cabo obras ocultas señaladas, y reunió en torno Suyo una pequeña agrupación de discípulos a quienes comunicó las verdades más profundas de la vida del espíritu, y con rara ternura, singular amor y preciosa sabiduría conquistó los ánimos de las gentes, y acabó su carrera terrestre muriendo como blasfemo, que tal fue considerado, por la honda doctrina de la Divinidad. inherente a Sí mismo y a todos los hombres, que predicara. Vino a dar al mundo un nuevo impulso de vida espiritual, a resucitar las íntimas enseñanzas referentes a esta vida, a apuntar de nuevo al antiguo estrecho sendero. a proclamar la existencia del "Reino de los Cielos", de la Iniciación, que da acceso al conocimiento de Dios que es vida eterna, ya dar entrada en este Reino a unos pocos capaces de ser maestros. Alrededor de esta Figura gloriosa se acumularon los mitos que la enlazaban con la larga serie de Sus predecesores, mitos alegóricos de sus vidas, que simbolizan la obra del Logos en el Kosmos y la evolución superior del alma individual humana.

Mas no se crea que la labor del Cristo en pro de Sus seguidores quedó terminada con el establecimiento de los Misterios, ni que se limitara a aparecer en ellos rara vez. Aquella Poderosa Entidad que usó del cuerpo de Jesús como vehículo, y cuya solicitud tutelar abarca toda la evolución espiritual de la quinta raza humana, dejó a cargo del santo discípulo que le había provisto de cuerpo, el cuidar de la Iglesia naciente. Jesús, habiendo dado cima a su evolución humana, "llegó a ser uno de los Maestros de Sabiduría y, habiendo aceptado el encargo especial de la Cristiandad, procura siempre guiarla por derecho derrotero y escudarla y protegerla y proveerla de alimento. El fue el Hierofante de los Misterios Cristianos, el Instructor directo de los Iniciados. Suya fue la inspiración que mantuvo viva la Gnosis en la Iglesia, hasta que la flotante masa de ignorancia llegó a tener tal magnitud, que ahogó la llama aún aventada por Su poderoso aliento. Suya fue la paciente labor que reforzó un alma tras otra para resistir la lobreguez de las tinieblas, y alimentar dentro de sí la chispa de la aspiración mística, el anhelo en buscar el Dios escondido.

Suyo fue el continuo imprimir la verdad en todo cerebro preparado para ella, de modo que la antorcha del conocimiento pasase de mano en mano a través de los siglos sin que jamás se extinguiese. Suya era la Figura enhiesta detrás del tormento y de las llamas, que alentaba a Sus confesores ya Sus mártires, y suavizaba las angustias de su muerte y colmaba de paz sus corazones. Suyo el impulso expresado en la voz de trueno de Savonarola, en la sabiduría sosegada de Erasmo, en la ética profunda del teomaníaco Espinosa. Suya la energía de Roger Bacon, de Galileo y de Paracelso en sus investigaciones de la Naturaleza. Suya la belleza que sedujo a Fra Angelico, a Rafael y a Leonardo da Vinci, que inspiró el genio de Miguel Ángel, que brilló ante los ojos de Murillo, que comunicó el poder de erigir las maravillas del Duomo de Milán, de San Marcos de Venecia y de la Catedral de Florencia, las sonatas de Beethoven, los oratorios de Handel, las fugas de Bach, el austero esplendor de Brahms. Suya la Presencia que animaba a los solitarios místicos, a los perseguidos ocultistas, a los pacientes investigadores de la verdad. 

El fue siempre el que por la persuasión o por la amenaza, por la elocuencia de San Francisco o por los sarcasmos de Voltaire, por la dulce sumisión de Tomás de Kempis o por la ruda virilidad de Lutero, trató de instruir o despertar a los hombres, de ganarlos a la santidad o de fustigarlos si, sordos, permanecían en el mal. En tantos siglos ha trabajado y luchado, y aun llevando encima el enorme peso de las Iglesias, no ha descuidado jamás ni dejado sin consuelo a alma humana que a El haya acudido. Ahora pone todo su empeño en convertir en beneficio de la Cristiandad parte de la grande oleada de Sabiduría que se está haciendo fluir para renovar el mundo, y busca en las Iglesias quien tenga oídos para oír la Sabiduría, quien responda a su llamamiento de mensajero, para llevarlo a su rebaño: “Aquí estoy; enviadme.”

ANNIE BESANT


Notas del capítulo 4

(1) II, San Pedro I. 5.
(2) Gal., IV, 19.
(3) II, Cor., V, 16.
(4) San Juan I, 14.
(5) Ibid, I. 32.
(6) S. Mateo III, 17.
(7) Ibid, IV, 17.
(8) I. Timoteo III, 16.
(9) S. Juan X, 34-36.
(10) S. Juan XIV, 18, 19.
(11) Valentino. Trad. por G. R. S. Mead. Pistis Sophia, lib. I, I.
(12) Antes, pág. 52
(13) Antes, 60.
(14) Ibid, lib. II, 218.
(15) Ibid, 230.
(16) Ibid, 357.
(17) Ibid, 377.



lunes, 1 de abril de 2019

Lecciones sobre La Doctrina Secreta - Cadenas de globos



Hay otro aspecto que da Madame Blavatsky que nos permite encontrar muchas conexiones y desplegar muchos conceptos profundos dados en nuestras escrituras sagradas y en nuestras tradiciones. Se trata de las cadenas de globos. El concepto de cadenas de globos es un concepto muy profundo que no se ha explicado en ninguna otra escritura sagrada que tengamos, por lo menos que yo sepa. Y es elogiado por todos. Llegó a ella a través de sus Maestros. Cada globo no es un solo globo. No es un globo aislado. Todos sabemos que nuestro globo forma parte de nuestro sistema solar, compuesto principalmente de siete planetas, aparte del sol. 

