martes, 26 de febrero de 2019

LOS SUEÑOS. CONCLUSIÓN



Las experiencias anteriores demuestran sin sombra de dudas y con claridad suficiente, como el recuerdo de nuestros sueños es, la mayoría de las veces, caótico e incoherente. Incidentalmente explican porqué algunas personas en que el ego no esta desarrollado y son fuertes los deseos mundanos de varias especies, nunca sueñan, y porqué muchas otras son capaces, cuando las circunstancias son favorables, de traer algún confuso recuerdo de su aventura nocturna. 

Vemos además de esto, que si un hombre pretende coger en su conciencia de vigilia los frutos de lo que su ego aprendió durante el sueño, le es absolutamente necesario adquirir el dominio de sus pensamientos, subyugar todas las pasiones subalternas y afinar la mente con actitudes nobles. 
Si quisiera tomarse el trabajo de formar durante la vida de vigilia, el hábito del pensamiento firme y concentrado, no tardará en verificar que el beneficio ganado por este medio, no se limita al día a día de su actividad. Que si aprende a contener su mente para mostrarse también dueño de esta, así como de sus pasiones inferiores. Que si se esfuerza con perseverancia en adquirir el mando total de sus pensamientos, con el objetivo de saber en todo momento con seguridad aquello en lo que está pensando y porqué; y verá que su cerebro ase ejercitado en escuchar tan solamente las sugerencias del ego, quedará tranquilo cuando no esté en uso y rehusará recibir y hacerse eco de las corrientes ocasionales del océano de pensamientos circundantes. 

Y de ese modo ya no será impermeable a las influencias de los planos menos materiales, donde el discernimiento es más fino, y el juicio más verdadero que en nuestro plano inferior. 
La ejecución de un acto elemental de magia puede contribuir a ayudar a algunas de estas personas a adiestrar la parte etérica del cerebro. Las escenas que allí se desarrollan cuando es desviada esta corriente de pensamientos exteriores serán tales que probablemente impedirán el recuerdo de las experiencias del ego más que el flujo agitado de los propios pensamientos, ase el alejamiento de esta corriente impetuosa que encierra una dosis mucho mayor de mal que de bien, significa un apreciable paso en la dirección al objetivo deseado. Y esto puede conseguirse perfectamente sin gran dificultad. Que el hombre cuando se vaya a la cama piense en el aura que le envuelve y desee con firmeza que la superficie de este aura se convierta en una concha protectora contra la invasión de influencias extrañas: la materia áurica obedecerá su pensamiento y se formará realmente una concha a su alrededor, evitándose estas corrientes. 

Otro punto que tan incisivamente se evidenció en nuestras ulteriores investigaciones hace referencia a la inmensa importancia del último pensamiento en la mente del hombre al dormirse. Este es un aspecto que jamás sacude a la gran mayoría de las personas, a pesar de influir en ellas, tanto física como moral y mentalmente. Hemos visto qué tan pasiva y fácilmente se deja el hombre influenciar cuando está dormido. Si entra en este estado con el pensamiento vuelto hacia cosas dignas y elevadas, él en consecuencia atrae cerca de sí elementales creados por pensamientos afines de otros seres humanos; reposa suave y tranquilo, y su mente se abre a impresiones de los planos superiores y se cierra a los inferiores, porque él la está dirigiendo para el trabajo en el sentido correcto. 

Si, al contrario, entra en el sueño con pensamientos impuros y mundanos, al atravesar el cerebro, atraen criaturas groseras y malas que se hallan cerca, y su sueño es agitado por ondas maléficas de pasión y deseo que lo vuelven ciego a las luces y sordo a los sonidos procedentes de los mundos superiores. Al teósofo sincero le cumple efectuar todo lo que esté a su alcance para enfocar sus pensamientos en el más alto nivel del que sea capaz antes de dormirse. Para ello debe recordar que cruzando lo que parece apenas ser el umbral del sueño, tal vez alcance allí, poco a poco, la admisión en aquellos reinos maravillosos donde solamente es posible la verdadera visión. 

Si el hombre persevera en dirigir el alma hacia arriba, sus sentidos internos al final comenzarán a desarrollarse; la luz dentro del santuario brillará con más y más intensidad, hasta alcanzar la conciencia plena y continua. Y entonces él dejará de soñar. Dormir para él ya no significará zambullirse en el olvido, sino solamente caminar hacia delante con alegría y decisión en el rumbo de aquella existencia más integra y sublime, donde el alma estará siempre aprendiendo, aunque todo su tiempo esté dedicado al servicio. Porque el servicio es el gran maestro de la sabiduría, y la gloriosa tarea que le fue confiada es la de ayudar siempre hasta el extremo límite de sus fuerzas, en una obra que jamás termina, la obra de los maestros, cuya finalidad es ayudar y llegar a la evolución de la humanidad. 

FIN

LEADBEATER

CATECISMO BUDDHISTA DE HENRY S. OLCOTT - PARTE III -LA SANGHA O IGLESIA




254.PREGUNTA:¿En qué difieren los bhikkus buddhistas de los sacerdotes de otras religiones? RESPUESTA: En otras religiones, los sacerdotes pretenden ser intercesores entre los hombres y Dios, dar facilidades para obtener el perdón de los pecados. Los bhikkus buddhistas no reconocen ni esperan nada de un poder divino. 

255.PREGUNTA: Pero, entonces, ¿para qué crear esta Iglesia, Orden, Cofradía o Sociedad, aparte del pueblo, si no había de hacer lo que otras regiones? 
RESPUESTA: El objeto que se perseguía consistía en dar un medio a las personas más virtuosas, inteligentes, altruistas y de mente espiritualizada, para que se apartasen de los ambientes sociales en que sus deseos sensuales o de otra clase eran fortalecidos; para que dedicasen así sus vidas a la adquisición de la más elevada sabiduría, y se preparasen así para enseñar y guiar a otros separándolos del agradable camino que conduce al dolor, llevándolos a la escarpada senda que conduce a la verdadera felicidad y a la liberación final. 

256.PREGUNTA: Además de las ocho reglas, ¿qué otras dos observancias son obligatorias para los bhikkus? 
RESPUESTA: Observo el precepto de abstenerme de bailar, de cantar y de hacer demostraciones inconvenientes. Observo el precepto de abstenerme de recibir oro o plata. 
Todo el Dasa, Bhikku Sila o diez preceptos, obligan a todos los bhikkus y samaneras o novicios, pero es facultativo para los laicos devotos. El Atthanga Sila es para los que aspiran a mayores progresos en el más allá de las regiones celestes 25, para los aspirantes al Nirvana. 25 Los Upasaka y Upasika observan estas reglas en los días buddhistas Uposatha (sábados), en sánscrito Upavasata. Son los días 8°, 14° y 15° de cada medio mes lunar. 

257.PREGUNTA: ¿Hay reglas y preceptos aparte para guía y disciplina de la Orden? 
RESPUESTA: Sí. Hay doscientos cincuenta, pero el total puede agruparse en cuatro clases: Reglas principales disciplinarias (Patimokkha Samvara Sila). Observancias para la represión de los sentidos (Indriya Samvara Sila). Reglas para procurarse legítimamente alimento y para usarlo, para dieta, vestidos, etc. (Paccaya Sannissita Sila). Direcciones para llevar una vida intachable (Ajivapari Suddha Sila). 

258.PREGUNTA: Enumerad algunas culpas y faltas, que están particularmente prohibidas para los bhikkus. 
RESPUESTA: Los verdaderos bhikkus se abstienen de: Destruir la vida de los seres. Robar.
La falsa exhibición de poderes "ocultos", para engañar a alguien. Relaciones sexuales. La falsedad. El uso de licores embriagadores y el comer a deshoras. Bailar, cantar y hacer demostraciones indecorosas. Usar adornos, aromas, perfumes, etc. Usar lechos anchos y mullidos, divanes o asientos de esa clase; recibir presentes de oro, plata, trigo en grano, carne; o mujeres, doncellas, esclavos, ganado, elefantes, etc. Difamar. Usar un lenguaje duro o con reproches. 
La charla frívola. Leer y escuchar leyendas fabulosas y cuentos. 
Llevar o traer recados a los laicos. Comprar y vender. De trampas, sobornos, engaños y fraudes. 
De aprisionar, saquear y amenazar a otros. La práctica de ciertas artes y ciencias mágicas precisas, tales como la adivinación, las predicciones astrológicas, la quiromancia, y otras ciencias que se agrupan bajo el nombre de magia. Todo esto retrasaría el progreso del que aspira a alcanzar el Nirvana. 

259.PREGUNTA: ¿Cuáles son los deberes de los bhikkus para con los laicos? 
RESPUESTA: Generalmente, ofrecerles un ejemplo de la más elevada moralidad; enseñarles e instruirles; predicar y exponer la Ley; recitar los Paritta (textos confortadores) a los enfermos, y públicamente en tiempos de calamidad cuando se les requiera para ello; e, incesantemente, exhortar al pueblo a que realice actos virtuosos. Deben disuadirlos del vicio; ser compasivos y tiernos, y tratar de promover la prosperidad de todos los seres. 

260.PREGUNTA: ¿Cuáles son las reglas para la admisión en la Orden? 
RESPUESTA: No es frecuente que se admita al candidato antes de cumplir los diez años de edad. Tiene que tener el consentimiento de sus padres; estar libre de lepra, tumores, tuberculosis y ataques; no tener deudas; y no puede ser un delincuente, o contrahecho, o estar prestando el servicio de las armas. 

261.PREGUNTA: ¿Cómo se llama al novicio? 
RESPUESTA: Samanera, discípulo 26 

262.PREGUNTA: ¿A qué edad puede un samanera ser ordenado sramana, o sea monje? RESPUESTA: No antes de los veinte años. 

263.PREGUNTA: ¿Qué sucede cuando está dispuesto para la ordenación? 
RESPUESTA: En una reunión de Bhikkus, es presentado por un Bhikku presentador, el cual afirma que está en condiciones, y el candidato dice: "Pido a la Sangha, reverendos señores, la ceremonia de la ordenación (Upasampada), etcétera." Su presentador recomienda entonces que se le admita, y se le acepta. 

264.PREGUNTA: ¿Qué hace después? 
RESPUESTA: Se pone las vestiduras y repite las tres Guías (Tisarana) y los diez Preceptos (Dasa Sila). 

265.PREGUNTA: ¿Cuáles son las dos cosas esenciales que deben observarse? 
RESPUESTA: La pobreza y la castidad. El Bhikku, antes de la ordenación, debe poseer ocho cosas, a saber: sus vestiduras, un cordón o cíngulo para ceñírselo, un cuenco petitorio, un filtro para agua, rasurador, aguja, abanico y sandalias. Dentro de ciertas limitaciones estrictamente especificadas en la Vinaya, puede conservar algunas otras cosas de su propiedad. 

266.PREGUNTA: ¿Existe algo referente a la pública confesión de las faltas? 
RESPUESTA: Una vez cada quince días, se verifica una ceremonia de descargo (patimokka), en que cada Bhikku confiesa a la asamblea las faltas que ha cometido y acepta las penitencias que sean prescritas. 

267.PREGUNTA: ¿Qué rutina diaria debe seguir? 
RESPUESTA: Se levanta antes del alba, se lava, barre el vihara, barre alrededor del árbol Bodhi que hay próximo a cada vihara, trae agua potable para el día y la filtra; se retira para meditar, ofrece flores ante la dagoba, o torre de reliquias, o ante el árbol Bodhi; toma después su cuenco petitorio y va de casa en casa recogiendo alimento (que no debe pedir, sino recibir en su cuenco dado voluntariamente por los padres de familia). Vuelve, se baña los pies y come, después de lo cual vuelve a comenzar su meditación. 

268.PREGUNTA: ¿Hemos de creer que no exista mérito en el ofrecimiento de flores (mala puja) como acto de culto? 
RESPUESTA: Ese acto, en si, no tiene mérito, como mera formalidad; pero si se ofrecen flores como la expresión más pura y más dulce de sentida reverencia hacia un santo ser, entonces el ofrecimiento es realmente un acto de culto ennoblecedor. 

269.PREGUNTA: ¿Qué hace después el Bhikku? 
RESPUESTA: Prosigue sus estudios. Al ponerse el sol, barre de nuevo los sagrados lugares, enciende luz, escucha las instrucciones de su superior y le confiesa cualquier falta que pueda haber cometido. 

270.PREGUNTA: ¿Sobre qué hace sus cuatro primeras meditaciones (Satti-patthana)? RESPUESTA: 

1° Sobre el cuerpo, Kayanapassana. 
2° Sobre los sentimientos, Vedananupassana. 
3° Sobre la mente, Chittanupassana. 
4° Sobre la doctrina, Dhammanupassana. 

271.PREGUNTA: ¿Cuál es la finalidad de los cuatro grandes esfuerzos (Sammappadhana)? RESPUESTA: Suprimir los deseos animales de uno y crecer en bondad. 

272.PREGUNTA: Para que el Bhikku perciba la más elevada verdad, ¿que se dice ser mejor, la razón o la intuición? 
RESPUESTA: La intuición, estado mental en que cualquiera verdad que se desea es instantáneamente percibida. 

273.PREGUNTA: ¿ y cuándo se puede alcanzar ese desarrollo? 
RESPUESTA: Cuando, por la práctica de jñana, se llega a la cuarta etapa de florecimiento. 

274.PREGUNTA: ¿Hemos de creer que en el grado final de Jñana, y en la condición llamada Samadhi, la mente esté en blanco y el pensamiento esté paralizado? 
RESPUESTA: Precisamente lo contrario. Entonces es cuando la conciencia es más intensamente activa, y cuando el poder de obtener conocimiento es en consecuencia más vasto. 

275. PREGUNTA: Tratad de darme un símil. 
RESPUESTA: En el estado ordinario de vigilia, el estado de percepción del conocimiento es tan limitado como la vista del que va por un camino entre altas colinas. En la conciencia superior de Jñana y Samadhi, su visión es como la del águila planeando en las alturas y abarcando toda una comarca. 

276. PREGUNTA: ¿Qué dicen nuestros libros sobre el uso por el Buddha de esta facultad? RESPUESTA: Nos dicen que tenia la costumbre todas las mañanas, de lanzar una ojeada sobre el mundo y veía por su divina visión (clarividentemente), donde había personas dispuestas a recibir la verdad. Entonces él se esforzaba en que, si era posible, les alcanzase. Cuando alguna persona le visitaba, veía el interior de su mente, leía sus secretos motivos, y entonces predicaba según sus necesidades. 

NOTAS 

26 La relación entre él y su Guru, o maestro, es casi la misma que la que existe entre el ahijado y el padrino entre los cristianos, sólo que más real, pues el maestro se convierte para él en su padre, su madre y toda su familia.

NECESIDAD DE UNA AUTOPREPARACION PARA LA COMPRENSION DE LA DOCTRINA SECRETA



I) SE SUGIERE AL ESTUDIANTE RESERVAR SU OPINIÓN PORQUE: 

1) "Ningún Teósofo, ni siquiera como chela aceptado, no digamos nada de los estudiantes, podía esperar que se le explicasen perfecta y completamente las enseñanzas secretas, antes de haberse comprometido de un modo irrevocable al servicio de la Fraternidad y de haber pasado al menos por una Iniciación; pues no pueden darse al público símbolos ni números, por ser los símbolos y los números la CLAVE del sistema esotérico. 