El sol es el centro y hay siete planetas principales a su alrededor. Hay muchos otros planetas. 
Según el Maestro Djhwal Khul, en cada sistema solar hay setenta y dos planetas. Contando todos los satélites alrededor de cada planeta conocido y desconocido, dice que hay setenta y dos planetas. Dejando esto aparte, principalmente hay siete planetas y siete regentes. De manera que el sol y los siete planetas son un sistema. Los siete planetas llevan la energía del sol. Esta es sólo una parte de la historia. Nuestro planeta también tiene una jerarquía del principio de la Tierra. El principio de la Tierra tiene sus siete estados. La tierra tiene siete estados y el agua tiene siete estados. De manera que cada planeta tiene sus siete estados. 

La Tierra tiene su jerarquía aparte de su relación con nuestro sistema solar. Tiene relación con una jerarquía relativa a nuestro sistema solar y además se relaciona con su propia jerarquía. Hay un planeta que se está formando, mientras ya hay un planeta funcionando. Hay un planeta que ya se desvaneció y ahora es la luna. De esta misma manera hay otros planetas. Siete planetas hacen una cadena y esta es la cadena del globo. Un principio terrenal da lugar a siete globos. En el cuarto estado es visible. Los tres estados precedentes son invisibles y descienden. Cuando esta Tierra completa su duración y pasa a la invisibilidad, en ese mismo momento sale otro globo. 
Existe una toma de posesión y un traspaso de la responsabilidad de cada función. 
Es como en cualquiera de nuestras tareas, en que antes de retirarte traspasas la responsabilidad a alguien. 

Tienes que esperar hasta que llega el momento. Esto lo sabemos en nuestra vida diaria. En cualquier puesto, sea un profesor, un maestro, un director bancario, cualquiera, alguien tiene que llenar aquel lugar antes de que lo dejes, porque tú tienes un periodo de servicio. La Tierra toma el lugar de la Tierra anterior. Cuando la duración de la otra Tierra, precedente a esta, ha terminado, los seres que están en la Tierra que no han completado su evolución son transportados a esta nueva Tierra. Esta es la historia del arca de Noé. Esta es la historia del Manu Vaivaswata. ¡No es la misma Tierra! Esta historia raramente se entiende en su verdadero sentido. 

La Tierra que fue reemplazada por nuestra Tierra está evolucionando. Ahora está en el plano búddhico, después entrará en el planto átmico y más adelante en el plano paramátmico. Hay tres pasos más que son tres iniciaciones más. Es similar a lo que llamamos alcanzar el corazón como primer paso y después alcanzar ajna y después alcanzar sahasrara. Entonces, mientras esta Tierra está aquí, otra Tierra está en lo sutil para manifestarse. Cuando esta Tierra concluye su período de duración, hay una Tierra en el plano sutil precedente preparada para manifestarse. Y antes de esa, hay otra Tierra en estado nebuloso, que se prepara para tomar el lugar de la Tierra sutil que se está preparando para manifestarse. Es así porque cuando una sale o desaparece, ese lugar debe ser ocupado. Ella ofrece un diagrama. El globo “A” es el estado sin manifestar; luego tenemos el globo “B” que es el estado de Atma; después el globo “C” es el estado de buddhi y luego el globo “D” es el plano mental. Este es el estado visible. 

Así tenemos los cuatro globos A-B-C-D. Por medio de las cuatro pulsaciones de la naturaleza cósmica, un globo se vuelve visible, mientras tres son invisibles. Hay uno en el estado de paramatma, que es inmanifestado. Después de para, están pasyanti, maddhyama y vaikhari en cada principio. Y a continuación, tenemos el globo “E”. Este está en el proceso de retorno, en el estado búddhico; el globo “F” está en el estado átmico que ya se está retirando. De manera que hay tres que retroceden, tres que vienen y uno en el centro, de manera que tenemos A-B-C-D-E-F-G como los siete globos que están en funcionamiento simultáneamente, de forma que hacen una cadena. Cuando uno aparece, el otro desaparece. Es similar al ejemplo del agua del río. Vemos que siempre hay agua en el río, ¿pero es la misma agua? Hay agua entrante, agua saliente y vemos el agua siempre allí. 

Así es una cadena de globos. ¡Es una cadena! Esta cadena de acontecimientos también está en nosotros como la formación continua de tejidos y su continua disolución. Entre medio hay un aparente estado de existencia. Por eso se dice que no podemos entrar dos veces en el mismo río. Entramos en un río, levantamos el pie y volvemos a meterlo en el río, ¡el agua ya se ha ido! Es otra agua. Esto es lo que solía decir el Maestro EK: “Cuando mi mano está aquí y la muevo allá, entre esa mano que estaba aquí y la mano que he levantado, entre una mano y otra, hay una diferencia en los átomos del cuerpo”. Así de rápido funciona. Pero siempre, hasta cierto punto, vemos la mano. 
Para entenderlo mejor, el mismo principio se puede aplicar a tu propia dinastía. Tú estás aquí. 
Tu padre está aquí. Algunos puede que no estén en el sentido que han pasado a otro plano. 

El abuelo está allí y el bisabuelo también está allí. Hacemos una ofrenda a través de nuestros rituales a los pitris al padre, al abuelo y al bisabuelo. No podemos decir que no existen. Están muy presentes. Por eso el ritual védico sugiere que una vez al año les ofrezcamos nuestros respetos ofreciendo comida y ropa a un representante en el cual invocamos al padre, al abuelo y al bisabuelo. No vamos más allá. Nos detenemos en el bisabuelo, ¡pero el bisabuelo también tenía padre! Contamos las tres generaciones precedentes y las tres subsiguientes. Por lo tanto hay un hijo, nieto y bisnieto. Cuando tienes un bisnieto, ya estás en el plano de paramatma. Cuando tienes un hijo, te has movido al plano búddhico. Cuando tienes un nieto, has pasado al plano átmico. Cuando tienes un bisnieto, estás en lo Absoluto. Por eso se dice que cuando un hombre ve a su bisnieto, está completo. Así es la tradición. Esto se puede entender con la ayuda de las enseñanzas de Madame Blavatsky. 