2) "Que lo que fue revelado era meramente el revestimiento esotérico de lo contenido en casi todas las escrituras esotéricas de las religiones del mundo, principalmente en los Bráhmanas y en los Upanishads de los Vedas, y aún en los Puranas. Era una parte pequeña de lo que se divulga de un modo mucho más completo en los volúmenes presentes; y aún ésto es muy incompleto y fragmentario". 1-197 y 

3) "Unicamente los llamados Adeptos, que saben cómo dirigir su visión mental y cómo transferir su conciencia, tanto física como psíquica a otros planos de existencia, pueden hablar con autoridad acerca de tales asuntos". 1-198. 

4) "Las enseñanzas Secretas referentes a la evolución del Kosmos Universal, no se pueden dar, pues no serían comprendidas ni aún por las inteligencias superiores de esta época." 

5) " Al parecer hay muy pocos Iniciados, aún entre los más grandes a quienes sea permitido especular acerca de este punto." 

6) "Dicen los Maestros terminantemente, que ni siquiera los más elevados Dhyani Chohans, han penetrado jamás los Misterios más allá de los límites que separan las miríadas de sistemas solares del Sol Central, así llamado." 1-78. 

7) ". . .Pues ningún espíritu, excepto los "Registradores" (Lipikas) han cruzado jamás la línea prohibida de este Anillo (Círculo no-se-pasa el límite de influencia de nuestro Sol Central), ni la cruzará ninguno hasta el día del próximo Pralaya, porque es la frontera que separa a lo finito -por infinito que sea a los ojos del hombre- de lo verdaderamente Infinito." 1-170. 

8) "Unicamente se da una parte fragmentaria de enseñanza Esotérica. " 111-63.

9) "La tentativa presente para aclarar algunos misterios de la Filosofía Esotérica no tiene a la verdad nada que ver con la obra anterior." (Isis sin Velo) 1-65. 

10) "Inútil es el intentar la explicación completa del misterio. Los materialistas y los modernos hombres de ciencia jamás lo comprenderán, desde el momento en que, para obtener una percepción clara de ello, ha de admitirse ante todo: 

a) "El postulado de una Deidad universalmente difundida, omnipresente y eterna en la Naturaleza" . 

b) "Ha de profundizarse el misterio de la electricidad en su verdadera esencia" ; y 

c) "Conceder que el hombre es el símbolo septenario, en el plano terrestre, de la Gran Unidad Una, el Logos." 1-128. 

II) ES NECESARIO IR ADECUANDO GRADUALMENTE EL PROPIO INSTRUMENTAL INTERNO: 

1) Ved en el estudio de la Doctrina Secreta, un medio de ejercitar y desarrollar la mente nunca influida por otros estudios." (Como estudiar Teosofía: pág. 9). 

2) "La Teosofía, dijo H.P .8., es para aquellos que puedan pensar, o para los que aspiran a pensar, no para los perezosos mentales. "Cerebros lentos" solía ser el nombre que usaba para el estudiante corriente." (Como estudiar Teosofía: Pág. 9). 

3) "Tiene uno que ser insensato (dijo H.P.B.) y dirigir sus pasos hacia el manicomio, para intentar demasiado al principio. El cerebro es el instrumento de la conciencia despierta y cada cuadro mental formado significa un cambio y destrucción en los átomos del cerebro. 
La actividad intelectual común, se mueve por senderos bien trillados que no obligan a repentinos ajustes y destrucciones en su substancia. Pero esta nueva clase de esfuerzo mental requiere algo diferente -la apertura de "nuevos surcos cerebrales", la formación en orden diferente de las pequeñas vidas del cerebro. Si se fuerza esto de un modo insensato, puede causarse un serio daño al cerebro." (Como estudiar Teosofía: Pág. 12) 

4) ". . .el ocultista con principios metafísicos admitidos, declara que el explorador atrevido, deseoso de sondear los más recónditos secretos de la Naturaleza, debe traspasar los estrechos límites de los sentidos y transportar su conciencia a la región de los Noúmenos ya la esfera de las Causas Primeras. Para efectuar esto, tiene que desarrollar facultades que, salvo en unos cuantos casos raros y excepcionales, se hallan por completo dormidas en la constitución de los vástagos de nuestra Quinta Raza Raíz. De otro modo no es posible que pueda reunir los hechos que le son necesarios para fundamentar sus especulaciones." D.S. 11-177. 

5) Las distintas Técnicas y la autopreparación para el logro de Samadhi, es el tema central del libro "Aforismos de la Yoga" de Patanjali. Se sugiere la consulta y profundo estudio de la reciente versión del Dr. I.K. Taimni : La Ciencia de la Yoga. 

EXHORTACIÓN A UNA VIDA SUPERIOR 

"Llevad la vida necesaria para la adquisición de semejante conocimiento y poderes, y la Sabiduría vendrá a vosotros naturalmente. Cuando seáis capaces de poner a tono vuestra conciencia con cualquiera de las Siete Cuerdas de la "Conciencia Universal", con aquellas cuerdas que se hallan en tensión sobre la caja sonora del Kosmos, vibrando de una Eternidad a otra; cuando hayáis estudiado por completo la "Música de las Esferas", entonces únicamente tendréis libertad completa para compartir vuestro saber con aquellos con quienes esto pueda hacerse sin temor. 
Mientras tanto, sed prudente. No déis a nuestra generación presente las grandes verdades que constituyen la herencia de las Razas futuras. 

No intentéis quitar los velos del secreto del Ser y del No-Ser, para quienes son incapaces de ver la significación oculta del Heptacordo de Apolo, la Lira del dios radiante, en cada una de cuyas siete cuerdas residen el Espíritu, El Alma y el Cuerpo Astral del Kosmos, cuya cáscara tan sólo es lo que ha caído ahora en manos de la Ciencia moderna. . . Sed prudente, decimos prudente y sabio y sobre todo, tened cuidado con lo que crean aquellos a quienes enseñáis; no sea que engañándose a sí mismos engañen a otros. . . pues tal es el destino de todas las verdades con que los hombres no están aún familiarizados. 

Dejad más bien que las Cadenas Planetarias y otros misterios supercósmicos y subcósmicos continúen siendo cosas soñadas para todos aquellos que ni pueden ver, ni creen que otros vean. . ."1-198/9. 

LA IMPORTANCIA DE LA INTUICIÓN 

1) "En verdad, hay que tener presente que todas estas Estancias hablan más a las facultades íntimas que a la inteligencia ordinaria del cerebro físico." 1-84. 

2) ". . .es más que probable, y en el presente caso cierto de toda certeza, que una vez más, el testimonio de las edades pasadas y la historia, no lograrán hacer impresión más que en los entendimientos intuitivos, lo cual equivale a decir sobre muy pocos." 1-68. 

 3) ". . . puesto que como se ha declarado antes, la obra presente reserva mucho más de lo que expone, se invita al estudiante a que emplee su propia intuición." 1-290. 

4) ". . . siendo esta obra puramente de estudio, o de meditación más bien; un libro completamente ocultista, que dice poco a la inteligencia y todo a la intuición del asiduo estudiante de la metafísica más trascendental y profunda que ha visto la luz pública en los tiempos modernos. . ." 1-15. 

5) ". . .conceptos que encubren los misterios más profundos, las verdades Ocultas más trascendentales, a menudo expresadas con frase obscura, en la mayoría de los casos con pensamientos truncados en el punto más importante para completarlos después de algunas o muchas páginas que tratan de otros asuntos; método eminentemente oriental para que sólo la intuición pueda penetrar ciertos misterios." 1-15. 

6) "Toda la esencia de la verdad no puede transmitirse de la boca al oído. Ni tampoco puede la pluma describirla, ni aún la del Angel Registrador, a menos que se encuentre la contestación en el Santuario del propio corazón, en las profundidades más recónditas de la intuición divina." IV-84. 

7) "Cada religión antigua no es más que un capítulo o dos del volúmen de los misterios arcaicos primitivos; sólo el Ocultismo oriental puede vanagloriarse de estar en posesión de todo el secreto, con sus Siete claves. En esta obra se establecerán comparaciones y se explicarán tanto como sea posible, dejando el resto a la intuición personal del estudiante. Al decir que el Ocultismo Oriental posee el secreto, no se quiere significar que la que escribe pretenda tener conocimiento "completo", ni siquiera aproximado, porque sería absurdo. Lo que sé lo digo; lo que no puedo explicar, tiene el estudiante que encontrarlo por sí mismo." 11-29. 

8) "El Mundo" se refiere el Hombre que vive en la Naturaleza Personal. 
Este "Mundo" encontrará en los volúmenes de la Doctrina Secreta todo lo que su máxima comprensión puede captar, pero no más. Sin embargo, esto no era decir que el Discípulo que ni vive en el "Mundo", no pueda encontrar algo más en el libro, que lo que el "Mundo" encuentra. 
Toda forma, aún la más tosca, contiene la imagen de su "creador" oculta dentro de ella. 
Lo mismo ocurre con la obra de un autor, que por oscura que sea, contiene la escondida imagen del conocimiento del autor. Por eso yo considero que la D.S. contiene todo lo que H.P.B. misma conocía y mucho más que eso puesto que mucho de ello provenía de hombres cuyo conocimiento era inmensamente superior al suyo. Además, ella indica de un modo inconfundible, que otros pueden encontrar en ello un conocimiento que ella misma no posee. 

Es estimulante pensar que es posible que yo mismo pueda encontrar en las palabras de H.P.B., un saber del que ella misma es inconsciente. Ella se detuvo en esta idea bastante tiempo. Nos estaba diciendo. Sin duda alguna, que no nos aferrásemos a ella como autoridad final, ni a nadie más, sino que dependiéramos por completo de nuestro más amplio juicio." Este juicio fue aprobado por la misma H.P.B. (Cómo estudiar Teosofía: Pág. 5 y 6)


lunes, 25 de febrero de 2019

MATAR A LA MUERTE



Entre las buenas cosas que dijo Navarro Ledesma en su discurso –resumen de la fiesta del Centenario del Quijote, ninguna tan digna de tenerse en cuenta, por nuestra Sociedad, como la de que hay que matar ala muerte. El temor a la muerte es causa, en efecto, de la mayor parte de nuestras desdichas. Herencia medioeval, o más bien herencia de todos los tiempos, no ha desaparecido aún de nuestros corazones. La falta de ideales de los unos, los erróneos ideales de los otros, son motivos para que se mire con pavor lo que debiera recibirse serenamente y considerarse como el más lógico cumplimiento de una ley natural que, cual todas las cosas naturales, resulta misericordiosísima. Los despotismos teocráticos de todos los tiempos y cuantas explotaciones han existido del débil por el fuerte, debiéronse a este maldito temor, causa siempre de tristes misoneísmos. 

La educación tradicional europea es la más desastrosa que darse puede en tan esencial cuestión de nuestra vida. Las cerradas ortodoxias de otros tiempos; sus falsos infiernos tremebundos, donde un día tan sólo de humana debilidad decía castigarse con penas sempiternas, esterilizaron nuestra razón ante el Misterio, y, al hacernos cobardes, dejamos de ser hombres y caímos víctimas de nuestra propia debilidad. De aquí tanta y tanta neurosis religiosa, que ora llevaron al hospital, ora al claustro, a gran número de crédulos, ganosos de conseguir, con una muerte en vida, una vida tras la muerte. 

La inevitable reacción escéptica ha traído el mal contrario. Ahogados los más nobles espiritualismos y las más legítimas esperanzas de una vida mejor de ultratumba, justo premio a sentidos anhelos de aquí abajo, natural es que nos sintamos más aferrados a una vida única que se nos escapa, y tras la cual sólo nos aguarda la aniquilación inconsciente y absoluta. Cosa bien distinta es la del que cree, como creyeron dos grandes hombres del pasado, el incomprendido Pitágoras y el divino Platón, en realidades post mortem, cumplidas, ora en ignotas regiones del espacio, ora en los mundos que en él pululan por millares, o bien retornando cien y cien veces a la Tierra, con ese mismo movimiento cíclico con que todo retorna en la vida, ciclo evidenciado en la marcha de las estaciones, en la de las ideas y en otros fenómenos naturales. 

 Retorna el oxígeno, que mediante combinaciones y descomposiciones cíclicas se incorpora con el carbono en la respiración animal, y se separa de él por la función vegetal de la clorofila, tornando a ser respirado y separado en ciclos sin fin, en la sucesión de los tiempos; retorna el agua del mar, que pasa de éste a las nubes; de las nubes a las fuentes y ríos, en otro ciclo o rotación inacabable y prodigiosísima; retorna, gira, se mueve en ciclo, una y cien millones de millones de veces, la corriente marítima y la corriente atmosférica, la corriente de savia, la de sangre, la de linfá; todas, en fin. Por eso dice el sabio poema del Ramayana, en uno de los diálogos de Krishna y Arjuna, que si todo la que nace tiene que morir, cuanto muere ha de renacer indefinidamente, en virtud de la asidua observación natural que establece la ley cíclica, como la más augusta de las leyes que rigen al Universo entero, desde el átomo hasta el astro. 

 Por eso, también, agregó Schelling que la Naturaleza no es una masa inerte para quien sabe comprender su sublime grandeza, sino la fuerza creadora del Universo, fuerza siempre eficiente, primitiva, eterna, que alberga en su seno todo cuanto nace, perece y renace indefinidamente, y nuestro Castelar dijo que un día eterno en el cielo, y un día eterno para el hombre, nos incomunicarían con la creación, el primero, y el segundo con el Creador.

Hay que creer en la vida y en la muerte como simples aspectos de una sola y única cosa.
La ley de acción y reacción, de energía activa y latente, de luz y sombra, de oscilación pendular y eterna entre órdenes mal diferenciados por nuestra miopía, de presencia y ausencia, labor y descanso, seminación y fruto, en un indefinido viajar hacia idealidades ignotas de inaudita hermosura, donde nuestra personalidad se anegue en el piélago insondable de lo Incognoscible, y donde descanse un tiempo para retornar, ya de otro modo, es decir, de esa sobrehumana y desconocida manera que las religiones califican de entidades angélicas, de daimones familiares, de penates o de genios.

 ¿Será esto realmente así?

Demostrároslo no puedo.
Hoy no han salido aún estas cosas de los inconmensurables dominios de la intuición y de la imaginación, para entrar en el del raciocinio pero si recordamos la historia de los siglos, veremos que en materia de descubrimientos portentosos siempre la realidad ha excedido a todas las fantasías en ciencias, industrias, artes y cuanto abarca la humana y secular labor. No temamos, pues, a la muerte: no es ella término, sino puerta de la vida, que por algo se cumple con ella el más augusto y misterioso de nuestros naturales destinos. Eduquémonos, no para morir, sino para la vida de la realidad, amasada, en justa proporción con los más exquisitos idealismos. Haciéndolo así, el hombre es un dios, porque se domina a sí mismo frente al más espeluznante de los temores. Una consideración no más que servir puede, en efecto, de un dulcísimo consuelo.

La muerte es, sin disputa, una triste verdad para los que aquí quedamos; pero tratándose de los casos de muertes naturales exornadas con los suaves adormecimientos inconscientes del sueño, ¿podremos asegurar, de igual modo, que sea la muerte una realidad para el que marcha? En el momento supremo en que salga de tal inconsciencia, ¿no verá él la ulterior realidad que le espera, y vendrá, así, a no darse cuenta de cuanto le ocurre? Si tal acaeciese, la muerte carecería para la víctima de toda realidad objetiva atormentadora, o lo que es lo mismo, después de tanto ruido, le resultaría no más que una insigne mentira.

 ¿Lo dudas, lector?

 Pues yo te ruego encarecidamente que te fijes en esta sola cosa, ya advertida por Bossuet: en que la experiencia consciente y diaria, al presentamos el espectáculo continuo de la muerte en nuestro derredor, nos demuestra que también a nosotros nos ha de tocar un día nuestro turno de morir; mas, por otro lado, y sin que nadie haya podido explicarnos el por qué de ello, hay algo harto extraño en nuestro inconsciente a quien repugna la idea de no ser o del morir, tanto, que aunque llegásemos a centenarios, siempre pensaríamos y obraríamos como si jamás hubiese de interrumpirse nuestra existencia.

Sólo la Teosofía, al enseñarnos la distinción entre nuestra Triada Superior de Atma-Buddhi-Manas (Espíritu, Amor y Mente superior) y los elementos del Cuaternario Inferior: Manas inferior y Kama-Manas (cuerpo de pasiones y deseos), Lingha-Sharira (cuerpo sideral o astral), Stula-Sharira (cuerpo físico) y Prana (o vida inferior), puede explicarnos tal dilema, diciéndonos que como estos últimos elementos constitutivos de nuestra personalidad o cambian a cada encarnación o mueren, es natural que conscientemente (por virtud del Manas inferior) tengamos evidencia acerca de tal muerte; peto, por otro lado, como aquella Triada Superior y Supraconsciente que nos cobija constituyendo nuestra Individualidad verdadera es la misma siempre y subsiste de encarnación en encarnación como collar que ensarta las múltiples cuentas de nuestras existencias terrestres, resulta lógica también dicha idea innata que desde lo más íntimo de nuestra conciencia psicológica nos grita, sin que la prestemos 'oídos: ¡Insensatos, yo fuí, soy y seré, como la Diosa Isis, de los misterios de Delfos!
¡Para mí no hay presente, pasado, ni fututo, ni muerte, ni vida porque soy el Misterioso Vigilante, la Divina Llama que preside a todas vuestras existencias terrestres … !

UNA LECCIÓN DE MAGIA BLANCA



Si queréis realizar verdaderos milagros, tratad al hombre como a un sér superior –aunque un demonio sea–, al niño como a un hombre, al animal y al loco como a un niño, como a un irracional a la planta, y al propio mineral como a un vegetal cualquiera. El alcance trascendental de semejante proceder no os lo podéis imaginar buenamente. Desde la Pedagogía y la Sociología, hasta la Agricultura y la Zootecnia, todo se encierra en esto. Vais a verlo.

Cuantos conocen el corazón humano, saben que el bien y el mal están, ligados en nuestras acciones de un modo inextricable. El afán de riqueza, fama y honores; el temor al dolor, el anhelo insaciable del placer, el mismo apego a la vida, suelen ser el móvil de nuestras acciones; pero es tan intensa y honda la fuerza de la Ley de Justicia, que en la enconada lucha del altruísmo del Ideal con el egoísmo de nuestra condición misérrima, siempre se deja oír su voz en el fondo de nuestro espíritu, voz a la que suele llamarse conciencia, estado sublimal tocado de la infinitud de lo divino.

Mientras más perverso sea un hombre, tanto más ansioso está su conturbado espíritu de esa ilusión del bien que parece negarle sus dones excelsos. Un solo toque a su vanidad, un solo empuje en tal sentido, dado con buen arte, pueden producir en su condición malvada beneficios e impulsos pasionales hacia lo justo, tanto mayores cuanto más apartado se halle habitualmente de estado tal. Acordaos, si no, de aquel Cartouche tan bien educado, que se deshace en excusas ante una dama por haberla asustado al arrojarse desde el tejado por la chimenea, huyendo de sus perseguidores; de aquel Mussolino, encanto de las mujeres; de aquellos Tempranillos y Panchamplas de nuestra Andalucía, devolviendo el dinero robado, y doble más, a determinados desvalidos, y realizando, a su modo, acciones generosas que aún admira el vulgo, en Diego Corrientes y Caparrota.

Proverbiales son, también, los buenos sentimientos de ciertas prostitutas y la justicia distributiva que suele reinar entre los malhechores, tahúres y demás gentes de su especie. Aunque por dentro quede otra, y estemos siempre en guardia, nada resulta tan práctico como dar el trato más selecto a los más pillos. Todo el que tenga alguna experiencia mundial habrá podido apreciar alguna vez las ventajas de proceder semejante, practicado con tacto exquisito, cosa nada extraña, porque un ángel caído es todo hombre, y en los pliegues más hondos de su inconsciente, yace ese recuerdo vago, como la primera de sus ideas innatas, que le llama desde lejos hacia una redención siempre posible. En tratar al niño cual a un hombre pequeño, cifra hoy la Pedagogía integral su mayor triunfo.

Desde que Lindsey, George, Perry y Wilcox han descubierto al niño normal en el niño delincuente, y desde que hemos averiguado que el pequeñuelo, dentro de su progresiva condición, y antes de pensar con lógica, obra lógicamente, se ha ensayado, sobre todo en América, el sistema de gobierno escolar de los niños por los niños, con los maravillosos resultados que de la Escuela–Colonia de Franklin nos refiere Ernest Nilson, en el Monitor, de Buenos Aires, transcrito por La Educación Física Nacional. Dichos sistemas, que hacen al niño la justicia de considerarle un hombrecito, un ciudadano futuro, demuestran cumplidamente nuestro aserto, y aqueste tema resulta digno de un extenso artículo donde se estudiase esa compleja condición instintiva del pequeño que, sin razonar, lo adivina todo y angelicalmente todo lo dice… Conozco la casa donde me quieren con lealtad o donde me traicionan, por los sirvientes y por los niños.

En cuanto a los animales irracionales y a los locos, tratarlos debemos como a niños, con amorosa indulgencia, con sensata solicitud, a la que siempre, y en todo caso, responden. Respecto de los segundos, nos dieron buen ejemplo hace dos años los asilados de Ezquerdo, alternando, en toda la extensión de la palabra, con los cuerdos, en cierto banquete íntimo, donde comieron como discretos, pronunciaron brindis y hasta trabajaron en él teatro… De los animales, no hay sino comparar los cautelosos gorriones españoles, apedreados siempre, con los confiados gorriones parisienses, que comen en las manos mismas del público de los jardines, o parangonar el caballo de cab inglés, docilísimo a la intención, casi más que a la mano del que lo guía, sin pegarle nunca, con nuestro penco de plazuela, eternamente mal comido, apaleado en vida, y expiando con la muerte las culpas de sus brutales dueños destripado en la arena de la barbarie taurina.

La selección cuidadosa que la Zootecnia preconiza; aquí se opera a la inversa con los malos tratamientos a los animales de toda especie, gracias a lo cual nuestras degeneradas razas pecuarias, caballares, bovinas, etc., no son ni sombra de lo que antaño fueron, y ser pudieran nuevamente, y aquí de la misión social que llenan las protectoras de animales y plantas, por las que yo quisiera que nuestro pueblo se interesase como corresponde a su cultura. Si las ventajas del cuidado tutelar de las plantas no equiparase ya bastante a éstas con los animales en sus curaciones, tratamiento de parásitos, selección, etc., tenemos demostrado con los profundos estudios de la nitrificación, los fermentos del suelo, los abonos químicos, etc., que hoy, gracias a la Ciencia, pensamos a las plantas exactamente igual que a los animales: tanto nitrato potásico para el garbanzo, tanto fosfato de cal para las gramíneas, tanto y cuanto mantillo para el apio de la huerta.

 Hasta esos minerales, aparentemente inertes, tocados están de una biología que ha nacido en el mismo siglo dichoso que ha roto también con la inmutabilidad de los cielos.
Ya hay Tratados en lengua inglesa y alemana acerca de las enfermedades de las perlas, de las atonías de transparencia del diamante y otras cosas a este tenor, de las cuales hace cincuenta años nos hubiéramos reído. Dichos Tratados opinan como nosotros en lo relativo a considerados minerales como unas plantas de larguísima vida, que plantas parecen, al fin, las herborizaciones cristalográficas, las dentritas del cuarzo y manganeso, los musgos de cobres, plomos y platinos.

Creo haberos convencido, lectores, de la bondad del aforismo que encabeza este artículo; pero, en realidad, hubiera podido ahorrarme todo otro razonamiento que no fueran los nacidos de la sana y calumniada filosofia. Un mineral que se transforma en una planta, una planta en un animal, un animal en un hombre, un hombre en un rishi y un rishi en un dios, dice la Doctrina Arcaica.

También nos dice lo mismo, en parte, la evolución darwiniana.
Nuestra magia, pues –como todas las magias buenas–, se reduce a una cosa trivial, evidentísima: la de ponernos de parte de la Ley Natural en sus progresos para realizar imposibles, que son posibles, removiendo los obstáculos que se oponen a su desenvolvimiento. Esta es la moderna ciencia de hacer milagros.  Creedlo. Algo semejante ha sido también entre los pueblos de Oriente la incomprendida taumaturgia.

MARIO ROSA DE LUNA

EL CONCEPTO DE ABSOLUTO (1) ¿Vacío Plenum?



La naturaleza de lo Absoluto es el más enigmático y fascinante de los problemas de la filosofía y de la religión, y aunque esté condenado a permanecer por siempre sin resolver para la filosofía, continuará sin embargo ocupando la atención de los filósofos del futuro. 
Dado que la Realidad Última, que es denominada con la palabra “Absoluto” o Parabrahman”, es el verdadero núcleo de nuestro ser, así como la causa y base del universo del que participarnos, no podemos apartarnos de él, del mismo modo que nuestro sistema solar no puede dejar al sol en torno del cual revoluciona y del cual recibe todo cuanto lo mantiene vivo y en movimiento. 

Si bien lo Absoluto a veces es denominado con expresiones tales como: el Vacío, la Sempiterna-Tiniebla, etc., y está más allá de la comprensión intelectual, aun así, desde el punto de vista intelectual, es el concepto más profundo en todo el dominio de la filosofía. 
El hecho de que sea considerado “Incognoscible” no significa que esté fuera del alcance del pensamiento filosófico o religioso, ni que sea algo acerca de lo cual sea imposible o indeseable pensar. Al contrario, el mismo hecho de que constituye el corazón y la base del universo, lo convierte en el tema de investigación más intrigante dentro de los dominios del intelecto. 

Si bien los Vedas y los Upanishads insisten reiteradamente en que este Principio Superior y sutil de la existencia está más allá del intelecto y de la palabra, aun así, su propósito principal parecería ser el dar a quienes lean esas obras reveladas una certeza de que tal Realidad Ultima existe en el corazón del universo manifestado y de que realizarlo en creciente medida es el objetivo supremo del quehacer humano. Estas obras están llenas de insinuaciones indirectas, bellas narraciones y representaciones simbólicas de este Principio desconocido e intelectualmente incognoscible, y de los medios que pueden adoptarse para lograr realizaciones cada vez más vívidas de su naturaleza, dentro de las profundidades insondables de nuestra propia conciencia. 

Es obvio, entonces, que el pensar e investigar acerca de lo Absoluto o Parabrahman no es desalentado, sino que por el contrario, es considerado como el objeto más elevado al que puede aplicarse a investigar el intelecto. De lo que sí tiene que precaverse el estudiante de la Sabiduría Divina o sadhaka no es de pensar acerca de esta Realidad Ultima sino que creer que sus pensamientos sean el conocimiento de esa Realidad. Es incognoscible y sin embargo el más profundo objeto de investigación filosófica, pero esta investigación debe ser la conjunción de un esforzado y serio pensar con una profunda devoción, y no una mera especulación o ejercitación de una lógica estéril, si es que ha de ser de alguna utilidad práctica. 

Al tratar esta concepción, tan profunda como inagotable, todo cuanto es posible hacer es desplegar ante el lector, una por una, ciertas ideas que arrojen alguna luz sobre sus diversos aspectos. Estas ideas son como las piezas de un rompecabezas: cada pieza, tomada aisladamente, puede significar poco o nada, pero cuando se las yuxtapone adecuadamente, una tras otra, comienza a aparecer una escena de la que logramos una súbita y completa vislumbre en nuestra mente y vemos, no solo el sentido de las piezas que ya han sido colocadas sino que también alcanzamos a tener ya una imagen, aunque pálida, de aquellas piezas que aún faltan. El intelecto sólo puede ocuparse de aspectos separados de cada idea. Es función de la Mente Superior, y especialmente de Buddhi o intuición en el caso de realidades espirituales, el fusionar estos aspectos separados y captar, hasta cierto límite, aquella Realidad de la que son imágenes fragmentarias. 

De ahí surge la importancia del esfuerzo intelectual en la búsqueda de la Sabiduría Divina. 
El intelecto no nos puede dar la percepción de las verdades que buscamos; esto puede solamente venir de la luz de Buddhi, pero puede preparar el terreno para el logro de tal percepción, reuniendo material intelectual esencial y trabajándolo con gran concentración y seriedad y con el propósito establecido de encontrar aquellas verdades ocultas tras las ideas. En este esfuerzo perseverante por ir más allá de las ideas, la conciencia se va liberando cada vez más de la influencia obscurecedora del intelecto y adquiriendo así, en forma creciente, la percepción directa de esas verdades. Antes de comenzar a clarificar nuestras ideas con respecto a lo Absoluto, debemos recordar una vez más las tremen das limitaciones bajo las cuales habremos de emprender esta difícil cuanto fascinante tarea. Vamos a tratar de comprender, mediante la instrumentalidad del intelecto, una Realidad que está no sólo más allá del alcance del intelecto sino también del de Buddhi y de Atma y aun más allá del alcance de la experiencia de aquellos elevados Adeptos que pueden sumergirse en lo más profundo de sus propias conciencias. 

Estamos tratando de atisbar en un misterio llamado la Perpetua Tiniebla y lo Incognoscible, y sólo podemos esperar que un tenue resplandor, proveniente de las lejanías más profundas de nuestro ser, sea lo que pueda filtrarse y descender a nuestras mentes, satisfaciendo así, aunque tan sólo parcialmente nuestra hambre de conocimiento, y que tal vez nos acerque un poquito siquiera a esa Realidad que está rodeada de impenetrable misterio. 

Si nos mantenemos conscientes de nuestras tremendas limitaciones y consideramos nuestros esfuerzos como mera tentativas de lograr información acerca de un país mediante un mapa y no de conocerlo, en cualquier sentido que se de a la palabra, podremos mantener la recta actitud de reverencia y humildad. Es esta la única manera de evitar el error en el que caen tanto el intelectual corriente como el consagrado, cuando confunden su conocimiento intelectual con el conocimiento real y, además, cuando comienzan a considerarse superiores a aquellos que ni siquiera poseen este conocimiento. Ser conscientes de nuestra propia ignorancia es el comienzo de la sabiduría y el primer paso hacia el logro del conocimiento real. 

No hay enemigo mayor del conocimiento real que la complacencia, que bloquea totalmente nuestro progreso haciéndonos vivir en un mundo falso y en una satisfacción y seguridad ilusorias. 
Si bien por conveniencia de exposición del tema, hemos separado el concepto de Absoluto de las otras dos concepciones, las del dual Principio Padre-Madre y del triple Logos Cósmico Inmanifestado, hemos de recordar que las tres en conjunto integran el Perpetuo- Inmanifestado y que realmente constituye un indivisible e impenetrable Misterio que sustenta al universo manifestado. 
Por eso es que, después de haber estudiado separadamente los tres aspectos de lo Inmanifestado, deberemos considerarlos juntos y, después de haber establecido sus interrelaciones, integrarlos en un concepto único que constituya un todo autónomo y armónico. 
En el estudio de la Naturaleza de lo Absoluto, has donde ello es posible dentro del dominio del intelecto, ayudaría mucho el considerar previamente unos pocos hechos y fenómenos naturales que, por sus relaciones análogas con este Misterio de Misterios, pueden hacernos penetrar un poco en él. 