Hay tres antes y tres después. Junto con nosotros, son siete. No pienses que eres tan especial. 
No pienses que eres tan independiente como para hacer las cosas como quieras. Hagas lo que hagas, es como las siete cuerdas de un instrumento, y tú eres la cuarta cuerda. En el instrumento musical existen tres notas más altas y tres notas más bajas, y la cuarta nota, la del medio, es muy importante. Blavatsky habla también de las esferas musicales. Tú eres la cuarta cuerda del instrumento. Si no lo haces bien, el instrumento no funciona bien. Si la cuarta cuerda de un instrumento de siete cuerdas no está bien afinada, las tres cuerdas por un lado y las tres cuerdas por el otro lado se pierden. No puedes tocar música. Las siete cuerdas están entrelazadas. Si tocas una, hay una alteración de las tres precedentes y las tres subsiguientes. Si nos comportamos mal, eso tiene un impacto en los tres precedentes y los tres que siguen. Podemos ver a grandes familias que se convierten en nada en cuestión de dos o tres generaciones debido al mal comportamiento de uno de sus miembros. 

Si una persona de una generación tiene un mal comportamiento, esto tiene un impacto en las tres generaciones siguientes. Esto también impacta en los que te trajeron al mundo. Se verán degradados. Tus predecesores se verán degradados por tus malos actos, no por tus actos de ignorancia. De manera que tienes la responsabilidad de mantener la vibración de la familia, o de mejorarla. Con tus buenos actos, puedes elevar el prestigio de tus predecesores. Y puedes elevar la cualidad de tus sucesores. Con tus buenos actos, buen comportamiento y una actuación extraordinaria, puedes elevar a tu padre, abuelo y bisabuelo. Con actos sucios puedes rebajar a tu padre, a tu abuelo y a tu bisabuelo. Es como si alguien lo hiciera mal en la tercera cadena de mando: el jefe inmediato te llama, a este le llama el director, a este el director regional, a este el director general y este te despide. Tú habrás sido despedido, pero los otros tres también han recibido el impacto. 

No pienses que eres tan individualista. Eres un grupo. Eres un grupo con tus predecesores y con tus sucesores. Si llevas a cabo actos excelentes, tu padre en el cielo se complace. Sólo se habla de un padre en el cielo en las escrituras sagradas, pero hay tres padres. El padre del padre se complace y su padre también se complace. Cuando todos están complacidos, recibes muchas bendiciones. Esto es lo que Rama demostró en su vida. Él dice: “¿Qué le sucederá a mi padre si acepto el reino?”. Esto era una gran preocupación para él. Sólo porque el padre hubiera muerto, no penséis que ya no está. Simplemente, porque ya no está en el cuerpo, ya te empiezas a comportar como si ya no estuviera. Forma parte de la sabiduría conocer que esto le afectará, y su padre también se verá afectado. 

De manera que si nos comportamos mal, no podemos tener hijos que se comporten bien. El campo de actividad para el alma es el de las tres almas precedentes y las tres almas siguientes. Cualquier cosa que yo haga tiene un impacto en el Maestro EK, el Maestro MN y el Maestro CVV. Esta es otra jerarquía. Esto se debe saber antes de hacer nada. No nos podemos comportar de manera infantil. Cualquier cosa que hagas tiene un impacto en ellos. Porque lo hacemos en su nombre. En su nombre, cuando lo haces, no puedes hacerlo como te plazca. Por un lado, tienes una cadena con la familia; por otro lado, tienes una cadena con tus Maestros. Por eso los Maestros no seleccionan a sus discípulos a la ligera. No proponen a nadie a no ser que estén muy seguros de confiar en ellos. Sí confían es porque saben muy bien que continuarán manteniendo la vibración o mejorándola. 

Si la mejoras, reciben el impacto positivo. Si causas daño, esto tiene un impacto negativo en ellos. Igual que tu padre, abuelo y bisabuelo se benefician o descienden, también tus maestros. 
No menciones los nombres de tus Maestros, no estás preparado para hacerlo hasta que te hayas realizado. También tenemos una jerarquía social. Allá donde trabajes, hay una jerarquía. Yo estoy en una profesión. Tengo un predecesor de quien la tomé. Tú tienes un trabajo donde hay un predecesor de quien asumiste la responsabilidad. Recibimos de alguien para pasarlo a alguien. Esta es la línea de continuidad. Tú recibes, tú experimentas, adquieres la maestría y se lo pasas a otro. 
Puede ser también en la cocina. Si le preguntas a una mujer: “¿Cómo aprendiste a cocinar una comida tan sabrosa?”, ella te dirá: “Mi suegra me enseñó”. De suegra a nuera y de nuevo, con el curso del tiempo, la nuera también se convertirá en suegra y lo pasará. Así es como se transmiten las tradiciones valiosas. Cuando no lo has hecho, has fallado en tu deber. 

Lo que recibí de mi padre, tengo que pasarlo a mi hijo. Es una responsabilidad. ¡Si tu padre ha fumado o bebido vino, no lo transmitas! No se trata de eso. Tomas lo mejor de tu padre, lo adquieres y lo pasas, siendo ejemplo de lo mismo. Si simplemente se lo dices, no lo hará. Porque seguirá todo aquello que haya vivido. Supongamos que tu padre no te ha pasado nada, pero tú obtienes algo y lo pasas a la siguiente generación. El trabajo de tu hijo también ayudará a tu padre. Así es como incluso los ancestros pueden elevarse por las extraordinarias buenas acciones de un hombre. Por las extraordinarias buenas acciones de un hombre, se pueden elevar tus tres ancestros precedentes y tus tres Gurús anteriores se pueden elevar. Hay grandes seres que causaron también la elevación de sus Gurús. Hay muchos discípulos que sobrepasaron a sus Maestros. Esto debería ser lo bonito. 