Por una extraña ironía de las circunstancias, esos hechos provienen del campo de la Ciencia, la que debido a su hostilidad hacia las doctrinas de la Religión y de la Filosofía, era generalmente considerada un enemigo por los adherentes ortodoxos de la Religión y de la Filosofía. 
Estos y otros ejemplos de esta naturaleza muestran cómo los descubrimientos de la Ciencia, en lugar de ser perjudiciales a la Doctrina Oculta, constituyen un apoyo que nos ayuda a comprender y a apreciar dicha Doctrina. Esto es así porque los fenómenos en los mundos inferiores son sombras de realidades en los superiores, y porque del examen y la comprensión de las sombras de aquí abajo, a veces podemos lograr una clave o vislumbre acerca de la naturaleza de las realidades de arriba. 

Es este hecho el que hizo que uno de los Adeptos dijera que “la Ciencia es nuestro mayor aliado”. 
La Verdad no tiene nada que temer de ningún lado, y menos del lado de la Ciencia, que está dedicada también al descubrimiento de la Verdad, si bien a un nivel muy inferior y en un campo muy limitado. Si en alguna de las doctrinas ocultas menores, o en investigaciones hechas por ocultistas, se prueba que algo es erróneo, es beneficioso que se lo haya podido probar, en interés de la Verdad mayor, porque el ocultista también, como el científico, desea la Verdad y nada más que la Verdad. 
El primero de los fenómenos naturales que analizaremos brevemente es la dispersión de la luz blanca por un prisma, como se indica en la Fig. 1. Quienes tienen algunas nociones científicas elementales, están familiarizados con la experiencia en la que un rayo de luz blanca es obligado u atravesar un prisma y cuyo rayo emergente es recibido en una pantalla blanca.

La imagen que se produce no es la del rayo original sino que recogemos una banda coloreada llamada “espectro”. Si el rayo inicial es de luz proveniente del Sol, entonces hay un espectro invisible que se extiende a ambos lados del espectro visible, y que se llaman infra-rojo y ultra-violeta. 
Lo que ha ocurrido es que el rayo de luz blanca ha sido dispersado o diferenciado por el prisma y todas las vibraciones, visibles e invisibles, han sido separadas una de otras de acuerdo con su propia longitud de onda, formando un espectro continuo. Interponiendo ahora otro prisma invertido en el camino del rayo emergente, es posible recombinar o integrar las vibraciones separadas en el rayo de luz blanca original. 

De este modo, todo el proceso es reversible. Ahora observemos algunos hechos concernientes a este sencillo experimento y que aclararán algo el problema que estamos considerando. 
El primer punto a notar es que resulta posible integrar una serie graduada de cosas en un estado perfectamente equilibrado y en el que ninguna de las cosas individuales está presente como tal, pero siendo posible obtener todos los integrantes por diferenciación. Considerando ahora las condiciones prevalecientes a cada lado del prisma, vemos que son totalmente diferentes. 
Del lado en que la luz entra en el prisma, sólo tenemos luz blanca y ningún color; del otro lado, por el cual la luz sale del prisma sólo hay colores y no hay luz blanca. Si hubiese alguna entidad que hubiese vivido solamente del lado de los colores, no tendría la más mínima idea de lo que es la luz blanca a través de su experiencia de diversos colores, por más que ellos se deriven de la luz blanca. Tendría que pasar a través del prisma y emerger del otro lado para darse cuenta de ello. 

También lo contrario: si hubiese vivido siempre del lado de la luz blanca, no podrá experimentar ni tener idea alguna acerca de colores, mientras no pase por el prisma al dominio de los colores. Las dos experiencias parecen ser mutuamente excluyentes. Otro hecho que debemos notar es que nada de toda la luz blanca incidente es destruida cuando en su propagación atraviesa un prisma y es fraccionada en colores del otro lado. La luz blanca del lado incidente no es afectada por lo que le ocurre del lado de emergencia, porque se trata no de un fenómeno estático sino dinámico que se renueva constantemente. El significado de este fenómeno luminoso en sus varios aspectos nos permite comprender algo de la naturaleza de lo Absoluto, de un modo muy general como es obvio, y no necesitamos ir más allá para señalar analogías que son evidentes por sí mismas. 

Vemos de inmediato cómo lo Absoluto en sí puede ser sin atributos, si bien es la fuente de todos aquellos principios, Tattvas, fuerzas que invisten con atributos a todas las cosas en el dominio de lo manifestado. Para un mundo que solo conoce colores, la ausencia de colores sólo puede ser interpretada como tinieblas y no como luz blanca, que es fundamentalmente distinta de la oscuridad, porque oscuridad significa ausencia total de colores, mientras que la luz blanca implica la presencia de todos los colores, pero en una forma integrada. 

Así, resulta más sencillo ver cómo lo Absoluto puede ser sin atributos de ninguna clase, la oscuridad-Perpetua, o Nirguna-Brahman. Veamos, entonces, cómo es imposible conocer un principio o realidad, de la cual se han obtenido una serie de derivados por diferenciación, hasta que hayamos trascendido el dominio de esos derivados y emergido en el dominio del principio originador. Debemos trascender el dominio de los particulares si queremos conocer, y no meramente concebir, el arquetipo del cual derivan. Debemos dejar el mundo de sombras, si queremos conocer las realidades que proyectan esas sombras. Debemos dejar el mundo de la mente, si queremos conocer la Conciencia en su pureza y, finalmente, debemos dejar el mundo de lo relativo, si queremos conocer lo Absoluto, si es que ello es del todo posible. 

La inversa de esta proposición tal vez sea también cierta en otro sentido, y tal vez pueda proporcionar una clave al interrogante de por qué la Mónada tiene que descender a los mundos inferiores para conquistar la experiencia necesaria para su misterioso desenvolvimiento. Viviendo como ha vivido siempre en el seno del Padre, en la brillante radiación de sólo luz blanca, debe descender al mundo de manifestación, donde sólo hallará los colores que se obtienen por diferenciación de aquella luz blanca. Y dado que esto sólo puede hacerse en los planos inferiores mediante la instrumentalidad de un mecanismo apropiado, deberá empeñarse en la construcción y utilización de tal mecanismo. Es lo que necesita para su evolución, digámoslo así, en los planos inferiores. 

Tratemos de ver ahora este problema desde otro punto de vista. 

Hemos visto ya que para individuos viviendo en un mundo de sólo colores, la luz blanca sería concebida como oscuridad, si bien es fundamentalmente diferente de la oscuridad. Puede decirse en general que, cuando no podemos responder a una serie de vibraciones tenemos la impresión de una ausencia de vibración, porque la conciencia se vincula con algo sólo mediante vibraciones, y si nuestro vehículo no responde a un conjunto de ellas, el objeto que las produce permanecerá como inexistente en lo que a nosotros concierne. Sabemos, como hecho científico, que a ambos lados del espectro visible están los espectros infra-rojo y ultra-violeta, pero no los vemos porque nuestros ojos no responden a las vibraciones de esas longitudes de onda. 

Estos dominios de luz son oscuridad para nosotros, si bien pueden afectarnos de otra forma. Análogamente con el sonido. Nuestros oídos responden sólo a un limitado número de vibraciones sonoras, y vibraciones de mayor y menor longitud de onda sólo son silencio para nosotros, si bien pueden ser detectadas y utilizadas por la Ciencia de varias maneras. 
Lo mismo vale en el caso de nuestra conciencia. Lo que está más allá del alcance de nuestra captación mental se nos aparece como carente de sentido y falso. 
Cuando maduramos mentalmente, no sólo comenzamos a comprender aquellas cosas, sino que seguimos viendo significados más profundos en ellas. Así, debemos estar en guardia cuando encontremos palabras tales como “silencio” y “oscuridad” al tratar las realidades de los dominios internos y no debemos asociarlas con la ausencia de toda clase de realidad, sino con la falta de respuesta de nuestra parte. 

Es un hecho comprobado que oscuridad y silencio abarcan, aún en el plano físico, mucho más que la luz visible y el sonido audible, Esto se evidencia si recordamos que cuando nos venimos ciegos y sordos el espectro visible también pasa al dominio de las tinieblas y el espectro audible en el dominio del silencio. La expresión “Oscuridad Permanente” usada para referirse a lo Absoluto en la literatura oculta significa únicamente aquella Realidad Última que, como lo denota, está más allá del alcance de no sólo nuestros sentidos y mente sino que también más allá del alcance de experiencia del más elevado de los principios como Atma, los cuales caen dentro de la experiencia de los Adeptos de mayor rango de nuestro globo. De las muchas referencias que tenemos en la religión hindú y en la literatura oculta, surge que recién el Logos de un sistema solar es quien puede tener algún acceso a tan impenetrable misterio, pero no se ha dicho nada definido acerca de esto. 

Hasta ahora hemos estado considerando todo este asunto desde lo que podríamos llamar, momentáneamente, el punto de vista cualitativo. Ocupémonos, ahora, un tanto de su aspecto cuantitativo, y para la consideración del aspecto cuantitativo lo mejor que podemos hacer es tratar brevemente la naturaleza del cero. 

El cero, como saben todos aquellos que tienen algún conocimiento de matemáticas, es el más intrigante, desconcertante e imprevisible ente en todo el campo de las matemáticas con excepción de su contraparte: el infinito. No es posible entrar aquí en pormenores de las propiedades del cero y del infinito, pero sí podemos considerar unos pocos hechos que son del caso para nuestro problema y que pueden aclarar un tanto el concepto de Absoluto. 

El cero y el infinito parecen ser polarmente opuestos. Si incrementamos continuamente la cantidad de algo, nos acercaremos al límite de lo infinito, aunque sin alcanzarlo nunca; si disminuimos constantemente la cantidad, nos acercamos al límite del cero, pero también sin alcanzarlo. 
Entre ambos límites, extremos e inalcanzables, están contenidas todas las cantidades posibles de cualquier cosa que imaginemos. El cero y el infinito se asemejan, así, al punto y al espacio en geometría. Ahora bien, algo asombroso acerca del punto ideal y del espacio ilimitado, es que aparecen, en última instancia, como análogos e indistinguibles, 

Si imaginamos aun punto expandiéndose ad infinitum, se confundirá finalmente con el espacio infinito e ilimitado, para reaparecer luego como de la nada en su original posición y dimensión infinitesimal. Uno puede advertir porqué ha de ser así. El punto y el espacio ilimitado son las dos investiduras polares de lo Absoluto, y el Ritmo Cósmico, como veremos más adelante, es una eterna oscilación de la conciencia entre ambos. Las propiedades del cero y del infinito son análogas a las del punto y del espacio. Una extraordinaria propiedad del cero es la de contener inherentemente a cualquier cantidad, si la suponemos equilibrada por otra cantidad de igual magnitud pero de signo opuesto. Se puede escribir en el pizarrón un número de cien cifras para representar una gran cantidad de algo, y si escribimos frente a ella el mismo número pero con signo contrario, ambas desaparecen en el cero, No solamente algún número grande, sino que podrá escribirse una fracción compleja tan amplia como para cubrir la pared, y si entonces se escribe otra expresión opuesta en signo y de igual magnitud, ambas desaparecen en la ilimitada potencialidad del cero. 

Lo interesante de ver es que no solamente se puede reducir cualquier cosa a cero introduciendo su opuesto, sino que también puede el cero contener a la vez cantidades positivas y negativas en cualquier cantidad y magnitud, sin quedar afectado en ninguna forma. Sintetizando, podemos decir, por tanto, que el cero puede contener en sí mismo un número infinito de magnitudes, desde la más pequeña hasta la más grande, todas perfectamente equilibradas por sus opuestos. El significado de estas extraordinarias propiedades del cero puede aclarar algunas características del concepto de Absoluto. 

Ellas muestran, matemáticamente, cómo la existencia de una Realidad última, con la propiedad de contener un número infinito de sistemas potenciales y de cualquier magnitud es posible, dado su posible equilibrio por su opuesto. Debe observarse que no hay límite para el número, tamaño o tipo de ítem, siempre en el supuesto de que cada uno sea equilibrado por su igual y opuesto. También vemos que esta Realidad, pese a la presencia de estos múltiplos contenidos puede ser un vacío, conteniéndolo todo y sin embargo nada. 

La consideración de estos dos singulares hechos, uno cuantitativo y otro cualitativo del campo de la Ciencia, nos muestra que los dos principios de integración equilibrada y suma equilibrada proporcionan una clave de la naturaleza sin atributos ni contenidos de lo Absoluto, que potencialmente tiene todos los atributos y sin embargo carece de todo atributo, que tiene en sí mismo todo cuanto encuentra expresión en una infinita serie de manifestaciones y que sin embargo carece’ de todo contenido. Ahora ya no es necesario plantear el interrogante de si lo Absoluto es un Plenum o un Vacío. La pregunta se ha respondido a sí misma. 

En lo Inmanifestado la presencia en forma integrada de todos los principios iguales y opuestos en estado potencial encuentra, en el universo manifestado, su expresión natural en opuestos llamados dvandvas o “pares de opuestos”, si bien no siempre es posible debido a las limitaciones e ilusiones en que vivimos, el correlacionar estos opuestos en cada cosa, pero dichos opuestos son percibidos por doquier y en muchos casos en una forma muy notable, si observamos la vida inteligente e inquisitivamente Las funciones activa y pasiva de la volición y de la cognición de la involución y la evolución, espíritu y materia, sujetos y objeto, descenso y ascenso, electricidades positiva negativa, son unos pocos de estos muy conocidos pares de opuestos que pueden rastrearse hasta su fuente en lo Inmanifestado, en donde permanecen perfectamente equilibrados y en forma potencial, estado del cual surgen a la actividad cuan do comienza la manifestación. 

La presencia de estos aspectos opuestos que pueden rastrearse hasta su fuente en lo Inmanifestado en un versículo del Ishavasyopanishad (5), así: “Ello se traslada, Ello no se traslada; Ello está más allá de lo más lejano; “Ello está más cerca de lo más cercano, está dentro de todo este universo, y también fuera de este Todo”. Estos pares de opuestos: fuerzas, procesos y propiedades, son muy conocidos y no es necesario ahondar aquí su naturaleza, Me ocuparé, más bien un tanto brevemente, de unos pocos pares de opuestos que generalmente no son reconocidos como tales pero que están implícitos en el equilibrio, armonía y totalidad perfectos de lo Absoluto, en quien está enraizado todo el universo, tanto manifestado como inmanifestado. 

El reconocimiento de estos opuestos es importante, no solamente desde el punto de vista académico, sino que también desde el punto de vista práctico, porque puede afectar nuestras actitudes en la vida y ser una ayuda en la tarea de descubrir aquella Realidad dentro de nosotros mismos. Tomemos, en primer término, un asunto de gran interés personal y acerca del cual parecería haber alguna confusión de ideas entre nosotros. Me estoy refiriendo a la cuestión de Saguna-Brahman y Nirguna-Brahman. O en otras palabras, la cuestión del Dios personal y Dios impersonal. 

Hay una impresión prevaleciente entre algunos de que el Ocultismo considera a Dios como un Principio puramente impersonal e inalcanzable mediante capacidades personales y que, por consiguiente, no es posible establecer ninguna clase de relación personal entre Él y nuestra vida interior. Toda tentativa de considerarlo también como un Dios personal es desaprobada por esa gente, y generalmente considerada por ellos como un resultado de tendencia antropomórfica del hombre. 

Un Dios personal no implica necesariamente un Dios sentado en un trono en algún lugar elevado en el cielo. Es un Dios accesible y con el pueden establecerse relaciones personales, por más que ÉL permanezca invisible e intangible. Esta impresión ha sido creada, en cierta medida, por aquellos que bajo la fuerte influencia de las enseñanzas del Buddhismo, han tomado en cuenta solamente un punto de vista y prácticamente ignorado su opuesto. 

Cierto es que en el centro de lo Inmanifestado, de lo Absoluto, los dos aspectos llamados Saguna-Brahman y Nirguna-Brahman han de estar presentes en un estado de equilibrio y es imposible, por lo tanto, establecer alguna clase de relación individual con tan Último Principio, pero si descendemos al próximo nivel inmediato, como resultado de la diferenciación primaria en Principios positivo (+) y negativo (—), llamados Shiva-Shakti en la filosofía hindú y PADRE- MADRE en “La Doctrina Secreta”, esta impersonalidad e inaccesibilidad desaparecerán, y no sólo será posible establecer relaciones personales con cualquier aspecto de esa Realidad en cualquier nivel, sino que también será de una tremenda ayuda para nosotros en el trabajo de Autodescubrimiento. 

En un Capítulo subsiguiente me ocuparé de este Principio Padre-Madre y Su relación para con las Mónadas y trataré de mostrar que debemos rastrear nuestro nacimiento como Mónadas y origen espiritual hasta ese Principio dual último llamado Padre-Madre, y no sin razón, hablar irreflexivamente, por no decir anticientíficamente, de haber surgido del seno del Padre, ignorando completamente a nuestra Madre espiritual quien ha de tener en estos misteriosos e inimaginables dominios, un papel más importante que desempeñar en el darnos nacimiento y multiplicarnos como Mónadas, así como Su influencia aquí abajo. 

Sin embargo, aquí no nos ocuparemos tanto del problema de nuestro origen cuanto de nuestra relación con ese Principio Padre-Madre, o con algunas otras manifestaciones inferiores de ese Principio. Podría preguntarse, muy seriamente cómo es posible que el Principio Padre-Madre, que es el prototipo de todos los padres y madres en el mundo físico y por tanto, fuente última de todo amor, ternura y cuidado paternales pueda, en si mismo, carecer de todos estos atributos. ¿No es más razonable suponer que Ello es la fuente origen que, aun en sus más débiles formas de expresión en los planos inferiores, proporciona la experiencia más exquisita y dichosa a los seres humanos, y aun a los animales? Si nuestros Padres espirituales son tan impersonales e indiferentes hacia nosotros sus hijos como individuos, como aspiramos ser, entonces ¿por qué son mencionados como Padre-Madre? Creo que este punto de vista de la impersonalidad de Dios es el resultado de adoptar solamente un punto de vista y de ignorar el opuesto. 

La Realidad subyacente que sustenta a este universo de tan vastas magnitudes y complejidades, debe ser impersonal en uno de sus aspectos, pero este mismo hecho de su total impersonalidad debe, a su vez, estar equilibrado exactamente por su opuesto, esto es, el hecho de que ha de existir la más íntima y exquisita relación personal entre sus Padres Divinos y cada alma individual. Si ELLO es totalmente impersonal en uno de SUS aspectos, ELLO deberá ser totalmente personal en SU aspecto opuesto. Si en SU vasto abrazo de amor sostiene todo el universo de una manera impersonal, también ha de sostener en SU seno a cada alma individual con el amor y el cuidado para su hijo como ninguna madre humana puede hacerlo. 

 Debemos ponderar cuidadosamente esta idea de que la personalidad y la impersonalidad son dos principios opuestos y que la impersonalidad total en su aspecto universal debe quedar equilibrada por la personalidad total en su aspecto individual. Es sobre este principio fundamental, derivado de nuestro concepto de Absoluto, que se basa la idea de un Saguna-Brahman y la de la posibilidad de establecer la más íntima relación entre amador y lo amado, entre el alma individual y el Alma Universal; y es mediante el desarrollo de esta relación que se huella el Bhakti-Marga o sendero de amor. 

Partiendo de una cuestión de interés personal, en la cual muchos deberían estar interesados, llegamos ahora a otra cuestión más bien impersonal y de importancia filosófica y que constituye una auténtica atiprashna o “cuestión última”, o sea, que está más allá de la comprensión del intelecto. Me estoy refiriendo al “porqué” del universo. ¿Por qué ha sido creado el universo? Y si no hay creación y sí mera alternancia de Shristi (creación) y Pralaya (disolución) ¿por qué esta alternancia? Creo que deberemos acudir nuevamente al concepto de Absoluto para lograr una respuesta parcial a esta pregunta. Es obvio que los de Manifestado e Inmanifestado son dos estados opuestos de Ser. Surgimiento y retorno son dos procesos opuestos relacionados con esos dos estado de Ser, y uno no puede existir sin el otro, su opuesto, conformando un todo equilibrado. Si hay lo Inmanifestado, deberá haber también un retorno a ese estado. Así, tanto el Manifestado como lo Inmanifestado, y su alternancia en diversos niveles, son inherentes a la verdadera naturaleza de la Realidad, y no se trata aquí de ninguna motivación o esfuerzo de voluntad de ningún ser en el funcionamiento de esta alternancia. No podrá haber Realidad Última sin estos inherentes y opuestos aspectos de Ella, y que producen la alternancia de Shristi y Pralaya 

Hemos tomado, a los fines de ilustración, solamente estas dos implicaciones del concepto de Absoluto. Podríamos tomar muchas otras implicaciones de este maravilloso concepto de integración y equilibrio en lo Absoluto y descubrir que ellas también arrojan alguna luz sobre muchos problemas del campo filosófico que nos dejan aparentemente perplejos. .Un estado en el que todos los principios, fuerzas. etc., posibles, existen en un perfecto equilibrio sería no sólo un vacío, como se indicó más arriba, sino que seda además un estado perfectamente estable. 

De acuerdo con las modernas concepciones de la Ciencia, si tal estado de equilibrio es perturbado por cualquier causa, la perturbación sería seguida por una serie de cambios y reajustes que tendería a neutralizar la perturbación y a restablecer el estado de equilibrio estable original. 
¿Hay alguna indicación en los fenómenos de la Naturaleza que muestre que en el corazón del Universo existe una Realidad Última que está en perfecto equilibrio y que tiende a restaurar el equilibrio dónde y cuándo sea perturbado? Hay muchas leyes y fenómenos naturales que indican la existencia de una perfecta estabilidad y equilibrio en el corazón del universo y la neutralización de cualquier clase de perturbación mediante los correspondientes cambios y reajustes. Consideremos brevemente unos pocos de tales leyes y fenómenos. 

La primera de tales leyes generalmente observada que puede ser considerada es la ley de compensación. Toda ventaja en la vida de un individuo está contrabalanceada por una desventaja. Toda satisfacción es compensada por un dolor, real o potencial. Si estamos exaltados, habremos de sentirnos deprimidos correspondientemente. Si queremos realizar algo en un tiempo más breve, deberemos gastar energías en cantidad en mayor grado. Si queremos cosas de la vida superior, deberemos dejar cosas de la vida inferior. Debido a que nosotros solo podemos tener una visión limitada a una sola vida es que no podemos ver claramente a la ley de compensación en acción, pero es de vigencia universal. 

No solamente en la vida corriente vemos vagamente la acción de esta ley; también en el campo de la Ciencia vemos su actuación bajo diferentes formas que encuentran expresión matemática. Así por ejemplo, tenemos en la Química el muy conocido principio de Le Chatelier, según el cual “si un sistema en equilibrio es sometido a cualquier cambio, el sistema reacciona de modo a anular el efecto del cambio”. En lenguaje sencillo, ésto significa que si un sistema en equilibrio químico es perturbado de alguna manera, reacciona de manera a oponerse al efecto de la perturbación. 

En el campo de la Biología, el desarrollo de la inmunidad puede considerarse como una expresión de dicha ley. Vemos así que pueden existir simultáneamente estados de perfecto equilibrio y de cambio dinámico, puesto que el cambio introducido es compensado por otro de naturaleza equivalente, pero como el tiempo de observación es corto y no siempre es posible ver todos los cambios resultantes que se han verificado en un sistema complejo en equilibrio, tampoco es siempre visible la acción de la ley de compensación. Puede concluirse de lo anteriormente dicho que cuando cualquier clase de impulso se da en alguna parte del universo, teóricamente es todo el universo el que reacciona, si bien esta reacción puede llegar a ser tan débil que no pueda detectarse. 

La reacción es de tal naturaleza que tiende a neutralizar cuantitativamente la perturbación originada. Este hecho, reconocido por la Ciencia, muestra la unidad subyacente en todo el universo, manifestado e inmanifestado, y el hecho de que es algo viviente y o consciente en cada punto. Y es el desenvolvimiento de esta reacción ante impulsos de cualquier naturaleza, lo que podemos considerar como la Ley de Causa y Efecto en su sentido más amplio. La acción o impulso originario es la causa, y la reacción es el efecto. 

La Ley de Karma no es sino la Ley de Causa y Efecto operando en dominios de la vida humana y originando reajustes entre un individuo y otros individuos a quienes ha afectado con sus pensamientos, emociones y acciones. Los reajustes que restauran los equilibrios en la Naturaleza son de dos clases: o inmediatos o diferidos, que siguen a un período de acumulación. 
Las reacciones naturales en los dominios de la materia inerte son generalmente inmediatas, mientras que las relativas a seres humanos, quienes son conscientes, son más o menos diferidas. 
Las acumulaciones de estas reacciones, que abarcan grandes cantidades de almas, son las que, al quedar archivadas en los dominios invisibles producen resultados cataclismos como las guerras, pestes y revoluciones. 

Es este mantenimiento en suspenso de las reacciones destructivas las que están simbolizadas por el acto de Shiva de beber veneno durante la agitación del Océano, en la conocida leyenda puránica. 
El “veneno” de las reacciones indeseables, una vez generado, no puede ser destruido, teniendo que permanecer retenido y liberado tan gradual y oportunamente como para que produzca el mínimo de daño y no obstruya indebidamente la evolución de los individuos o de la humanidad. 

La mayoría de la gente reflexiva no está sino muy vagamente advertida de que existe una ley de compensación subyaciendo en los fenómenos de la vida, y son aún muy pocos los que comprenden que esta ley de compensación es una ley que no limita su acción a la esfera de la vida o fenómenos naturales sino que es de vigencia universal; y es universal e inviolable, porque es expresión del hecho de que una Realidad ultima que llamamos lo Absoluto, yace en el corazón de la manifestación. 
Y es porque el universo está enraizado en lo Absoluto que la compensación rige en todas las esferas de la vida y de la Naturaleza y que, como un giróscopo que ha sido apartado de su posición de equilibrio, tiende a recuperarla automáticamente. 

De hecho, todo el fenómeno de la manifestación es resultado de esta tendencia a recuperar el equilibrio. Al reloj del universo le ha sido dada cuerda, por la Voluntad Divina, hasta un alto potencial de existencia, y a partir de allí, la maquinaria del universo manifestado comienza a marchar hacia la recuperación de la armonía y equilibrio perfectos de lo Absoluto y que habían sido alterados por esta manifestación.


Dr. I.K Taimni

EL KARMA



Una vez seguida la evolución del alma humana a través de vidas sucesivas, podemos estudiar la gran ley de causalidad que preside los renacimientos y que se llama Karma. 

Karma es un término sánscrito que significa literalmente “acción”. Supuesto es que toda acción es efecto de causas anteriores, y que cada efecto viene a ser a su vez la causa de otros, esta noción de causa y efecto es elemento esencial en la vida de acción. Por esto el término acción o Karma se usa en el sentido de “casualidad” y designa la serie ininterrumpida, el encadenamiento de causas y efectos de que se compone toda actividad humana. De ahí la frase que se emplea a veces al hablar de un acontecimiento: “es mi Karma”; es decir, “este hecho es efecto de una causa puesta en juego por mí en el pasado.” Ninguna existencia está aislada; cada vida es el fruto de cuantas la han precedido y el germen de todas las que siguen en el agregado total de vidas de que se compone la existencia continua de la individualidad humana. No hay “suerte” ni hay “accidente”. 

Cada suceso está ligado a las causas antecedentes y a los efectos consiguientes, pensamientos, acciones y circunstancias producen del pasado e influyen en el porvenir. Como nuestra ignorancia nos vela igualmente lo pasado y lo futuro, nos parece que los sucesos surgen de repente del hado, que son accidentales; pero esta apariencia es ilusoria y proviene exclusivamente de nuestro escaso saber. 
De la misma manera que el salvaje, ignorante de las leyes físicas del universo, considera los sucesos como carecientes de causa y como milagros las operaciones de las leyes físicas, un gran número de hombres, desconocedores de las leyes mentales y morales, consideran los acontecimientos mentales y morales como sin causa y los miran cual resultado de las leyes desconocidas o como buena o mala “suerte” Cuando surge por primera vez en el horizonte del pensamiento humano la idea de una ley intransgredible e inmutable, en el reino hasta entonces vagamente atribuido al azar, aparece en tal instante un sentimiento de impotencia, como de parálisis mental y moral. 

El hombre se siente sujeto por la férrea mano de un destino inflexible y el “kismet” del resignado musulmán parece ser la única forma filosófica posible. Lo mismo puede sentir el salvaje cuando su admirada inteligencia concibe por primera vez la idea de una ley física, al ver que cada movimiento de su cuerpo y cada movimiento de la naturaleza exterior se efectúan por medio de leyes inmutables. Poco a poco llega a saber que esas leyes fijan las condiciones indispensables de toda acción, sin prescribir por ello la acción misma; de suerte que el hombre permanece siempre libre, aunque limitado en sus actividades externas por las condiciones del plano en que obra. 
Aprende además que estas condiciones le subyugan y frustran sus más vigorosos esfuerzos cuando las ignora o cuando conociéndolas se opone a ellas; pero que las hace sus esclavas y auxiliares cuando las comprende, conoce su dirección y calcula su fuerza. 

En verdad, la ciencia es únicamente posible en el plano físico, porque las leyes de éste son inviolables e inmutables.
Sin leyes naturales no podría haber ciencia alguna.
Un investigador realiza cierto número de experimentos para conocer cómo opera la naturaleza; y una vez adquirido este conocimiento, puede adoptar las disposiciones necesarias para llegar a determinado resultado.
Si fracasa, sabe que ha olvidado seguramente una condición imprescindible, o que su conocimiento de las leyes no es completo todavía, o que se equivocado en los cálculos.
Vuelve al estudio, rectifica el método y repasa serenamente las operaciones, convencido de que a todo problema bien planteado debe responder la naturaleza con exactitud matemática.
El hidrógeno y el oxígeno no le darán agua hoy y ácido prúsico mañana; el fuego que le quema no le helara mañana.
Si el agua puede ser hoy líquida y sólida mañana, es porque han cambiado las condiciones circunstanciales, y el regreso a las condiciones primitivas restablecerá el resultado originario.
Cada nueva información respecto de las leyes de la naturaleza engendra un nuevo poder, porque todas las energías de la naturaleza se convierten en fuerzas utilizables en manos del hombre, a medida, que las comprende.
Aquí tiene aplicación el proverbio: “Saber es poder”; pues el uso que puede hacerse de las fuerzas depende del conocimiento que de ellas se tenga.
Escogiendo aquellas de que quiere servirse, equilibrándolas entre sí y neutralizando las energías que se oponen a sus designios.
El sabio puede determinar de antemano el resultado y provocar la realización de los cálculos.
Comprendiendo y manipulando causas puede producir efectos; y así la rigidez de la naturaleza, que al principio parece paralizar la acción humana, puede emplearse por el hombre para producir infinita variedad de resultados.