E igualmente siguieron siendo humildes. Por ejemplo, Hanuman fue hijo de Kesari. Indudablemente, Kesari se elevó tremendamente gracias a Hanuman. Gracias a Rama, todos sus predecesores obtuvieron una tremenda elevación. Los grandes seres elevan a sus predecesores en todas las líneas. De manera que, socialmente, hay una cadena. Todo lo que reciba de mi predecesor, lo debo pasar a mi sucesor. Recibí una tradición de mi familia, y debo mejorarla y pasarla a la siguiente generación. Recibo una enseñanza de un Maestro de Sabiduría, la vivo y si es posible permito que florezca mucho mejor y la paso al siguiente. Así son las cadenas de globos. De la misma manera, el planeta tiene su cadena planetaria. También tiene relación con la jerarquía de nuestro sol. El sol también tiene una jerarquía. El sol que conocemos ha descendido del sol central savitru que ha descendido del sol cósmico aditya. Tienes aditya – savita – surya y tú eres el cuarto. Así que tenemos una jerarquía solar. ¡Nos sacamos el sombrero ante Madame Blavatsky por dar semejante sabiduría! Todos los sistemas solares están entrelazados de múltiples maneras. Nuestra Tierra ha descendido de Venus. 

En esta cadena siguen Venus, Neptuno, Mitra y después Parabrahman. Así es como en todo tienes cuatro. Ver estos cuatro en todo es el principio mismo de la doctrina secreta. La Tierra, Venus, Neptuno y Mitra están conectados así. Entre los Aswins, la energía de Mitra está en Neptuno y después de Neptuno va a Venus. Todos los planetas tienen múltiples cadenas jerárquicas. Todo llega y en el cuarto paso se vuelve visible. Hay tres que preceden y tres que siguen. El total es siete. En el Purusha Sukta se dice: “Tripadasyah amrutham divi, padosya viswa bhoothani”. Todo lo visible está en su cuarto paso. Hay tres que preceden y tres que siguen en una cadena. Este es el concepto de las cadenas de globos.

Dr. Sri K. Parvathi Kumar

BHAGAVAD GITA - Capitulo 4 (Con apuntes de: W.Q. JUDGE y R. Crosbie)



DEVOCIÓN A TRAVÉS DEL CONOCIMIENTO ESPIRITUAL. 

KṚṢṆA:

“Esta doctrina inextinguible del Yoga la enseñé yo una vez a Vivasvat1; Vivasvat se la comunicó al Manu2 y el Manu se la dio a conocer a Ikṣvāku3; y siendo así transmitida de unos a otros, la misma fue estudiada por los Rājarṣis4, hasta que, en el transcurso del tiempo, el poderoso arte fue perdido, ¡Oh castigador de tus enemigos! Y es esta misma doctrina, inextinguible, secreta y eterna, la que yo hoy te he comunicado a ti porque tú eres mi devoto y mi amigo.” 

ARJUNA:  

“Viendo yo que tu nacimiento es posterior a la vida de Ikṣvāku, ¿cómo puedo yo entender que tú eras en el comienzo el maestro de esta doctrina?” 

KṚṢṆA: 

“Ambos, Yo y tú, hemos pasado a través de muchos nacimientos, ¡Oh castigador de tus enemigos! pero mientras los míos me son conocidos, tú no conoces los tuyos.” 

“Porque aun siendo yo no nacido, de esencia incambiable y señor de toda la existencia, aun así, al presidir sobre la naturaleza —que es mía— yo nazco a través de mi propio maya5, el místico poder de auto-ideación, el eterno pensamiento dentro de la mente eterna6. Yo me produzco a mí mismo entre las criaturas, Oh hijo de Bharata, cuando quiera que haya una declinación de la virtud y una insurrección del vicio y la injusticia en el mundo; y así encarno, de edad en edad, para la preservación de los justos, la destrucción de los malvados y el establecimiento de la justicia. Y quienquiera, oh Arjuna, que sepa que son divinos mis nacimientos y mis obras, ese, al salir del marco mortal, ya no entra en otro, porque él entra en mí. Y muchos que se libertaron de la sed insaciable, del miedo y del enojo, se llenaron con mi espíritu y se apoyaron en mí; habiendo sido así purificados por el fuego ascético del conocimiento, han entrado ya dentro de mi ser. 

Porque cualquiera que sea la forma en que los hombres se acerquen a mí, en esa misma medida yo los asisto; y cualquiera que sea la senda que tome la humanidad, esa senda es mía, Oh hijo de Pṛthā.
Y aquéllos que desean el éxito para sus obras en esta vida, hacen sacrificios a los dioses; sólo que, en este mundo, el triunfo logrado por sus acciones pronto llega a su final.” 

“La humanidad fue creada por mí en cuatro castas que son distintas en sus principios y en sus deberes, de acuerdo a la natural distribución de las acciones y las cualidades7. 
Conóceme entonces, que aun siendo incambiable y no actuante, soy el autor de todo esto. 
Las obras no me afectan, ni tampoco tengo expectativa alguna de los frutos de las obras. 
Y a aquél que así me comprende, no lo atan los lazos de la acción hacia un nuevo nacimiento. 
Los antiguos que añoraron la salvación eterna, habiendo descubierto esto, siguieron haciendo obras. Por lo tanto, ejecuta tus labores tal como fueron ejecutadas por los antiguos en tiempos pasados.” 

“Aun los sabios mismos han sido engañados respecto a lo que es acción y lo que es inacción. 
Por lo tanto, te explicaré a ti lo que es realmente la acción, a la luz de cuyo conocimiento quedarás libre de todo mal. Uno ha de aprender: cuál es la acción que ha de ser ejecutada, cuál aquella que no ha de serlo, y cuál es inacción. El sendero de la acción es oscuro. Y aquel hombre que ve la inacción en la acción, y la acción en la inacción, es sabio entre los hombres, él es un verdadero devoto y un perfecto ejecutor de toda acción.” 

“Aquéllos que son poseedores de la verdadera discriminación espiritual, llaman sabio a aquél cuyas empresas están libres de todo deseo, porque sus acciones van quedando consumidas en las llamas del conocimiento. Pues él renuncia al deseo de llegar a ver la recompensa por sus obras; y queda así libre y satisfecho; y de nada depende y en nada se apoya; y aun cuando él está envuelto en acciones, él en realidad nada hace. Él no busca resultados, y con su mente y con su cuerpo subyugados y estando por encima del disfrute que traen las cosas, y haciendo con el cuerpo sólo las acciones que son corporales, él no se somete a sí mismo a los renacimientos. 