La perfecta rigidez de cada fuerza considerándola aisladamente determina la perfecta flexibilidad de sus combinaciones; pues habiendo fuerzas de toda especie, que se mueven en todas direcciones y están todas sujetas a cálculo, se puede operar una selección combinando las fuerzas elegidas de manera que produzcan el resultado apetecido, es preciso el conocimiento, pues el ignorante camina de tropiezo en tropiezo contra las leyes inmutables, viendo fracasar todos sus esfuerzos, mientras que el sabio sigue un orden metódico, y prevé, provoca o impide cuanto se relaciona con el anhelado objeto, que al fin logra no por azar, sino porque conoce las leyes. 

El uno es juguete y esclavo de la naturaleza; el otro es el dueño que utiliza las energías cósmicas, dirigiéndolas en el sentido que su voluntad escoge. Lo que es verdad en los dominios físicos de la ley, también lo es en los mundos moral y mental que igualmente son dominios de la ley. También en ellos el ignorante es esclavo y el sabio dueño. También la inviolabilidad y la inmutabilidad consideradas primeramente como paralizadoras de todo esfuerzo, se reconocen luego como condiciones indispensables de seguro progreso y de previsora dirección del porvenir. 

El hombre puede llegar a ser dueño de su destino tan sólo porque este destino yace en los dominios de la ley, en donde el conocimiento puede edificar una ciencia del alma y poner en manos del hombre la facultad de gobernar su porvenir y escoger igualmente su carácter y circunstancias futuras. El conocimiento del Karma que parecía paralizar todo esfuerzo, se convierte en fuerza inspirante, en sostén y elevadora fuerza. 

El Karma es. Por tanto, la ley de causalidad, la ley de causa y efecto. 
Formalmente la anunció el iniciado cristiano San Pablo: “No os engañéis. Nadie se burla de Dios; porque lo que quiera que el hombre siembre, aquello también recogerá.” 
El hombre admite constantemente fuerza en los planos donde funciona. 
Estas fuerzas que cualitativamente son efectos de sus actividades pasadas, resultan al mismo tiempo causas de él emanadas en cada uno de los mundos que habita. Producen determinados efectos tanto en él mismo como en los demás; y a medida que esas Causas, emanadas de él como de un foco, irradian por todo el campo de su acción, es responsable de los efectos que engendran. 

Así como el imán tiene su campo magnético, el ambiente en que todas sus fuerzas, mayores o menores, actúan según su potencia, cada hombre posee también un campo de acción en donde obran las fuerzas que emite. Estas fuerzas se trasmiten en líneas curvas que regresan al punto de partida, al foco del cual emanaron. Como el asunto es muy complicado, lo subdividiremos, y estudiaremos las subdivisiones una por una. En su vida ordinaria, el hombre emite tres clases de energías, que pertenecen a los tres mundos que habita. 

En el plano mental, las energías mentales originan las causas que llamamos pensamientos; el plano astral, las energías astrales producen lo que llamamos deseos; y, en fin, en el plano físico, las energías físicas suscitadas por las dos anteriores se designan con el nombre de acciones. Convendrá estudiar sucesivamente en sus operaciones estas tres clases de energía para comprender las tres clases de efectos que respectivamente producen, si queremos cargo del papel que cada una de esas categorías de fuerzas desempeña en las complejas combinaciones que ponemos en juego, y cuyo conjunto podemos llamar “nuestro Karma”. 

Cuando el hombre, adelantándose a sus semejantes, logra más elevados, llega a ser un centro de elevadas fuerzas; pero por ahora podemos prescindir de estas fuerzas de orden espiritual y limitarnos a la humanidad vulgar que efectúa su ciclo de reencarnación en los tres mundos. 
Al estudiar las tres clases de energía que hemos enumerado, debemos distinguir entre su efecto en el hombre que las emite y los que se encuentran en su esfera de acción; porque cualquier error en este punto podría sumir al estudiante en insuperables dificultades. Hemos de recordar, por lo tanto, que cada fuerza obra en su propio plano y reacciona sobre el plano inferior proporcionalmente a su intensidad. El plano en que se engendra le da su especial característica y al relacionar en los planos inferiores determina vibraciones de la materia sutil o grosera de dichos planos, de conformidad con su originaria naturaleza. El motivo generador de la actividad determina el plano a que pertenece la fuerza. Es necesario ahora distinguir entre: 

1º Él Karma, pronto a manifestarse en la vida presente bajo la forma de sucesos inevitables; 

2º. , El Karma de carácter, que se manifiesta por las tendencias provinentes de la experiencia acumulada y susceptibles de modificarse en la vida presente (el Ego) que las creó en el pasado; y 

3º. , Él Karma en vías de formación, destinado a influir, y Kriyamâna (en formación.) 
Además hemos de tener en cuenta que sobre el carácter y los sucesos futuros. (El estudiante conoce estas divisiones con el nombre de Prarabdha (comenzado), Sanchita (acumulado), manifestándose en parte en las tendencias del individuo al formar su Karma individual, el hombre se relaciona con los demás seres, pues entra en la composición de grupos diversos como la raza, nación y familia, participando del Karma colectivo de cada uno de estos grupos. Se comprende desde luego que el estudio del Karma es sumamente complejo. 

A pesas de ello, los principios fundamentales de su operación, antes expuestos, bastan para dar una idea coherente de su alcance general, pudiendo estudiarse los pormenores según se nos ofrezcan ocasiones para ello. Lo esencial es no olvidar que el hombre engendra su propio Karma, que crea paralelamente sus facultades y sus limitaciones, y que, trabajando siempre mediante las facultades que ha creado y bajo el peso de las limitaciones que se ha impuesto, permanece siempre el mismo, la viviente alma capaz de acrecentar o de reducir sus limitaciones. El mismo ha forjado las cadenas que le sujetan, y puede limarlas hasta romperlas o remacharlas más fuertemente. 

El mismo ha construido también la casa que habita, y puede a su antojo embellecerla, derruirla o reedificarla. Sin cesar trabajamos en la plática arcilla que podemos modelar a nuestro gusto; pero la arcilla se endurece y llega a ser como el hierro, conservando la forma que le hemos dado. 

Un proverbio del El Karma es. Por tanto, la ley de causalidad, la ley de causa y efecto. 
Formalmente la anunció el iniciado cristiano San Pablo: “No os engañéis. Nadie se burla de Dios; porque lo que quiera que el hombre siembre, aquello también recogerá.” 
El hombre admite constantemente fuerza en los planos donde funciona. 
Estas fuerzas que cualitativamente son efectos de sus actividades pasadas, resultan al mismo tiempo causas de él emanadas en cada uno de los mundos que habita. Producen determinados efectos tanto en él mismo como en los demás; y a medida que esas Causas, emanadas de él como de un foco, irradian por todo el campo de su acción, es responsable de los efectos que engendran. Un proverbio del Hitopadesa dice:

“Mirad: la arcilla se ha endurecido como hierro; 
Pero el alfarero moldea la arcilla. 
El destino es Hoy el dueño. 
El hombre lo fue ayer.” 

Así todos somos dueños de nuestro porvenir, cualesquiera que sean los obstáculos que tengamos en el presente como consecuencia del pasado. Vamos ahora a seguir, en el orden indicado, las divisiones establecidas anteriormente para facilitar el estudio del Karma. Tres clases de causas ejercen sus efectos sobre su creador y en todo lo que éste influye. 

La primera de estas causas está constituida por nuestros pensamientos. 
El pensamiento es el factor más poderoso en la creación del Karma humano, porque manifiesta la operación de las energías del Yo en la materia mental, materias cuyas modalidades más sutiles forman el vehículo mismo de la individualidad y cuyas especies más densas responden todavía con prontitud a las menores vibraciones de la conciencia. Las vibraciones que designamos con el nombre de pensamiento, consecuencia directa de la actividad del Pensador, originan forma de substancia mental o imágenes mentales que, según hemos visto, modelan el cuerpo mental del Pensador. 

Cada pensamiento modifica este cuerpo, y las facultades mentales innatas de cada vida son el resultado del funcionamiento del pensamiento en las vibraciones anteriores. 
No hay poder razonador ni mental que no haya sido creado por el hombre mismo con el auxilio de pensamientos pacientemente repetidos. Además, ni una sola de las imágenes mentales así creadas se pierde; todas ellas contribuyen a la formación de las facultades, y la suma de un cuerpo cualquiera de imágenes mentales sirve para construir una facultad correspondiente, que se acrecienta por cada pensamiento adicional, es decir, cada vez que se crea una imagen mental del mismo orden. Conociendo esta ley el hombre puede gradualmente construir el carácter mental que desee poseer, pudiendo efectuar con precisión semejante a la del albañil que levanta una pared. 

La muerte no interrumpe su obra; al contrario, librándole de las trabas del cuerpo, facilita el proceso de asimilización de las imágenes mentales en el órgano definido que denominamos facultad. 
El hombre trae consigo esta facultad cuando vuelve al plano físico, presto a renacer, y una parte del cerebro de su nuevo cuerpo se adapta para servir de órgano a esa facultad, del modo que se verá más adelante. El conjunto de esas facultades constituye el cuerpo mental con el que comienza su nueva vida sobre la tierra; y su cerebro y su sistema nervioso se conforman dé manera que suministran al cuerpo mental los necesarios medios de expresión en el plano físico. 

Así, las imágenes mentales creadas en una vida aparecen como características y tendencias mentales en la siguiente. Por eso dice uno de los Upanishads: “El hombre es un ser de reflexión; lo que refleja en esta vida llega ser en la siguiente” Tal es la ley que pone en mano la construcción de nuestro carácter mental. Si construimos bien, la ventaja y el honor serán nuestro premio; y si hacemos mal, nos acarrearemos pérdida y disgusto. 

El carácter mental es, pues, un sorprendente ejemplo del Karma individual en su acción sobre el individuo que lo crea. Además, este mismo individuo que estudiamos, influye sobre los otros con su pensamiento, pues las imágenes que construyen su propio cuerpo mental, originan en el espacio vibraciones del mismo orden y se reproducen en formas secundarias.
Los pensamientos se encuentran, por lo general, mezclados con algún deseo, y sus formas contienen además cierta porción de materia astral, por lo se designa aquí a esas formas de pensamientos secundarios con el nombre de imágenes astro-mentales. Semejantes formas destácanse del ser que las crea para vivir independientemente, en cierto modo, permaneciendo, sin embargo, en relación con él por un lazo magnético. Se ponen así en contacto con los demás individuos a que afectan y establezcan lazos kármicos entre ellos y él, influyendo además en cierta medida sobre el ambiente futuro del individuo considerado. 

Atase así los lazos que, en vidas ulteriores, han de agrupar a ciertas personas para el bien o para el mal, los lazos que nos rodean de parientes, amigos y enemigos, poniendo en nuestro camino a los que están destinados a ayudarnos o a combatirnos, a los que han de favorecernos y a los que han de perjudicarnos. He aquí por qué unos nos aman sin que hayamos hecho en esta vida nada para ello, mientras que otros nos odian aunque tampoco hayamos hecho nada para merecer su odio. 
El estudio de estos resultados nos permite formular un principio fundamental: al mismo tiempo que nuestros pensamientos obran sobre nosotros, creando nuestro carácter mental y moral, determinan, por su acción sobre el prójimo, nuestros futuros asociados humanos. 

La segunda clase de energías se compone de nuestros deseos, de nuestro apetito respecto a los objetos que nos atraen desde el mundo exterior. Como quiera que en los deseos del hombre haya siempre un elemento mental, podemos extender el término “imágenes mentales” para incluir en él las que se manifiestan en gran parte en la materia astral. Los deseos, al obrar sobre el que los crea, construyen y modelan su cuerpo de deseo o cuerpo astral, y labran su destino en el Kamaloka tras la muerte, determinando, en fin, la naturaleza del cuerpo astral de su próxima encarnación. 

Cuando los deseos son bestiales, intemperantes, crueles o asquerosos, son causa fecunda de enfermedades congénitas, de cerebros débiles y enfermos que engendran la epilepsia la catalepsia, y desórdenes nerviosos de toda suerte. De ahí proceden también las deformidades y deformaciones físicas, y en los casos extremos las monstruosidades. Los apetitos bestiales de naturaleza anormal pueden establecer en el mundo astral lazos que retengan por algún tiempo al Ego, en un cuerpo astral formado por dichos apetitos, en sujeción al cuerpo astral de los animales en quienes sean peculiares dichos apetitos, retardando así su reencarnación.

Cuando el individuo no sufre esta pena, su cuerpo astral, en forma de bestia, imprime a veces la huella de sus características en el cuerpo físico en formación durante el período prenatal. 
Tal es el origen de los monstruos semi-humanos que aparecen de cuando en cuando. Siendo los deseos fuerzas de exteriorización que se apegan a los objetos externos, impelen siempre al hombre hacia el medio en que pueda satisfacerlos. El deseo de las cosas terrestres sujeta al alma al mundo exterior y la arrastra hacia el lugar donde los objetos deseados pueden obtenerse más fácilmente. 
Por eso se dice que el hombre nace según sus deseos. Los deseos son, pues, una de las causas determinantes del lugar de la reencarnación. 

Las imágenes astro-mentales producidas por los deseos ejercen sobre nuestros semejantes una acción análoga a la de las imágenes de igual naturaleza producidas por los pensamientos. Los deseos, por consecuencia, nos ligan también a los demás hombres. Nos ligan comúnmente por los poderosos lazos del amor y del odio, pues en el grado actual de evolución, los deseos de un hombre vulgar son, por lo general, más fuertes y sostenidos que sus pensamientos. Desempeñan, pues, un gran papel en la determinación del ambiente social de las vidas futuras y pueden ponerle en contacto con algunas personas y someterle a ciertas influencias, sin que pueda sospechar las relaciones, que hay entre ellas y él. Supongamos que un hombre que, emitiendo un pensamiento de odio terrible y vengativo, haya contribuido a provocar en otro el impulso del crimen. 

El creador de semejante pensamiento está unido por su Karma al autor del crimen, aunque jamás se hayan encontrado ambos en el plano físico; y él bajo la forma de un perjuicio causado por el criminal. Con frecuencia, una desgracia imprevista, inesperada y en apariencia totalmente inmerecida, es efecto de causa semejante; y mientras la conciencia inferior se revuelve bajo un sentimiento de injusticia, el alma aprende una lección que no olvidará jamás. Nada inmerecido hiere al hombre, pero su falta de memoria no cohonesta la trasgresión de la ley. Vemos, pues, que nuestros deseos, en su acción sobre nosotros mismos, forman nuestra naturaleza astral e influyen en gran manera, a través de ella, sobre el cuerpo físico de nuestra próxima reencarnación; que desempeñan un importante papel en la determinación de nuestro lugar de nacimiento; y finalmente, que por su acción sobre los demás, ayudan a atraernos, en cualquier vida futura, a los seres humanos a que nos asociaremos. 