Él ya está satisfecho con cualquier cosa que reciba, casual y fortuitamente, y está libre de la influencia de ‘los pares de opuestos’ y también de la envidia; y es él mismo, en el triunfo y en el fracaso; y aun cuando actúa, no está atado por los lazos de la acción. Y todas las obras de tal hombre que está libre del auto-interés, que es devoto, cuyo corazón está fijo en el conocimiento espiritual, y cuyos actos son sacrificios dedicados a lo Supremo, esas acciones se disuelven y quedan sin efectos sobre él. El Espíritu Supremo es el acto mismo de la ofrenda, el Supremo Espíritu es también el aceite del sacrificio, el cual se ofrece en el fuego que es igualmente el mismo Espíritu Supremo; y hacia el Espíritu Supremo va aquél que hace de ese Espíritu Supremo el objetivo de su meditación en la ejecución de todos sus actos.” 

“Algunos devotos hacen sacrificios a los dioses, mientras que otros, encendiendo el fuego más sutil del Espíritu Supremo, se ofrecen ellos mismos; y aún otros hacen el sacrificio de sus sentidos, comenzando con el de la audición, que es dejado en el fuego de la auto-restricción, mientras otros renuncian a todos los sonidos deleitosos, y otros, iluminados por el conocimiento espiritual, sacrifican todas las funciones de sus sentidos y su vitalidad, en el fuego de la devoción a través de la autorestricción. Y también hay aquéllos que hacen sacrificio en riquezas que son dadas como limosnas; también por la mortificación y la humillación, por devoción, y por el estudio silencioso. Algunos sacrifican el inhalar de su respiración en la exhalación, y la exhalación en la inhalación, por el bloqueo mismo de los canales de inspiración y de expiración; mientras que otros lo hacen deteniendo los movimientos de ambos alientos vitales; y otros absteniéndose del alimento, sacrifican la vida en su vida.” 

“Todas estas diferentes clases de adoradores son purificados de sus pecados por sus sacrificios; pero son aquéllos que participan de la perfección del conocimiento espiritual que se alza de tales sacrificios, los que pasan hacia el eterno Espíritu Supremo. Pero para aquel que no hace sacrificio alguno no hay parte ni espacio en este mundo; y entonces, ¿cómo podría él participar en el otro, Oh tú, mejor de los Kurus?”

 “Todas estas formas de sacrificios de tantas clases son desplegados a la vista de Dios; y sabe que todos ellos surgen de la acción, y al comprender esto, tú obtendrás una liberación eterna. Oh tú castigador de tus enemigos, el sacrificio a través del conocimiento espiritual es superior al sacrificio que se hace con las cosas materiales; toda acción, sin excepción alguna, está comprendida en el conocimiento espiritual, oh hijo de Pṛthā. 

Busca esta sabiduría a través del servicio, por intensa búsqueda, por preguntas y cuestionamientos, y también por humildad; y el sabio que ve la verdad, te la comunicará, y sabiéndola, tú jamás caerás en el error, oh hijo de Bharata. Por este conocimiento, tú verás en ti mismo todas las cosas y todas las criaturas, cualesquiera que sean, y entonces las verás en mí. Y aun cuando fueras el más grande de todos los pecadores, serás capaz de cruzar sobre todos los pecados, en la barca del conocimiento espiritual. Porque al igual que el fuego natural, Oh Arjuna, reduce el combustible a cenizas, así también el fuego del conocimiento reduce todas las acciones a cenizas. Pues no hay purificador en este mundo que pueda comparársele al conocimiento espiritual; y aquél que se ha perfeccionado en la devoción, encuentra, con el transcurrir del tiempo, el conocimiento espiritual manando espontáneamente desde dentro de sí mismo. 

El hombre que restringe los sentidos y órganos y tiene fe, obtiene el conocimiento espiritual, y habiéndolo obtenido, él prontamente alcanza la suprema tranquilidad; pero los ignorantes, aquéllos que están llenos de dudas y sin fe, esos están perdidos. El hombre de mente dubitativa no encuentra felicidad ni en este mundo ni en el próximo, ni en ningún otro. Ninguna acción ata al hombre que a través de la discriminación espiritual ha renunciado así a la acción y cortado de un tajo toda duda por medio del conocimiento, Oh despreciador de la riqueza. Por lo tanto, Oh hijo de Bharata, habiendo cercenado tú de un tajo y con la espada de la sabiduría espiritual, esta duda que ata tu corazón, entrégate a la ejecución de la acción. ¡Levántate!”

Y así, en la Upanishad, llamada la sagrada Bhagavad Gita, en la ciencia del Supremo Espíritu, en el libro de la devoción, en el coloquio entre el santo Kṛṣṇa y Arjuna, está el Septimo  Capítulo, de nombre— 

  ____________________________________________ 

1- Vivasvat, el sol, primera manifestación de la sabiduría divina en los comienzos de la evolución. 
2- Manu, titulo genérico dado al espíritu reinante del universo sensorial; siendo el actual, el Vaivasvata Manu. 
3- Iksavaku, el fundador de la dinastia solar indostana. 
4-Rajarsis, Sabios Reales. 
5-Maya, Ilusión. 
6- Ver aquí la Varaha Upanishad de Krishna-Yajur Veda: “El universo todo es desarrollado sólo a través del Saṃkalpa (pensamiento o ideación); y es sólo a través del Saṃkalpa que el universo retiene su apariencia”. 
7- Esto hace referencia a las cuatro grandes castas de la India: el Brahman, el soldado, el mercader, y el sirviente. Y esa división queda claramente visible en cada país, aun cuando no se le llame por esos nombres.