La tercera clase de energías se manifiesta en el plano físico bajo forma de acciones y engendra Karma por su efecto sobre los demás, pero no afecta sino muy poco al hombre interior. 
Las acciones son efectos de los pensamientos y deseos del pasado, y el Karma que representan está en su mayor parte agotado por el mismo hecho que efectúan. Pueden, sin embargo, afectar al hombre indirectamente, en cuanto suscitan en él nuevos pensamientos, deseos y emociones; pero en los deseos y no en las acciones mismas reside la fuerza generadora. Es igualmente cierto que las acciones frecuentemente repetidas producen en el cuerpo físico un hábito que tiene por efecto limitar la expresión del Ego en el mundo exterior;pero este acto no sobrevive al cuerpo, y el Karma de la acción, en lo que respecta a su efecto sobre el alma, se contrae a una sola encarnación. 

Otra cosa sucede cuando estudiamos el efecto de nuestras acciones sobre los demás, la dicha o la desgracia que causan, y la influencia que ejercen como ejemplos. Nos ligan así a nuestros semejantes, gracias a esa influencia, y constituyen, por lo tanto, un tercer factor en la futura determinación de la que ha de rodearnos. Son también el factor esencial en la determinación de lo que podría llamarse nuestro medio ambiente no humano. Generalmente hablando, el ambiente material, favorable o desfavorable, en el que venimos al mundo, depende del efecto ejercido por nuestras acciones pasadas al derramar la felicidad o la miseria entre los demás. 

Los efectos físicos producidos sobre el prójimo por nuestros actos físicos, se neutralizan en la operación del Karma, al rodearnos de condiciones buenas o malas para una existencia futura. 
Si hemos de procurado a los hombres dicha material a costa de nuestros esfuerzos, esa acción revierte sobre nosotros en forma de circunstancias felices que tienden a nuestra vida material; y si hemos sido causantes de la miseria física para nuestro prójimo, recogeremos entonces el Karma de circunstancias físicas deplorables que llevan al sufrimiento físico. En ambos casos, las consecuencias del acto físico son independientes del motivo del acto, lo que nos lleva a considerar la segunda gran Ley:

CADA FUERZA OPERA EN SU PROPIO PLANO 

Si un hombre siembra la dicha para los demás en el plano físico, cosechará condiciones que propendan a su propia felicidad en el mismo plano; y el motivo que presidió a la acción no intervendrá para nada en el resultado. Un hombre puede sembrar trigo con intento de arruinar a su vecino, pero la perversión de su propósito no hará que en vez de trigo nazca cizaña. 
El motivo es una fuerza mental o astral, según se proceda de la voluntad o del deseo, y reacciona, en consecuencia, sobre el carácter mental o moral o sobre la naturaleza astral. 
La producción de la dicha física por la acción es una fuerza física que actúa en el plano físico. 
“Por sus acciones afecta el hombre a sus semejantes en el plano físico; extiende en torno a sí la dicha o la desgracia, acrecentando o disminuyendo el bienestar humano que puede proceder de motivos muy diversos, buenos, malos o mixtos. 

Un hombre puede ejecutar una acción que difunda el bien, por simple benevolencia o por ardiente deseo de favorecer a sus semejantes. Supongamos que por tal motivo ceda un parque a una ciudad para esparcimiento de los habitantes. Otro hacer parecida acción por vanidad, para obtener, por ejemplo un titulo nobiliario. Otro, en fin, lo hará por un motivo mixto, desinteresado en parte y en parte egoísta. Los motivos afectarán respectivamente a los caracteres de estos tres hombres en sus encarnaciones futuras, en bien, en mal, o de una manera mixta. Pero el efecto que la acción produce al proporcionar solaz a gran número de seres, no depende del motivo del donante. 

Cualquiera que sea la causa del don, el efecto es el mismo y la gente goza por igual del parque; y el gozo debido a la acción del donante, da a éste un crédito kármico cuya deuda se le pagará escrupulosamente. Nacemos en un medio confortable y hasta lujoso, según la alegría difundida por él, y su sacrificio de bienes físicos le dará la recompensa debida y el fruto kármico de su acción. Esta en su derecho; pero el uso que haga de su posición, la dicha que encuentre en sus riquezas, dependerá esencialmente de su carácter; aquí también alcanza la recompensa debida, porque cada semilla fructifica según su especie. Verdaderamente los caminos del Karma son iguales. No rehúsa el malvado la justa reversión de una acción benéfica; pero le da también el carácter que mereció por su intención aviesa, de suerte que en medio de sus riquezas es pobre y queda descontento y taciturno. 
El hombre bueno no escapará al sufrimiento físico si extiende la miseria física por acciones erróneas debidas a un buen motivo. 

La miseria que ocasione, le proporcionará miseria en su futuro ambiente físico; pero la intención pura ennoblecerá su carácter, haciendo manar de él una fuente de dicha eterna, de suerte que estará tranquilo y satisfecho en el seno de su turbación. Muchos enigmas podrían resolverse por la aplicación de esos principios a los hechos que observamos en torno a nosotros. 
La diferencia entre el efecto del motivo y el de la acción material se debe a que cada fuerza posee las condiciones del plano en que se ha engendrado. Cuanto más elevado y poderoso sea éste, más poderosa será la fuerza. 

El motivo es, pues, mucho más importante que la acción, y una mala acción hecha con buen propósito allega al agente mucho más bien que una acción determinada por malas intenciones.
Al reaccionar el motivo sobre el carácter crea a la larga una serie de efectos, porque las acciones futuras, determinadas por dicho carácter, quedarán influidas por el mejoramiento o perversidad del mismo carácter. 

La acción, por el contrario, al allegar a su autor la dicha o la desgracia física según su efecto sobre el prójimo, no entraña ninguna fuerza generadora, y se agota por su mismo esfuerzo. 
Cuando un conflicto de deberes aparentes dificulta reconocer el sendero de la justicia, el hombre que reconoce el Karma esfuérzase en escoger el mejor camino, sacando el mejor partido posible de su razón y su juicio. Es absolutamente escrupuloso en cuanto al motivo, prescindiendo de toda consideración egoísta, purifica su corazón, obra sin temor, y si yerra, acepta voluntariamente el sufrimiento que resulta de ello, como una lección que dará su fruto algún día. 
Su elevada intención ennoblece su carácter en lo futuro. Este principio general de que la fuerza pertenece al plano en que se engendra, tiene un alcance inmenzo. 
Si la fuerza emitida está determinada por el anhelo de objetos materiales, obra en el plano físico y atrae al actor a este plano. Si aspira a objetos celestes, actúa en el plano devachánico y lleva al actor a este plano; y si la fuerza no tiene otro móvil que el divino servicio, se engendra en el plano espiritual y en nada puede sujetar al individuo puesto que nada ansía. 

Las tres claves del Karma.
—El Karma en sazón es el que está a punto de cosecharse, siendo, por consiguiente, inevitables. 
De todo el Karma del pasado tan sólo, una porción puede agotarse en el curso de una misma existencia, pues ciertas clases de Karma son de tal modo incompatibles, que no pueden cumplirse en un sólo cuerpo, sino que necesitan para su realización muchos cuerpos de tipo diferente. 
Hay deudas contraídas con las demás almas, y todas esa almas no se encontrarán simultáneamente encarnada. Hay así Karma que debe efectuarse en determinado país o posición social, aunque el mismo individuo tenga otro Karma que necesite ambiente enteramente distinto. 
En consecuencia, el hombre no podrá pagar, en una encarnación, sino parte de su Karma total. 

Los grandes Señores del Karma escogen esta parte, según diremos más adelante, y el alma va a donde ha de encarnar en familia, país, situación y cuerpo apropiados para agotar la acumulación de causas escogidas, destinadas a producir sus correspondientes efectos. Estas causas determinan el período de la encarnación, dando al cuerpo sus características, poderes y limitaciones, relacionando con el individuo las almas encarnadas en la época en que contrajo obligaciones con ellas, rodeándola de parientes, amigos y enemigos. Estas causa determinan, además, las condiciones sociales en que el individuo nace con las ventajas e inconvenientes que de ello resultan; fijan los límites de las energías mentales que podrá manifestar, modificando la organización cerebral y nerviosa que le servirá de instrumento; combinan, en fin, todo lo que es, en su Karma, puede proporcionar penas y alegrías compatibles entre sí en el curso de la existencia presente. 

Todo esto es el Karma en sazón y puede formularse en el horóscopo echo por un astrólogo competente. En todo esto el hombre no tiene facultad de elección, porque ya está hecha y fijada desde el pasado. No le queda más remedio que satisfacer sus deudas hasta el último denario. 
Los cuerpos físicos, astral y mental de que el alma se reviste para el nuevo período de su existencia terrestre, son, como hemos visto, resultado directo de su pasado y constituyen una parte muy importante del Karma en sazón. Limitan por todas lados el alma del hombre, y su pasado se presenta ante él para juzgarle, señalando los límites que se ha impuesto a sí mismo. 

El sabio reconoce que no puede sustraerse a estas condiciones y las acepta gozosamente, tal como son, esforzándose en aminorarlas de un modo gradual. Hay otra clase de Karma en sazón que es de gran importancia: el de las acciones inevitables. 

Toda acción es el término final de una serie de pensamientos; tomando de ejemplo la química, podemos referirnos al caso de las soluciones saturadas y considerar que añadiendo pensamiento a pensamiento de la misma especie, resulta al fin que un sólo pensamiento nuevo, o un simple impulso o una vibración de fuera, basta para producir la cristalización, es decir, el acto expresivo del pensamiento. Si reiteramos con persistencia pensamientos del mismo género, de venganza por ejemplo, alcanzaremos por fin el punto de saturación, y el menor impulso les hará cristalizar en crimen. O bien podemos almacenar persistentemente pensamientos de auxilio al prójimo hasta el punto de saturación, y cuando llegue la oportunidad de estímulo cristalizará en acto de heroísmo. 

Un hombre puede traer al nacer un Karma en sazón de este género, y la primera vibración que se ponga en contacto con este conjunto de pensamientos dispuestos a actuar, bastará para precipitarle inconscientemente y sin voluntad preconcebida en el hecho. No tiene tiempo de pensar, se halla en un estado en que la menor vibración del mental provoca la acción, en una situación de equilibrio inestable en que el menor choque determina la caída. 

En semejantes circunstancias se sorprenderá comúnmente el hombre de haber podido cometer un crimen tal o cual, o un acto de sublime abnegación. “Lo he hecho sin pensar”, exclama ignorando que la frecuencia de sus pensamientos hizo el acto inevitable. 

Cuando un hombre ha querido varias veces ejecutar una acción, su voluntad acaba por fijarse irrevocablemente en esta, y el momento de la realización es tan solo cuestión de circunstancia. Mientras piensa, es libre de elección, puede oponer a un pensamiento otro nuevo y destruir de un modo gradual la tendencia primitiva por la reiteración de pensamientos contrarios; pero si el inmediato estremecimiento del alma responde al estímulo de realizar el hecho, entonces se extingue la facultad de elección. 

Esto entraña la solución del viejo problema de la fatalidad y el libre albedrío. 
Por el ejercicio de su libre albedrío se crea el hombre gradualmente fatalidades para sí mismo, y entre estos dos extremos se interponen todas las condiciones de libertad y de fatalidad de donde resultan las internas luchas de que tenemos conciencia. 
Continuamente creamos hábitos por la repetición de las acciones deliberadamente efectuadas por la voluntad, y llegando a ser un hábito una limitación, ejecutamos automáticamente las acciones. 
Tal vez deduciendo que el hábito en cuestión es malo, nos propongamos laboriosamente extirparlo mediante pensamientos de naturaleza opuesta; y tras muchas e inevitables recaídas, la nueva corriente de pensamientos toma su curso y recobramos por entero nuestra libertad, de la que nos aprovechamos para forjar enseguida nuevas ligaduras. 

Así es como los pensamientos-formas de otro tiempo persisten y vuelven a limitar nuestra capacidad mental, mostrándose en forma de prejuicios individuales y nacionales. 
Las mayorías de las gentes no conocen que están limitadas de este modo, y permanecen serenamente atadas a sus cadenas, ignorantes de su esclavitud; pero los que aprendan la verdad acerca de su propia naturaleza, se libertan. La constitución de nuestro cerebro y de nuestro sistema nervioso es una de las más señaladas fatalidades en la vida. Los tenemos inevitablemente así por efecto de nuestros pensamientos pasados y se nos presentan como un obstáculo contra el cual nos sublevamos. 
Dichos órganos pueden mejorarse lenta y gradualmente, aminorándose con ello las limitaciones; pero es imposible destruirlas de repente. 

Otra forma de Karma en sazón se presenta cuando los malos pensamiento del pasado han formado alrededor del hombre una corteza de malas acciones que le aprisionan y contraen a una vida perversa. Semejantes acciones son, como hemos dicho, inevitables consecuencias de su pasado, y algunas veces pueden quedar en suspenso durante muchas vidas en que no han tenido ocasión de manifestarse, mientras el alma ha progresado y se ha desarrollado. 

Llega una existencia en que la corteza de maldad pretérita encuentra ocasión de manifestarse, y a causa de ello el alma es impotente para que prevalezcan de pronto las cualidades adquiridas después. Como un polluelo pronto a nacer, esta oculta en el cascarón que la envuelve y que solo es visible al ojo exterior. Al cabo de tiempo se acaba este Karma y cualquier suceso aparente debido al azar, la palabra de un gran Maestro, un libro, una conferencia, rompe el cascarón de donde el alma surge súbitamente libre. Tale son las conversiones prodigiosas, al mismo tiempo súbitas y perseverantes, los milagros de la gracia divina de que oímos hablar en ocasiones, de cosas todas completamente comprensibles para quien conoce el Karma y lo ajusta al dominio de la Ley El Karma acumulado que se manifiesta por el carácter, esta contrariamente al Karma en sazón sujeto siempre a modificaciones. Puede decirse que consiste en tendencias vigorosas o débiles, según la fuerza mental que ha contribuido a su formación. 

Estas tendencias pueden reforzarse o debilitarse por nuevas corrientes de fuerza mental dirigidas en el mismo sentido o en el contrario. Si encontramos en nosotros tendencias deplorables, podemos aplicarnos a la obra de eliminarlas. Comúnmente, arrastrados por la ola impetuosa del deseo, somos impotentes para vencer la tentación; pero cuando más tiempo resistamos, más seguros estaremos de la victoria. Cada acontecimiento de esta naturaleza es un paso hacia el éxito, pues la resistencia que oponemos destruye parte de la energía y disminuye, en consecuencia la suma disponible para lo porvenir. El Karma en vías de formación lo hemos estudiado ya. 

El Karma colectivo.—Consideremos la acción del Karma sobre un grupo de personas. 

Las fuerzas kármicas que obran sobre cada individuo en su calidad de miembro del grupo, introducen un factor nuevo en su Karma individual. Sabemos que cuando cierto número de fuerzas obran sobre un sistema o grupo de puntos materiales relacionados entre sí, cada punto, además de su movimiento peculiar, participa del movimiento total del sistema, que se efectúa en la dirección resultante de la combinación de todas las fuerzas. Del mismo modo, el Karma de un grupo humano es la resultante de las fuerzas kármicas de los individuos que constituyen el grupo, y todas siguen la dirección de la resultante. Un Ego es atraído por su Karma individual hacia determinada familia, a consecuencia de los lazos contraídos en las vidas anteriores, que le sujetan estrechamente a algunos Egos que componen esa familia. 

La familia, por ejemplo, es rica por herencia, que se presenta a reclamar un descendiente del hermano mayor del abuelo, hermano a quien se suponía fallecido sin hijos, la fortuna se escurre de las manos del padre de familia y le deja abrumado de deudas. Es muy posible que nuestro Ego no hay tenido jamás la menor relación con ese heredero, con quien el padre de familia ha contraído en el pasado ciertas obligaciones que han provocado la catástrofe. A pesar de eso, está amenazado de sufrirla porque se encuentra comprometido en el Karma de familia. 

Si hay en su pasado individual alguna falta susceptible de borrarse por el sufrimiento que ocasiona el Karma de familia queda obligado a él; a menos que lo solvente alguna “circunstancia imprevista”, quizá por un extraño benévolo que se siente inclinado a adoptarlo. Ese hombre desde luego ha sido su deudor en el pasado. Este hecho resalta con más claridad todavía las catástrofes colectivas, como los accidentes ferroviarios, naufragios, inundaciones, ciclones, terremotos aéreos, etc. Un tren choca con otro a causa, por ejemplo, de que los maquinistas, conductores y empleados de la línea, creyéndose mal remunerados, enfocan contra la compañía en bloque sus pensamientos o disgustos o de odio. Aquellos que tengan en su Karma acumulado (aunque no necesariamente en su Karma en sazón) la deuda de una vida bruscamente segada, morirán en la catástrofe a fin de pagar su deuda; pero quienes no tengan tal deuda en su pasado, llegarán providencialmente tarde para tomar el tren o resultarán milagrosamente ilesos. 

El Karma colectivo puede englobar a un individuo en las desgracias resultantes de una guerra encendida por un país. También en este caso, puede pagar ciertas deudas de su pasado que no estén necesariamente comprendidas en Karma en sazón de su vida presente. En ningún caso puede sufrir el hombre lo que no ha merecido; pero si surge una ocasión imprevista para satisfacer una deuda del pasado, bueno es que la solvente. 

“Los Señores del Karma” son las grandes inteligencias espirituales que llevan las cuentas del Karma y efectúan las complejas operaciones de la ley kármica. H. P. Blavatsky menciónalos en La Doctrina Secreta, distinguiendo de una parte los Lipikas o registradores del Karma y de otra los Mahârâjas (Los Mâhâdevas o Chaturdevas (los cuatro grandes dioses) de los INDOS.) que son con sus cohortes los “agentes del Karma en la tierra”. Los Lipikas ajustan las cuentas kármicas de todos los seres humanos; con una sabiduría a la que nada escapa, escogen y combinan una parte de esa cuenta para trazar el plan de una existencia terrestre determinada. 

Suministran la idea del cuerpo físico que será la vestidura del alma encarnada, de modo que sirva a la expresión de sus capacidades y limitaciones. Esta idea, recogida por los Mahârâjas, sirve de base a un modelo al pormenor, que después de elaborado transmiten a uno de sus agentes inferiores. Esto último lo reproduce exactamente en el doble etéreo, como matriz del cuerpo denso; y los materiales de uno y de otro se forman de la madre, sujetos a la herencia física. 

La raza, el país, los padres se escogen según su aptitud para suministrar al cuerpo físico del Ego reencarnado los materiales apetecidos y el ambiente que le conviene en su primera edad. La herencia física de las familias produce ciertos tipos de fisonomía y sirve para proporcionar ciertas combinaciones materiales especiales. Las enfermedades hereditarias y la sensibilidad del aparato nervioso implican combinaciones determinadas de materia física, susceptibles de transmisión. 

El Ego que ha desarrollado en sus cuerpos mental y astral ciertas peculiaridades, necesita, para su expresión en el plano físico, peculiaridades especiales del cuerpo físico, y tendrá de sus padres cuya herencia física responda a las condiciones requeridas. Así un Ego dotado de facultades musicales de orden elevado, encarnará en una familia de músicos, donde los materiales que sirven para la construcción del doble etéreo y del cuerpo denso habrán sido elaborados de antemano y podrán prestarse a sus necesidades; además el tipo hereditario del sistema nervioso le suministrará el aparato delicado necesario para la expresión de sus facultades. 

Un Ego de carácter perverso nacerá en una familia grosera y viciosa, donde los cuerpos contengan las combinaciones más viles, capaces de responder a los impulsos de su naturaleza mental y astral. Y un Ego que se haya dejado arrastrar hasta el exceso por sus cuerpos astral y mental inferior, que se haya abandonado, por ejemplo, a la embriaguez, encarnará en una familia donde el sistema nervioso esté sumamente debilitado, y los padres ebrios le suministrarán para su desarrollo físico materiales malsanos. Así es como la dirección de los Señores del Karma adecuan los medios a los fines y asegura el cumplimiento de la justicia. 

El Ego trae consigo sus tesoros kármicos, sus facultades y sus deseos, y recibe el cuerpo físico más conveniente a la expresión de sus características individuales. Una vez indicado que el alma debe volver a la tierra hasta que haya satisfecho todas sus deudas y agotado su Karma individual; y que por otra parte, en cada existencia, sus pensamientos y sus deseos engendran nuevo Karma, y se presenta el problema siguiente: “¿Cómo romper definitivamente estas ligaduras constantemente renovadas? “¿Cómo puede conseguir el alma su liberación?” Esto nos lleva a la “cesación del Karma y al estudio de las condiciones necesarias para la liberación. Ante todo es preciso comprender con claridad cuál es, en el Karma, el elemento que nos sujeta. 

Dirigiendo el alma sus energías hacia lo exterior, se sujeta hacia cualquier objeto, y por este lazo se encuentra un día sujeta al lugar donde su deseo pueda realizarse por la unión con el objeto cualquiera, tendrá que volver al lugar en donde pueda gozar de ese objeto. El buen Karma sujeta al alma tanto como el malo, porque todo deseo, ya tenga por objeto las cosas de aquí abajo, ya las alegrías celestes, debe atraer al alma hacia el lugar de su satisfacción. La acción está movida por el deseo; y un acto se efectúa no por él mismo, sino por algún objeto deseado, con el fin de conseguir los resultados, o en términos técnicos, a fin de “gozar del fruto de la acción”. 
Los hombres trabajan, no porque quieran arar, construir o tejer, sino porque desean los frutos del cultivo, de la construcción o del tejido, bajo forma de dinero o de bienes. 

El abogado defiende, no porque quiera exponer los áridos detalles de un negocio, sino porque está ávido de riquezas, de renombre y de distinciones. En todas partes, alrededor de nosotros, las gentes trabajan por algo, y el agujón de su actividad está en el fruto que consiguen y no en el trabajo mismo. El deseo del fruto les impele a la acción y el goce de este fruto viene naturalmente a recompensar su esfuerzo. El deseo es, por lo tanto, el elemento que nos liga al karma, y cuando el alma no desea ningún objeto ni en la tierra ni en los cielos, ha roto el lazo que la sujetaba a los lazos que la sujetaba a la rueda de la reencarnación, ha cumplido sus revoluciones a través de los tres mundos. 

La acción por sí misma no tiene ningún poder sobre el alma, porque una vez efectuada se desliza en el pasado; pero el deseo del fruto, renovado sin cesar, suscita de nuevo la actividad del alma, forjando a cada momento nuevas cadenas. Haríamos muy mal, pues, en experimentar disgusto viendo a los hombres constantemente impelidos a la acción por el látigo del deseo, porque el deseo sirve para despertar la inteligencia, sobreponerse a la pereza y a la inercia. (El estudiante recordará que estos vicios indican la preponderancia de la cualidad Tâmasica, y que mientras este predominio subsiste, el hombre no puede salir del primero de los tres peldaños de su evolución), y porque incita al hombre a la actividad que le procura experiencia. Ved al salvaje que sueña tendido perezosamente sobre la hierba; estimula su actividad por el deseo de alimentarse, a fin de satisfacerlo ha de cultivar la tierra con paciencia, habilidad y constancia. 

Así es cómo desenvuelve sus cualidades mentales. Saciada el hambre, cae en el estado bruto satisfecho. Concíbese, pues, el papel preponderante que el agujón del deseo ha debido desempeñar en la evolución de las cualidades mentales, y que servicios han prestado a la humanidad los deseos de fama y gloria póstumas. Hasta para aproximarse a la divinidad, el hombre necesita de las excitaciones del deseo; y sus deseos se hacen más puros y menos egoístas a medida que se eleva. Pese a ello, sujétanle siempre a la rueda del nacimiento y para librarse debe destruirlos. Cuando el hombre comienza a aspirar a la liberación, se le enseña la práctica de la “renuncia a los frutos de la acción”, aprendiendo con ello a suprimir gradualmente el deseo de posesión. 

Primero se priva deliberada y voluntariamente de un objeto, adquiriendo así el hábito de prescindir de él sin violencia alguna. Tras cierto tiempo no hecha de menos el objeto y se da cuenta de que el deseo desaparece de su espíritu. Al llegar a este grado no ha de descuidar sus deberes, sino al contrario, cumplirlos todos con cuidadosa atención, permaneciendo completamente indiferente al fruto que pudiera allegarle. Una vez conseguida la perfección en esto, cuando no tenga ni deseo ni repugnancia por ningún objeto, no engendrará más Karma Al cesar de pedir cualquier cosa de la tierra o del cielo, ya no le llamarán ni una ni otro No desea nada de lo que le puedan dar, y rompe así todo lazo común entre ellos y él. 

Tal es la cesación del Karma individual, al menos en lo que respecta a la producción de nuevo Karma. Pero el alma no únicamente ha de cesar de forjarse nuevas cadenas, sino que debe desembarazarse de las viejas, ya permitiendo que se desgasten gradualmente, ya quebrantándolas de un modo sistemático. Para romper las cadenas es necesario un conocimiento capaz de mirar hacia el pasado, a fin de ver las causas puestas en juego que producen sus efectos en el presente. Supongamos que una persona, mirando a través de sus vidas anteriores, encuentra algunas causas destinadas a producir todavía un suceso en lo futuro; y supongamos, también, que semejantes causas sean pensamientos de odio hacia quién le ha hecho mal, y que, dentro de un año, deben ocasionar, en la tierra, un tormento al autor del daño. 

La persona en cuestión podrá introducir una nueva causa para combinarla con las causas del pasado cuya acción quiere modificar; y podrá, por ejemplo, equilibrarlas por esfuerzos de pensamientos de amor y benevolencia que las neutralicen, impidiendo así el suceso, sin ello inevitable, que habría engendrado a su vez nuevos disgustos kármicos. Así el hombre que sabe, puede neutralizar las fuerzas procedentes del pasado, oponiendo fuerzas iguales y contrarias, y puede en este camino “quemar su Karma por el conocimiento”. Y de esta manera análoga poner fin al Karma engendrado en esta vida y destinado a producir sus efectos en existencias futuras. 

El hombre que trata de libertarse puede todavía estar sujeto por obligaciones contraídas con las demás almas en el pasado, por los perjuicios que les haya ocasionado y por los deberes que le liguen a ellas. Utilizando su conocimiento puede encontrar a esas almas, ya estén en este mundo o en los otros dos, y buscar la ocasión de serles útil. Un alma con la que tenga alguna deuda kármica, puede estar encarnada al mismo tiempo que él; puede pues, unirse a ella y pagar su deuda, desatando así un lazo que, abandonado al curso de los sucesos, hubiera podido necesitar de nueva reencarnación o embarazarle en una nueva futura. Esto permite explicar la extraña y enigmática línea de conducta que a veces adopta un ocultista. Si, por ejemplo, el hombre sabio se une estrechamente a una persona considerada por los espectadores ignorantes como absolutamente indigna de su compañía, es que aquél está ocupado por completo de pagar una deuda kármica que sin extinguirla hubiera impedido o retardado su progreso. 

Los que no tienen conocimientos adecuados para revisar sus vidas anteriores pueden, sin embargo, agotar numerosa causas que han puesto en juego en su existencia presente. Pueden examinar con cuidado cuanto les ocurre y anotar todas las circunstancias en que hayan ocasionado o recibido perjuicios; neutralizarán las causa de la primera categoría prodigando pensamientos de amor y de auxilio, realizando también en el plano físico actos de socorro hacia la persona perjudicada siempre que sea posible; y las de las segunda categoría podrán neutralizarse por pensamientos de perdón y benevolencia. Así es como todos pueden aligerar su deuda kármica y acelerar el día de la liberación. Las gentes pías que devuelven bien por mal, según el precepto de todos los grandes Fundadores religiosos, agotan de un modo inconsciente el Karma engendrado en el presente y destinado, si no, a producir sus efectos en el porvenir. 

Nadie puede tejer con ellos un lienzo de odio, si rehúsan, suministrar al tejido, hilos de odio y si persisten en neutralizar cada pensamiento de odio con un pensamiento de amor. Si un alma irradia en todos sentidos la compasión y el amor, los pensamientos de odio no hallarán sitio en donde atacarla. “El Príncipe de este mundo llega y nada encuentra en mí.” Todos los Grandes Instructores conocieron la ley y basaron sus enseñanzas en ella; y aquellos que por veneración y por devoción hacia ellos obedecen sus preceptos, se benefician de la aplicación de la Ley aunque no conozcan como opera. 

El ignorante que siga las instrucciones de un sabio obtendrá resultados sirviéndose de las leyes de la naturaleza, aunque no las conozca. El mismo principio rige en los mundos súper-físicos. Muchos hombres que no tienen tiempo de estudiar, y que no pueden sino aceptar por autoridad de los expertos las reglas que deben guiar su conducta diaria, satisfacen inconscientemente sus deudas kármicas. 

En los países donde el rústico y el labrador admiten la reencarnación y el Karma, estas creencias extienden una aceptación tranquila de los males inevitables, y contribuyen a asegurar en la vida cotidiana la tranquilidad y el contento. El hombre agobiado por el infortunio no se rebela contra Dios ni contra sus semejantes, pues considera sus desdichas como resultado de pasados yerros. Los aceptan con resignación sacando de ellas el mejor partido posible, evitando las inquietudes y cuidados que el ignorante agrava su situación, ya penosa de por sí. Comprende que sus existencias futuras dependen de sus propios esfuerzos, y que la ley que le proporciona sufrimiento le dará igualmente la dicha si siembra la semilla del bien. 

De aquí una gran paciencia y una concepción filosófica de la existencia que tienden directamente a asegurar la estabilidad social y el general contento. El pobre y el ignorante no estudian metafísica sutil y profunda, pero comprenden a fondo sus sencillísimos principios: que cada hombre renace sobre la tierra repetidas veces, y que cada vida siguiente se modela sobre las que le han precedido. Para ellos el renacimiento es tan cierto e inevitable como el amanecer y el ocaso del Sol; forma parte del orden natural de las cosas contra el que es inútil sublevarse. 

Cuando la Teosofía coloque estas viejas verdades en el lugar en que el pensamiento occidental les pertenece, harán poco a poco su camino en el cristianismo, se infiltrarán gradualmente en todas las clases sociales y extenderán por todas partes la comprensión de la vida y la aceptación de los resultados del pasado. Entonces desaparecerá la inquietud que procede de la impaciencia y desesperación del hombre que ve la vida como incomprensible e injusta, sin poder sacar de ella provecho alguno; este disgusto dejará lugar a la calma y a la paciencia, fruto de una inteligencia esclarecida por el conocimiento de la Ley, fuerza que caracteriza a la actividad razonable y equilibrada de los que sienten que están formados para la eternidad.

ANNIE BESANT