COMENTARIO AL CAPITULO III

En el tercer capítulo, Kṛṣṇa había abordado el tema del Yoga o Unión con lo Supremo y el método para su logro y ahora, en el cuarto capítulo, abiertamente habla de ello. Él le ha dicho a Arjuna que la pasión es más grande que ambos, el corazón y la mente, teniendo el poder de vencerlos y le aconseja a Arjuna que refuerce su dominio sobre el Yo verdadero, porque solamente por medio de ello podría él sobrepasar la pasión. En el comienzo de este capítulo nos encontramos con algo importante: la doctrina de que en los principios de una nueva Creación, llamada Manvantara en el idioma Sánscrito, un gran Ser desciende entre los hombres y les imparte ciertas ideas y aspiraciones que reverberan por todas las edades sucesivas hasta el día cuando llega la gran disolución general, la noche de Brahmā. Él le dice: “Este Yoga inmortal, esta profunda unión, Yo la enseñé a Vivasvat, el Señor de la Luz; Vivasvat la enseñó a Manu; él La enseñó a Ikṣvāku; y así fue descendiendo por toda la línea De mis Regios Ṛṣis. Pero entonces, con los años, La verdad fue palideciendo llegando a perecer, ¡noble Príncipe! Ahora, una vez más, a ti te es declarada— Esta ciencia antigua, este supremo misterio— Pues veo en ti un devoto y un amigo.”

Las autoridades exotéricas están de acuerdo en que Vivasvat es un nombre para el sol; y que, después de él, llegó Manu y su hijo fue Ikṣvāku. Este último fundó el linaje de Reyes Solares, que en sus primeros días de la India fueron hombres de supremo conocimiento. Cada uno de ellos fue un adepto y gobernaron la tierra como sólo los adeptos podrían hacerlo, porque las edades más obscuras no habían llegado aún y tales grandes Seres podían naturalmente vivir entre la humanidad. Cada uno de los hombres les respetaban, y no había rebelión ni siquiera en el pensamiento, ya que no había motivo ni ocasión de reclamo. Aunque “Vivasvat”, como un nombre para el sol, no significa nada a nuestros oídos occidentales, hay una gran verdad escondida detrás de esto, así como hasta la fecha hay un gran misterio detrás de nuestra órbita solar. Él fue el Ser elegido para ayudar a guiar la raza en su comienzo. Edades antes, él había, por sí mismo, pasado por encarnaciones durante otras creaciones y habiendo alcanzado, paso a paso, la larga escalera de la evolución, hasta que por derecho natural llegó a ser como un dios.

Él mismo proceso está pasando a la fecha, preparando algún Ser para un trabajo similar en edades por venir. Y así ha sucedido en el ilimitado pasado también; y siempre el Espíritu Supremo como Kṛṣṇa, enseña al Ser, de manera que él pueda sembrar esas ideas necesarias para nuestra salvación. Cuando la raza ha crecido lo suficiente, el Ser llamado “El Sol” le entrega la sucesión espiritual a Manu, ya sea que lo conozcamos por ese nombre o por algún otro, quien continúa la labor hasta que los hombres han arribado al punto en que ellos proveen, de la enorme masa, uno de entre ellos que sea capaz de fundar un linaje de Regios Sacerdotes Gobernantes; entonces el Manu se retira, dejando la sucesión en manos del Regio Sabio, quien, a su vez, la transmite a sus sucesores. Esta sucesión dura hasta que el curso de la era ya no lo permite y entonces todas las cosas crecen espiritualmente confusas, aumenta el progreso material y la era de obscuridad llega de pleno, trayendo consigo el tiempo que precede a la disolución. Tal es la época presente.

Hasta aquel período que fue marcado por el primer Rey terreno llamado Ikṣvāku, el Gobernante era un Ser espiritual que todos los hombres conocían como tal, porque su poder, gloria, benevolencia y sabiduría eran evidentes. Él vivió un inmenso número de años, y enseñó a los hombres no sólo el Yoga sino también las artes y las ciencias. Las ideas implantadas entonces, habiendo sido puestas en movimiento por uno que sabía todas las leyes, han permanecido hasta hoy como ideas inherentes. Por lo tanto puede verse que no hay base para ningún orgullo en las ideas que son sentidas por muchos de nosotros. Esas ideas no son originales. Nosotros nunca las hubiéramos desarrollado por nosotros mismos, sin ayuda; y si no hubiera sido por la gran sabiduría de esos espíritus planetarios del comienzo de las cosas, andaríamos ahora a la deriva sin ninguna esperanza.

Las historias de todos los pueblos y razas acerca de grandes personajes, héroes, magos, dioses, que existieron entre ellos al comienzo, viviendo largas vidas, son todas debidas a las causas que se han esbozado más arriba. A pesar de todas las burlas y laboriosos esfuerzos de los científicos despectivos empeñados en demostrar que no hay alma y tal vez tampoco un más allá; la creencia innata en lo supremo, en el cielo, en el infierno, en la magia y tantas cosas más, permanecerá incólume. Ellas son preservadas por las masas ineducadas, quienes, al no tener teorías escolásticas que distraigan sus mentes, mantienen aquello que pudo quedar de la sucesión de las ideas. Arjuna queda ahora sorprendido al oír a uno de cuyo nacimiento él conocía y que declara aquí que Vivasvat había sido su contemporáneo, y a ese respecto le pregunta a Kṛṣṇa cómo podía eso ser cierto. Kṛṣṇa le contesta, asegurándole que él y Arjuna ya habían pasado por incontables renacimientos, los cuales él podía ver y recordar, pero que Arjuna, no estando aun perfeccionado en el Yoga, no podía conocer sus nacimientos ni recordarlos. Tal como en el poema a Arjuna también se le llama Nara, que significa Hombre y aquí tenemos un antiguo postulado sobre la Reencarnación para toda la familia humana en términos directos e inequívocos.

Entonces, él abre en forma muy natural esta doctrina que es bien conocida en la India, la de reapariciones de los Avatāras. Hay disputas menores entre los hindúes en lo referente a lo que es un Avatāra; o sea, si él mismo es el Supremo Espíritu o sólo un hombre iluminado por el Supremo en un grado mayor que el del hombre ordinario. Sin embargo, todos admiten que Kṛṣṇa presenta la verdadera doctrina en estas palabras: * * “Yo vengo, voy y vengo. Cuando la Justicia Declina,
¡Oh Bhārata! cuando la Maldad Es fuerte, Yo aparezco, de edad en edad y tomo Forma visible, y me muevo como un hombre entre los hombres, Ayudando a los buenos, rechazando a los malos,
Y restableciendo la Virtud de nuevo sobre su sitial.” Estas apariciones entre los hombres, con el propósito de restaurar el equilibrio, no son las mismas que el gobierno de Vivasvat y de Manu, del cual se habló anteriormente, se trata más bien del advenimiento a la tierra de los Avatāras o Salvadores. El que haya una periodicidad envuelta en ello, queda claramente dicho en estas palabras “de edad en edad”.

Él está aquí hablando de los grandes ciclos de los cuales, hasta ahora, los Maestros han permanecido silenciosos, excepto el que hayan dicho que hay tales ciclos. Hoy es generalmente admitido que la ley cíclica es de la más alta importancia en la consideración de los grandes asuntos de la evolución y del destino del Hombre. Pero el advenimiento de un Avatāra debe estar estrictamente en concordancia con la ley natural y esa ley exige que en el momento de tal evento, también ha de aparecer un ser que representa el otro polo, porque, como dice Kṛṣṇa, la gran ley de los dos opuestos está eternamente presente en el mundo. Y así encontramos en la historia de la India que, cuando Kṛṣṇa apareció hace tanto tiempo, hubo también un gran tirano, un mago negro llamado Kaṃsa, cuya maldad igualaba, en proporción, la bondad de Kṛṣṇa. Y a tal posibilidad es que se refiere el poema, cuando dice que Kṛṣṇa viene cuando la maldad ha alcanzado un máximo desarrollo.

El verdadero significado de esto es que el mal Karma del mundo continúa incrementándose con el paso de las edades, produciendo, al final, una criatura que es, por decirlo así, la flor misma de toda la maldad del pasado, a partir del último Avatāra precedente. Él no solo es malvado, sino que es también sabio y con poderes mágicos de tremendo alcance, porque la magia no es sólo la herencia de los buenos. El número de magos desarrollados entre las naciones de tal época es muy grande, pero uno de ellos sobresale por encima de todos los demás, haciendo que el resto le pague tributo. Esto no es cuento de hadas, sino más bien una sobria verdad y la presente prevalencia del egoísmo y el amor al lucro es exactamente el tipo de entrenamiento de ciertas cualidades que los magos negros ejemplificarán en eras por venir. Entonces, Kṛṣṇa o como quiera que se le llame, aparece “en forma visible, un hombre entre los hombres”.

Su poder es tan grande como el del maligno, pero él tiene a su favor lo que los otros no tienen: el espíritu, las fuerzas preservadoras y conservadoras. Con estas él es capaz de entrar en batalla con los magos negros y en ello está asistido por todos nosotros que somos realmente devotos de la Hermandad, el resultado es la victoria para los buenos y la destrucción de los malvados. Estos últimos pierden toda oportunidad de salvación en ese Manvantara y son precipitados a los planos inferiores en los cuales emergen al comienzo de la próxima nueva creación. Por lo tanto, ni siquiera ellos se pierden y de su salvación final habla Kṛṣṇa en esta forma: “Quienes así me adoran, A ellos exalto; pero hombres por todas partes Caerán a mi paso; a menos que esas almas Que tanto buscan recompensas por sus obras, hagan sacrificio Ahora, a los dioses menores.” Él también declara que la justa y completa comprensión del misterio de sus nacimientos u obras sobre la tierra nos confiere el Nirvāṇa, con lo cual el renacer ya no vuelva a ocurrir. Esto es porque no es posible para un hombre el comprender ese misterio a menos que él no se haya liberado completamente de la cadena de la pasión y haya adquirido la concentración total.

Él ya ha aprendido a mirar detrás de la mascara de las apariencias que engaña a una mente no pensante. Esto nos trae hasta a un arrecife sobre el que muchas personas, ya sean teósofos o no, quedan hechos pedazos. Se trata de la personalidad. La personalidad siempre es una ilusión, una imagen falsa ocultando la realidad interior. Ninguna persona es capaz de hacer que su ambiente corporal corresponda exactamente a lo mejor que hay dentro de él y por lo tanto, los otros continuamente lo juzgan por el espectáculo externo. Si intentamos, como lo señala Kṛṣṇa, encontrar lo divino en todas las cosas, muy pronto aprenderemos a no juzgar por las apariencias, y si seguimos el consejo que se nos da en este capítulo, de hacer nuestro deber sin esperanza de recompensa y sin el sólo deseo de resultados que tenemos a la vista, entonces el fin será la paz. Kṛṣṇa menciona varios sistemas de práctica religiosa y le muestra a Arjuna que al final todos ellos conducen a Él, pero sólo después de muchos nacimientos, en razón de las tendencias puestas en marcha. Las diferentes escuelas son todas mencionadas en unas pocas líneas.

El dictum de Él es de que ellas “destruyen los pecados”, significando que una cierta purificación de la naturaleza es lograda, a lo que le sigue, después de la muerte, una larga estadía en Dewachen, sin embargo es solamente a una práctica que él le atribuye la prerrogativa de ser eso que traerá la unión con el Espíritu Supremo. Después de enumerarlas todas, no sólo en la ejecución sino también en la omisión del sacrificio, él le muestra a Arjuna que el conocimiento espiritual incluye todas las acciones y vuelve cenizas a los enlazadores efectos de toda obra, confiriendo sobre nosotros el poder de tomar el Nirvāṇa por la sola emancipación de la ilusión en la cual el yo inferior fue el actor.
La perfección de este conocimiento espiritual se alcanza por el fortalecimiento espiritual, por el fortalecimiento de la fe y la expulsión de la duda que surgen de la devoción y del freno. Entonces tiene lugar un verso, que es casi idéntico a uno del Nuevo Testamento, “el hombre de mente dubitativa no goza ni de este mundo ni del otro, ni de la bendición final”.

                                                                                   * * *

Aquel que, ¡mi Príncipe!, dominando a sí mismo, ha vencido la duda, Separando el yo del servicio, el alma de las obras, Iluminado y emancipado, ¡Ya las obras no lo esclavizan más! Corta entonces de un tajo Con la espada de la sabiduría, ¡Hijo de Bharata! ¡Esta duda que ata los latidos de tu corazón! Corta el lazo. ¡Nacido de tu ignorancia! ¡Sé intrépido y sabio! ¡Entrégate conmigo al campo de batalla! ¡Levántate! Estas intensas palabras terminan el capítulo. Ellas están dirigidas a aquellos que pueden ser fuertes y no a los que siempre dudan y que no creen ni en sus propios pensamientos ni en las palabras de los otros, sino a quien está siempre pidiendo más y más. Pero allí no puede haber incertidumbre acerca de la causa de la duda: pues, como dice Kṛṣṇa: “Esto surge de la ignorancia y todo lo que tenemos que hacer es tomar la espada del conocimiento y cortar de inmediato todas las dudas”. Muchos dirán que ellos han estado siempre buscando por esto con la intención de poder encontrar paz y de que son tantos los sistemas que les han sido presentados a su consideración, que se encuentran incapaces de llegar a conclusión alguna.

Esto parecería muy cierto considerando las mil y una filosofías que nos son presentadas por sus exponentes con variados grados de claridad. Sin embargo, nos parece que todas ellas pueden ser fácilmente divididas y clarificadas en dos categorías que las pondrían bajo dos grandes encabezamientos: aquellas que no permiten que nada sea creído hasta que la masa miserable de mentes mediocres haya dicho al fin que acepta esto a aquello; y esas filosofías quienes tienen, cada una, un poco de lo que podría ser verdad y una gran dosis que es sin duda puro desatino. Aquel que duda es un devoto de la primera escuela o es un adherente parcialmente de una y parcialmente de la otra; y en el segundo caso queda casi despedazado por las innumerables ideas convencionales que llevan impresas el sello de autoridad y que lo constriñen a una aceptación de aquello que se revela contra su juicio cuando él le concede libre ejercicio. Si usted le dice a él que la tan alabada mente no es el juez final y que hay facultades superiores que pueden ser ejercitadas para la adquisición del conocimiento, él argumentará sobre las bases establecidas por los profesores eruditos de una escuela o de otra, negando la validez de las pruebas que se le ofrecen con el argumento de que estas son situaciones de “elucubración cerebral” y otras cosas más.

A tales personas este capítulo no le será atractivo, pero hay muchos estudiantes que tienen dudas sinceras y con ellos la dificultad nace de la ignorancia. Ellos temen admitir ante sí mismos que los hombres de la antigüedad pudieran haber encontrado la verdad; y la razón parece ser que ese juicio se hace sobre la consideración del puro estado material de esos pueblos o de las naciones contemporáneas que en algún grado sostienen esa postura filosófica. Nuestra civilización glorifica el progreso y las posesiones materiales y aquellos que no poseen esos dones no pueden ser los poseedores ni de la verdad ni del camino a ella. Pero los guardianes de la verdad nunca han dicho que nosotros seremos ricos o civilizados si seguimos el sistema de ellos. Por el contrario, en los días en que Kṛṣṇa vivió y enseñó su sistema, había mucho más gloria y poder material que ahora y más conocimiento de todas las leyes de la naturaleza que ningún científico nuestro haya logrado alcanzar en sus investigaciones. De aquí que, si algún teósofo enseña que el reinado de las doctrinas de los Maestros de la Sociedad podrá ser el golpe de gracia a todo progreso y comodidad material, él yerra y siembra las semillas de futuros problemas para sí mismo y para sus amigos. ¿Por qué, entonces, no sería sabio admitir, de una vez, que pueda haber verdad en esas doctrinas y, arrojando toda duda, disfrutar de la luz que nos llega del Oriente? Mientras quede la duda no habrá paz, ni certeza, ni esperanza de encontrarla en este mundo o en las próximas vidas, ni tampoco en las grandes vastedades de otros universos en los que podríamos vivir en edades futuras; pues el que está inclinado a la duda hoy, será también dudante entonces y así seguirá mientras la rueda gire por millones de años que están aún delante de nosotros.

Si seguimos el consejo del gran Príncipe, nuestro próximo paso será asumir, en vista de los hechos patentes de la evolución, que existen ciertos grandes Seres que hace mucho tiempo deben haber hollado el mismo camino y que poseen, ahora, el conocimiento y el poder de impartir todo lo que nosotros seamos capaces de captar. A eso Kṛṣṇa se refiere en estas palabras: “Busca este conocimiento rindiendo honor, postrándote, por la intensa búsqueda y por el servicio; a aquellos que están dotados de este conocimiento, que perciben la verdad de las cosas, te enseñarán esta sabiduría.” Y tales son las palabras exactas de los Maestros de nuestra Sociedad. Ellos no gratifican ni enseñan simplemente porque así nosotros lo deseamos, ni tampoco porque nosotros nos sobrevaluamos a nosotros mismos; pues nuestra valoración de nosotros mismos no es la de Ellos. Ellos nos valúan en la medida real y justa y no son movidos por lágrimas ni por súplicas que no son seguidas por las acciones y las acciones que a Ellos les deleitan son esas que son ejecutadas en servicio Suyo y no de otro. ¿Cuál es, entonces, la labor en la cual Ellos quieren ser servidos?

No es ni con el cultivo de nuestros poderes psíquicos, ni con la habilidad de producir fenómenos, ni ningún tipo de labor para sí mismo cuando esa es la única motivación. Ese servicio y ese trabajo han de ser rendidos en favor de la causa de la Humanidad, por quienquiera que sea el que los ejecute, ya sea un miembro de la Sociedad Teosófica u otros fuera de ella. Y todos los miembros de esta última, que están ahora con sus bocas abiertas a la expectativa de lo que ellos quieren llamar alimento, más vale que sepan, de una vez, que no obtendrán nada a menos que la obra sea hecha o intentada. Que tomemos esta actitud correcta y lo que sigue está descrito en este capítulo: “Un hombre que se perfecciona a sí mismo en la devoción encuentra, creciendo dentro de sí, en el curso del tiempo, ese conocimiento espiritual que es superior a toda acción, abarcándola sin excepción alguna.” El cuarto capítulo ha terminado. ¡Dejen que todas nuestras dudas lleguen a su final! “¿Qué espacio hay para la duda y cuál para el pesar, en aquel que sabe que todos los seres espirituales son lo mismo en clase, difiriendo sólo en grado?”